El ‘menú’ del Salamanca UDS

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Menú UDS salamanca

Lo cierto es que la pretemporada es como un menú de restaurante y, en muchas ocasiones, sigue, incluso, la misma estructura. Unos entrantes, un primer plato, un segundo y un postre, seguido de café y chupito. Los entrantes llegan para abrir boca, para que, como el Perro de Pavlov, empecemos a segregar jugos gástricos en espera de lo que va a llegar, aunque ya lo lleváramos haciendo desde la una. Sí, porque cuando uno va a un restaurante, generalmente la hora de inicio de la comida se suele retrasar un poco y eso hace que tengamos más hambre, que nos comamos el pan antes de empezar o que pidamos un aperitivo. “Me muero de hambre” suele ser la frase más repetida.

El primer y, sobre todo el segundo plato, suelen ser los más contundentes. De ellos depende la satisfacción final. Un buen plato de cuchara y una buena carne o pescado son fundamentales para que la satisfacción sea plena. Entre otras cosas porque si no es así, nos marcharemos hasta con hambre.

Y por último está el postre: pequeño, sabroso, dulce, para dejar ese sabor de boca inolvidable. Es el broche de oro a una buena comida o, por el contrario, es como una pequeña china en el zapato de nuestra aventura gastronómica.

Pues asimilándolo al fútbol, una vez que termina la temporada nos vamos de restaurante. En el Salamanca UDS este año, no nos han dejado pasar hambre, porque los camareros estaban, bandeja en mano, a la puerta preparados para entrar al comedor. Si el día anterior habíamos comido bien o no, si el aperitivo nos había gustado… Nada de nada. No nos dieron tiempo ni a comentarlo. Sonaba la campana y los camareros desfilaban por las mesas de los aficionados con unos entrantes que ya quisieran para sí el resto de restaurantes. Incluso restaurantes con estrellas de garantía o con más nombre que el Salamanca UDS. La renovación del técnico Jehu, de Navas, de Amaro, de Alberto, de Miguelito, de Diego Benito, de Mati, de Víctor, … se convertían en el mejor aperitivo. A ellos uníamos algunos fichajes de mucho lustre, uno en especial por su significado, el de Carlos Cristeto, ese ‘Solskjaer’ salmantino (por lo de ‘asesino con cara de niño’ como le llamaban a la leyenda del United).

Fue tan grande y sabroso el aperitivo que, como sucede en muy pocas ocasiones, nos dejaba llenos para el resto de la comida. De hecho, hábilmente, el primer plato se tradujo en una temprana campaña de abonos. Bien envuelta, la gente no pudo resistirse y abonó la cuenta antes de finalizar el menú. La verdad es que nadie daba crédito. De esta forma, los gerentes del restaurante pudieron, en mitad de la comida, pagar a los proveedores, liquidar los gastos y tener un remanente para lo que vendrá después, que esperemos sea en forma de video marcadores y de remozamiento del estadio.

Pero ahora faltan todavía el segundo plato y el postre. Nos hemos quedado tan llenos, que hemos tenido que hacer un parón, pero después de un tiempo, empezamos a preguntarnos a qué se debe. Las prisas iniciales nos gustaron, las saboreamos, las degustamos como el mejor de los aperitivos. El primer plato nos lo comimos casi sin enterarnos. Pero… ¿Cuándo llega el segundo plato? Ese segundo plato, sin duda, tiene que llegar en forma de seguir completando la plantilla en espera de la guinda, que puede ser otro delantero de garantías por ejemplo y, sobre todo, que toda esa ilusión se traduzca en el campo porque si no es así, puede que el menú se nos atragante y por la calidad de los alimentos que tenemos es una posibilidad que no debería contemplarse.

Sea como fuere, aquí seguimos, esperando esa segunda parte de la comida que todavía no sabemos cuándo nos la servirán. Estiramos el cuello hacia la puerta, pero todavía no vemos a los camareros, así que vamos matando el tiempo con la inscripción para la Copa Federación, con estar al día de pagos en la Federación, con mirarnos al ombligo y ver el enorme número de abonados y que son más que los que tiene el máximo rival… Pero, en realidad, lo que ansiamos es terminar de comer. Los entrantes y el primer plato ya han cumplido su función. Ahora la comida se empieza a alargar y, quien más quien menos, tiene que marcharse. Los más jóvenes porque han quedado con los amigos, los más mayores, porque necesitan reposar quince minutos en forma de siesta, los de edad media porque tienen que ir a casa de los suegros y esas cosas. Así que confiamos que en lo que terminamos de escribir este artículo, vayan sirviéndonos el segundo plato y que el postre sea la guinda del pastel blanquinegro.

Luego sólo queda una cosa, pero para ello habrá que esperar un tiempo. Es que el menú sea ese que recordamos toda la vida, o, a pesar del tiempo, se nos termine atragantando que esperemos que no.