Cuando empezamos en esto recuerdo que me tocaba asistir a algunos partidos del entonces Halcón Viajes en La Alamedilla. Recuerdo compartir algún encuentro con Yolanda Reyes o con Fátima Blázquez pues coincidían en el gimnasio con jugadoras del equipo que les daban entradas para que el pabellón tuviera algo de color. Eran los antecedentes de lo que luego sería el actual Perfumerías Avenida, solo que en aquella época, la cobertura se le encargaba al becario o, en mi caso, al último en llegar, la asistencia de público era mucho más reducida y la repercusión del equipo era muchísimo menor de lo que es hoy.
Pero llegó la familia Recio y, a través de su imperio cosmético no sólo rescataban al club de la espiral en que estaba sino que a base de trabajo e ilusión, pero sobre todo de inversión económica, llevaban al equipo a cotas jamás soñadas para el deporte salmantino.
Tanto que hace más o menos una década conseguían levantar el trofeo más preciado, el de la Euroliga, llevando a Salamanca a lo más alto de la repercusión deportiva. Recuerdo con mucho cariño aquella victoria con Juanjo González en tierras rusas y un servidor ajustando textos y dibujando páginas en la redacción del ya desaparecido ‘El Adelanto’. Obviamente el resultado fue espectacular. Recuerdo cuando los hermanos Recio llevaron el trofeo a la sede del diario. La verdad es que a veces miro hacia atrás y trato de darme cuenta de la dimensión del club.
A veces nos quedamos en lo emotivo y familiar, pero los fríos números demuestran que estamos ante uno de los más importantes fenómenos del deporte salmantino, de un referente a nivel nacional e internacional.
Perfumerías Avenida se ha convertido en un coleccionista de títulos, pero que nadie olvide de la importancia del respaldo de los ‘Recio Brothers’ que dotan de una estabilidad necesaria al proyecto que desde hace décadas dirige Carlos Méndez, pieza básica del organigrama.
Lo cierto es que ayer, cuando vi el retorno del Perfumerías Avenida al trabajo, tuve una sensación extraña. No puede ser que el campeón de Liga hiciera una puesta en escena con solo tres jugadoras. Mi primera impresión fue pensar que ello empequeñecía al equipo.
Pero como muchas primeras impresiones, tras darle varias vueltas, descubrí que era errónea. Precisamente en ese humilde retorno al trabajo reside la grandeza del club. Eso es lo que hace grande al proyecto. Me di cuenta que era lo que a los salmantinos y a los aficionados charros tiene que hacer sentirse orgullosos de compartir casa y viaje con un equipo que le ha dado todo a Salamanca, mucho más de lo que nadie podía haber imaginado hace apenas unos años. Mucho más de lo que otros proyectos que han recibido un mayor respaldo mediático o, incluso, social, van a conseguir nunca, y no quiero para nada hacer comparaciones que resulten odiosas. Quiero quedarme en que las primeras sensaciones a veces no dan la medida exacta de la realidad. Quiero quedarme en la humildad de un grandioso proyecto y que esa humildad es el camino más recto hacia un éxito compartido entre club, afición y ciudad. Quiero quedarme en que, si hay algo de lo que esta ciudad se debe sentir orgullosa es de ese equipo que, desde el trabajo la ha llevado a las cotas más altas jamás imaginadas. Nunca debe uno cansarse de felicitar a aquellos que hacen bien las cosas y que lo dejan todo, patrimonio incluido, en el empeño.
Foto: @CBAvenida