El Cagalindes

- en Firmas
abejas salamanca

No hay nada como usar términos del siglo de Oro para denominar a seres del siglo XXI que parece que añoran tiempos pasados, olvidando que, como dice Nieves Concostrina, “cualquier tiempo pasado, fue anterior”.

Nos está quedando una sociedad moderna, avanzada, como se jactan de decir algunas personas, muy “chupiguay”. Permitidme esta licencia.

Estamos dejando que se abra paso, a galope tendido, ideas que habíamos ido apartando y derribando.

Los derechos y conquistas logrados a lo largo de tantos años escuecen, y mucho, a aquellos que ven peligrar sus privilegios.

Además, son conscientes de que avanzamos con paso seguro y firme para posicionarnos a su lado.

Ya no tienen tanto poder como antes para hacernos callar. Ahora somos muchas las que nos unimos para ser la voz de aquellas que no pueden gritar, por el motivo que sea.

Estos cagalindes son capaces de decir públicamente que no tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Pero ellos se creen con todo el poder para hacerlo y usarnos como mercancía.

Porque, para algunos, seguimos siendo un objeto de usar y tirar. O de disponer a su antojo y sin rechistar.

No tengo derecho, como mujer, a decidir si es el momento para ser madre o no. Pero un señor, peinado en canas, con pelo en el pecho, sí tiene todo el derecho del mundo a decir, públicamente y previo pago de una cantidad de dinero, que no será padre.

Cariño mío, corazón, te lo explico como si tuvieras 10 años. Si no quieres ser padre, te cortas la colita o usas algo para evitar que tus soldaditos salgan a toda velocidad, correteando como locos a conquistar, porque puede suceder lo que ha sucedido.

¿No te explicaron, en su momento, lo de la semillita, la flor, las abejas y todas esas mamarrachadas?

Nosotras somos “fértiles” menos años que los hombres, pero nosotras somos las que tenemos que tomar todas las medidas de protección habidas y por haber.

Nuestra responsabilidad para que no nos violen.

Nuestra responsabilidad para que nos tomen en serio cuando hablamos en una parcela que histórica y culturalmente se ha otorgado a los hombres.

Nuestra responsabilidad para demostrar, constantemente, que merecemos el espacio y el lugar que hemos logrado.

Nuestra responsabilidad de no ir calentando pollas a diestro y siniestro, cuando son ellos los que son unos salidos que piensan que todo gira en torno a su espada láser venida a menos.

Androcentrismo, queridos míos.

Pero, os aviso, no todo el universo gira en torno a vosotros y vuestras “necesidades” o deseos.

Nuestra responsabilidad el no quedarnos embarazadas no siendo unas putas, o no siendo unas mojigatas, usando métodos anticonceptivos que nos desarman por dentro y por fuera.

Siempre nuestra responsabilidad.

Y si, por responsabilidad, decidimos que no queremos ser madres, tenemos a un grupo rezando por nosotras y presionándonos para que no matemos algo que aún no ha venido a la vida.

Pero él sí puede decidir no ser padre.

Él puede dudar en todo momento. Decir, públicamente, que no ejercerá de padre. Si se confirma que uno de sus soldaditos ha sido el creador de esa vida, lo mantendrá económicamente, ayudará económicamente, pero hasta ahí.

Ayudar. La palabra comodín que resta responsabilidad a las tareas.

En algunas ocasiones, esa ayuda es hasta contraproducente para el menor.

Recomendación literaria: “Una mujer, un voto” de Alicia Palmer

Autor

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED, Licenciada en Derecho por la USAL, Máster en Derechos Humanos y Máster en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED. Técnica de proyectos en prevención y sensibilización en materia de igualdad, violencia de género y sexual.