En el fútbol, al igual que en la vida, hay cosas que vienen a ser como las matemáticas: que un empate fuera se hace bueno con una victoria en casa, que cada siete días hay un examen, que una victoria en un momento dado es un punto de inflexión. La verdad es que lo del “punto de inflexión” y la “victoria balsámica” lo habré utilizado en decenas de crónicas y sin ser el autor, así que pueden imaginarse los miles y miles de artículos en prensa que lo han utilizado.
Otro de los dichos, cuando se produce una crisis de resultados es que hay que tapar la herida para que no se convierta en una hemorragia de difícil solución. En el fútbol se utiliza cuando se le empiezan a ver las orejas al lobo. Por eso, el Salamanca UDS lograba el pasado domingo tres puntos que venían a tapar o, incluso, a evitar esa hemorragia que se barruntaba tras las dos últimas derrotas. Dos derrotas que no deberían empañar la excelente racha positiva anterior, pero que sí dejaban algunos signos ya conocidos que se traducen en una especie de dejarse llevar y en bloqueos que impiden a los jugadores sacar su verdadero nivel.
Por eso, la victoria ante el Fabril aúna varias de esas ‘leyes’ del fútbol. Tapona una hemorragia antes de que se produzca, sienta como un bálsamo y se convierte en un punto de inflexión cara al futuro. Estamos a punto de cerrar el año y coger el colchón que ha cogido el equipo hacia el resto de equipos que luchan por el play-off no deja de ser importante, pues aumenta el margen de error y eso se traduce en menos sufrimiento para una afición que, por desgracia, se ha acostumbrado a sufrir en exceso. Por eso tanto la victoria como la forma de producirse con ese gol en la recta final son una pequeña recompensa para ellos. El triunfo es el mismo, pero el sabor que deja no es el mismo. Es como la derrota copera. No por esperada o lógica, al ser tan abultada, dejaba de ser dolorosa. Y el repaso del Pontevedra, pues igual. Es cierto que los de Yago Iglesias están llamados a luchar por el ascenso directo y que están atravesando por su mejor momento de la temporada, y que el Celta es… pues eso, el Celta de Vigo, pero la forma de perder cuesta bastante digerirla, como sucediera hace unas semanas ante el Bergantiños en el Helmántico. Ni tiene explicación, ni lógica ni se merece, pero esto es fútbol y en el fútbol, como diría el otro, pasan cosas. Por desgracia, a este Salamanca UDS hace tiempo que le pasan muchas cosas raras, pero también es cierto que el equipo lograba el año pasado salir del pozo de la Tercera División y que este año, con todos los condicionantes, se está asentando en los puestos de play-off de ascenso. No será el mejor equipo, no serán los mejores técnicos, lo que cada uno pueda (o quiera) opinar, pero los resultados están ahí y son irrefutables y poco hay que decir ante ellos. Es más, es el momento de que sus aficionados los disfruten como en el estallido de alegría del pasado domingo, y se ilusionen con cotas mayores, aunque todavía es pronto para añadir más presión a un equipo que, precisamente, tiene la presión como una de sus señas de identidad. De momento, la herida parece curada y la hemorragia que se aventuraba, al final se ha quedado en un pequeño hilillo de sangre que curaba Loren con su disparo en el último minuto ante el Fabril.
Prefiero no entrar en valoraciones deportivas, porque la verdad, que si hablé con cien personas, fueron diez opiniones distintas. A unos les gustó el juego del equipo blanquinegro, otros decían que no se había jugado a nada, así que prefiero reservarme mi opinión. Lo que sí tengo claro que ganó el Salamanca, pero que también pudo ganar el Fabril y que esa va a ser la tónica en muchos partidos, así que más vale tenerlo en cuenta y estar preparado para todo en lo que queda de temporada.