Qué poco dura la alegría en la casa del… Salamanca UDS

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A todos les sonará el dicho ‘¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre!’. Parafraseándolo podríamos aplicárselo a este Salamanca UDS que, después de mostrar su mejor cara ante el líder Astorga, daba un nuevo paso atrás el pasado domingo cayendo ante la Arandina, otro rival directo que, tras superar a los blanquinegros, se coloca líder dejando ya el primer puesto a seis puntos de los charros. Dice María que ascender como primeros no es el objetivo. El ascenso sí lo es y la vía más rápida para lograrlo es, sin duda, ese primer puesto. Siempre lo he dicho y siempre lo diré. El Salamanca UDS tiene que ganar siempre, incluso a las chapas. Otra cosa es el resultado que se produzca. Ya lo analizaremos, pero es algo inherente a la historia que la afición siente que representa, al estadio, al escudo y a la camiseta. Se puede perder o empatar y darlo por bueno luego como sucedió ante el Astorga. Porque el equipo dio la cara, fue a por todas, incluso con nueve jugadores. Pero vamos, tengo por seguro que María, Sátur y el resto del club son de la misma opinión. Otra cosa es que ellos tengan también la obligación en ocasiones de intentar rebajar la presión entendiendo que eso es más positivo para el grupo.

De hecho, me consta que son los primeros que trabajan cada día para que el equipo gane todos y cada uno de los partidos que disputa. Por eso no comparto muchas críticas. Esté quien esté en el campo, esté quien esté en el banquillo e, incluso, esté quién esté en la gestión, si tú eres de un equipo esos jugadores, ese entrenador y esos gestores tienen que ser los mejores y hay que apoyarlos hasta el final. No concibo que juegue el escudo que te enamora o tu selección y no quieras formar una piña con ellos. Eso sí, cada uno tiene que hacerlo como mejor quiera y sienta y, entiendo, que no siempre uno tiene la misma ilusión y que esa ilusión, por supuesto, son los jugadores y los técnicos los que tienen que generarla. Pero tampoco podemos estar todos los días con la ‘espada de Damocles’ encima de sus cabezas. Es en las derrotas cuando hay que ser generoso. No quiero decir que no se critique, pero la inquina hacia una persona de forma individual nunca me ha gustado en público. Cada uno tiene su opinión, hasta yo la tengo. Hay jugadores que me pueden gustar más o menos, que me pueden parecer mejores o peores, pero creo que no beneficia a nadie ponerse a escupir ‘bilis’ o responsabilizar sólo a unos pocos en un juego colectivo como es el fútbol.

Lo único que no me ha gustado nunca y escrito está es lo de elevar al lugar de “ídolo” o “histórico” (por definirlo de alguna manera) a jugadores que apenas se han enfundado la elástica blanquinegra unos partidos. Para eso hay, o que hacer historia con el equipo o dar la cara durante varias temporadas. Tenemos la insana costumbre de incluir en el ADN del club a jugadores que todavía no lo tienen. Para ello deben superar más reválidas. No es dudar ni del compromiso ni de la calidad de nadie. Pero para tener ADN de un club hay que haberlo mamado desde chico. Hay que haber llorado mucho un escudo. Haber sudado, haber vivido tardes de gloria. Hay títulos que hay que ganárselos. Ese es uno de ellos y, ahora mismo, en este club, sólo se le puede otorgar dentro del terreno de juego al capitán, por muchas críticas que reciba y por malos o buenos partidos que haga. Y sabéis que no me gusta personificar. Si se mantiene el trabajo y la línea, es probable que en unos años haya un grupo de jugadores a los que se pueda identificar, junto a él, con el escudo. Gente que, como leía hace poco en redes sociales, sea el enlace del club con la ciudad, con la afición. Ese trabajo invisible que muchas veces se hace y no tiene el reflejo suficiente. Se agradece a la gente que se enamora del club, a la que lo siente, pero los títulos se ganan con los años y me da la impresión que aquí pecamos demasiado de otorgarlos a los que sólo están en la rampa de salida para conseguirlo. Seamos más mesurados en todo. Que cada uno cumpla su función: los jugadores a jugar, los técnicos a entrenar, los directivos a gestionar y los aficionados a sufrir y a disfrutar, pero que se note que están ahí.

Son los gestores que hay los que tienen que tomar las decisiones. Es cierto que en los últimos años el Salamanca UDS ha dado muchos bandazos y tumbos, pero ellos sabrán sus objetivos, lo que quieren del club y de quién se rodean. Tratar de influirles a sabiendas de que quizá no tengan el conocimiento completo no me parece justo y aquí, por desgracia, les envía numerosos mensajes que provoca dos tipos de tomas de decisiones, ambas erróneas. Unas dejarse influir, ya sea por parte de sectores de la afición, de periodistas o de otro tipo de personas con las que puedan tomar contacto, y otras el efecto contrario: ensimismarse y no escuchar a otros que sólo quieren ayudarles.

Ambos tipos de actuaciones se han detectado desde que el equipo subiera hace cuatro años y medio a Segunda B y ninguna de ellas han sido beneficiosas. Hay dos tercios de Liga por delante y lo que hay que hacer es trabajar. Ni más ni menos. Cualquiera detecta que en esta plantilla hay muy buenos jugadores, pero también los hay que todavía no han demostrado los motivos por los cuales fueron fichados, pero eso pasa en todos los equipos. Hay que apoyarse en los primeros para ayudar a los segundos y, entre todos, ir pasando exámenes. El siguiente, sin ir más lejos, este domingo en el Helmántico ante la Ponferradina B. No hay excusas, no hay malos arbitrajes posibles, no hay malas suertes. Hay la obligación de ganar y ver qué han hecho otros rivales y mirar para arriba. Todos juntos.