El apagón: una lección de vida

- en Firmas

El apagón que vivimos hace apenas unos días no fue solo un corte de energía. Lo describo así porque desató una oleada de sensaciones en millones de personas, y creo que nos hizo abrir los ojos ante muchas realidades que damos por sentadas. Nuestros sentimientos oscilaron entre el miedo, la angustia, la incertidumbre… y algo más sutil, pero igual de importante: una debilidad impuesta.

Yo, personalmente, me di cuenta de lo frágiles que somos ante algo totalmente invisible: ya sea un virus, una manipulación, un fallo informático, una decisión política o incluso un acto deliberado cuyo único fin sea encoger el corazón de una sociedad entera.

Resulta increíble cómo algo tan cotidiano como la luz, tan común en nuestras vidas, puede transformarse en una ausencia tan grande que nos paralizó a todos. De pronto, no podíamos comunicarnos con nuestros seres queridos, y ese gesto tan simple se volvió inalcanzable. Fue entonces cuando empezamos a valorar lo esencial, eso que normalmente no vemos, indispensable para nuestra rutina diaria.

Por un instante, volví mentalmente a los días del COVID, cuando la incertidumbre llenaba los pasillos vacíos de los supermercados, y la gente cargaba garrafas de agua, como si la oscuridad pudiera también secar los ríos. Aquello no fue lógico, pero sí humano. El apagón, más que provocar una sequía de recursos, provocó una sequía en el alma. Nos sentimos como muñecos, colgados de hilos invisibles que otros mueven.

En Salamanca, aquel día coincidió con una fecha muy especial: el Lunes de Aguas. Y, en medio del caos, ese pequeño detalle nos salvó un poco de la desesperación. Muchos teníamos en casa nuestro hornazo típico, y aunque no hubiera luz, hubo tradición, calor familiar y amistad.

Con este artículo no pretendo solo contar una realidad, sino invitar a la reflexión: debemos aprender a valorar lo que tenemos mientras lo tenemos. Porque la luz, sí, era urgente recuperarla para cocinar, para trabajar, para vivir… Pero, ¿y si lo que perdemos no es algo material, sino a alguien irremplazable? ¿Y si ese apagón fuera emocional, permanente?

Estoy segura de que todos, en algún momento, hemos sentido esa pérdida. Por eso, tomemos este apagón, como una lección silenciosa que nos recuerda lo vulnerables que somos y lo necesario que es cuidar, agradecer y vivir el presente.

«Porque hay lecciones que no se escriben en los libros, pero que deberían quedar tatuadas en nuestro interior. Esta, sin duda, es una de ellas»