¡Quédese, señor Lovato, quédese!

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  • (A continuación editamos un texto escrito a principios de año, concretamente el 12 de enero, en pleno mercado invernal de la temporada anterior y que, finalmente, decidimos no publicar no siendo que alguien mezclara la ironía con la realidad. Sorprende el paralelismo con lo actual. ¿Entienden ahora el significado de ‘deja vú’ en el que estamos inmersos?)

En las últimas semanas noto ciertas dudas en los seguidores (y en los no seguidores, incluso en los ‘muy rivales’) del Salamanca UDS. Dudan de la capacidad de los gestores actuales y señalan a Rafa Dueñas, a priori, director general y técnico –ahora segundo entrenador- (en cualquier caso, auténtico eje sobre el que gira actualmente el club) y a don Manuel Lovato, propietario/presidente del estadio y de los símbolos de la Unión Deportiva Salamanca, el equipo sobre el que se construyó la historia reciente del Salamanca UDS y que ha confirmado el propietario que nunca utilizará ese nombre para el equipo, aunque era algo que anhelaban muchos de los que se sumaron al proyecto en los primeros años. Recuperar el nombre de la UDS puede parecer un tema baladí, pero no lo es ni para los aficionados del club ni para el resto de salmantinos, pues hablamos de una parte importante de la historia charra.

Bueno. Después de ponerles en situación les digo que no acabo de entender ese afán por que se vaya y, desde aquí, le digo a don Manuel que, por supuesto, que no se vaya, que se quede. Al fin y al cabo, ¿dónde va a estar mejor que aquí? ¿Recuerda cuando quiso entrar en Zaragoza, o en Castellón y querían correrlo a gorrazos? Aquí, en cambio, se le recibió con los brazos abiertos, cual salvador del fútbol patrio. De hecho, desde que asumiera la gestión directa en 2019, no se ha escuchado ni el más mínimo “Lovato, vete ya”, que en cualquier otro caso habría sido recurrente. Aquí, en cambio, tímidos cánticos en contra de Dueñas. En otra situación o en otro campo, los gritos hacia el presidente habrían aflorado desde el minuto ‘0’. También es cierto que no es muy asiduo al Helmántico. Además, aquí, en cambio, todavía hay un sector que piensa que no es oportuno hacerle ver lo apropiado o inapropiado de su gestión. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

¡Ah! Y, por supuesto, porque tanto el estadio (al menos eso es lo que ha trascendido públicamente, que es propietario de la totalidad) como los símbolos, como la Boutique y, supuestamente, el club, son suyos. Para eso desembolsó su dinero. Que lo hubieran comprado otros, que ahí estaba en subasta. Por eso sólo usted tiene la potestad de tomar las decisiones. Pese a lo obvio, no está de más recordarlo de vez en cuando.

Pero como le decía, ¿dónde va a estar mejor si aquí, a pesar de consumar varios descensos en este periodo hay un importante número de gente que respalda/respaldamos el proyecto a través de los abonos de temporada? Si siempre hay al menos mil fieles en el campo y en cualquier momento la cosa deportiva puede cambiar y dispararse el seguimiento. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Dónde va a estar mejor si aquí siempre tiene algún apoyo mediático, que explica abiertamente cualquier situación. De hecho, me gustó cómo en su última visita al Helmántico conversaba con algún ex responsable deportivo de algún medio, ver que guardaba buena relación e imagino que, igual que sucedió durante años, tenía en cuenta lo que le decía. Esto es algo bueno. Porque cuando ha vetado a algún medio, la gente se ha encargado de recriminárselo. Pues que sepan que hay algún otro medio y algún que otro periodista con los que tiene buena sintonía. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Dónde va a encontrar un sitio donde sus trabajadores acepten esos pequeños ‘retrasos’ en los pagos que no creo que, para nada afecten a su vida cotidiana. Bueno, a algunos tal vez, aunque seguro que es poco, pero, al fin y al cabo, podrán retrasar también el pago del colegio de sus hijos, el de la hipoteca, los plazos de coche, el alquiler o, incluso, la cesta de la compra. Siempre podrán tirar de sus familias, sus novias o sus amigos, digo yo. Malo ha de ser. Cuando los jugadores fichan, saben dónde vienen, así que no es excusa. Otra cosa son los trabajadores, o el personal, a los que seguro les haga más falta, pero bueno. Aun así, poder contar con gente así es motivo para seguir. Así que, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Dónde va a encontrar un sitio en el que aunque el estadio presente alguna deficiencia, pueda presumir de él. La gente habla del deterioro, pero hasta la fecha, no se ha caído ninguna parte ni ha habido ningún desprendimiento y las autoridades lo han ido dando de paso, así que tampoco parece lo más urgente hacer alguna reforma aunque sea un campo con una historia que para sí quisieran otros, con más de cincuenta años y con gestas inigualables en la máxima categoría del fútbol español. Y si hay focos fundidos, tampoco es momento de cambiarlos, que con la subida de la luz y con lo que hay basta para los que vamos al campo. Y del marcador yo ni me preocuparía ya. Aunque creo que dijo hace unos meses que estaba en camino, nada, nada, usted tire p’alante. Ahora, con las tecnologías y los móviles, cualquiera puede verlo en su celular. Para qué invertir en un video marcador para que la gente siga en directo el minuto y resultado e, incluso, para que sea un soporte publicitario. Y mejorar las instalaciones por dentro, dotar a las oficinas de uso tampoco es necesario. Se pueden almacenar cosas en los espacios que hay y ya está. Nadie tiene que entrar en ellas. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Y del césped, histórico donde los haya, mejor no hablar. Si ha aguantado casi 53 años, pues a por otros 53 años más. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Y tampoco se preocupe de fichar jugadores (ayer, precisamente, con el texto ya medio escrito, empezó el baile). Con lo que hay basta hasta febrero. Al Ávila ya no le ganamos, pero seguro que el domingo, ante el Palencia volveremos a la senda del triunfo y así podremos estirar el mercado invernal hasta el final. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Además, en asuntos económicos siempre está el apoyo/subvención de alguna institución que, por poner su logo, seguro que tiene acceso a alguna ayuda económica. Que todo el mundo sabe que no es necesaria, pero le permitirá no tener que sacar esa cantidad de su “bolsa”.

Siempre se puede volver a empezar cada año. Mandar a los actuales responsables de vuelta a México y el año que viene decir que tomaban decisiones económicas sin usted saberlo.

Además. Es cierto que aquí se viene a trascender, pero digo yo que igual se puede trascender en Regional o en Provincial. ¿Quién dice que no? Siempre han ‘trascendido’ clubes: el Peñaranda, que ha llegado luego a jugar en Tercera, el Vitigudino, el Artesano, el Ledesma, mi Jai Alai, y un sinfín de equipos de los que verdaderamente, en Salamanca nos sentimos muy orgullosos. Y quién ha dicho que el campo tiene que ser de hierba natural. En estas categorías en las que nos movemos no, así que no pasa nada porque esté embarrado y el césped se desmonte a las mínimas de cambio. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Bueno. Lo dicho. Usted no venda ‘ni en pedo’. Siga poniendo de su bolsa, que siempre ha dejado intuir que es grande, dando altas y bajas, y haciendo lo que considere oportuno, que ya siempre aparecerá otro culpable. Por eso, ¡Quédese, señor Lovato, quédese!

Y ahora, más en serio, desear de todo corazón que este desaguisado se arregle, que el equipo salve los muebles, que haya trasparencia y que la afición que queda, pueda volver a sentirse orgullosa de su club y los que se han ido quedando a un lado tengan motivos para regresar. Suerte al señor Lovato y a Rafa Dueñas que, le pese a quien le pese, son ahora mismo los máximos responsables. Que Jehu, que nadie olvide que casi pierde un ojo por este escudo, sea el hombre adecuado para revertir la situación deportiva. Que la cantera pueda dar sus frutos y que, al final de temporada, se pueda plantear un proyecto ilusionante con seriedad o dejar paso a otros, que tampoco pasa nada. Por mi parte, apoyar sobre todo a los aficionados, a los que van al campo y a aquellos que, ante los malos resultados, prefieren no hacerlo. Porque lo cierto es que esto, ahora mismo, nadie, ni los que más aman a ese escudo, saben por donde cogerlo.

 

Autor

Periodista y comunicador. Licenciado por la Universidad Pontificia de Salamanca.