EL FARO DE ALEJANDRÍA: No cuentan las veces que te caes sino la fuerza con la que cada vez te levantas

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¿Conoces alguna persona que jamás haya tenido que enfrentarse a un problema? ¡Por supuesto que no! Los problemas forman parte de la vida. Están inseparablemente entrelazados entre los hechos y sucesos que vamos encadenando a lo largo de nuestra existencia. Esto es así desde que el mundo es mundo.

¿Pero qué es lo que te propongo hoy?

Que analices cuando algo que te ha sucedido, que para ti haya sido, como suele decirse, un palo. Da igual que sea reciente o que tenga ya varios años, porque lo que me interesa de ti hoy, es que pienses sobre cómo reaccionaste, qué es lo que hiciste y si sacaste algún aprendizaje de ello. Esta es la cuestión a la que estoy “forzando” para que hagas un ejercicio de reflexión. ¿Por qué te ha sucedido una cosa (o más) y cómo has reaccionado ante ellas?

Puede que una nueva caída, en caso de que hayas tenido una reciente, te afecte de tal forma que te quite fuerzas, por eso la clave está en cómo haces para que esta nueva reincidencia no te desinfle y te deje sin voluntad para doblegar las circunstancias a las cuales te estás enfrentando.

He visto muchas personas que, a la primera de cambio, producen sin quererlo ese desinfle que te estoy refiriendo. Como si no tuvieran ganas de levantarse de la cama después de una gran resaca de la noche previa.

A tal punto pueden influir (éstas circunstancias) en tu capacidad de reacción, que puedes entregarte sin más, sin pelea, dejando que las cosas se arreglen con el paso del tiempo, por aquello de que el tiempo lo cura todo (se olvidan las cosas o se pierde esa perspectiva del momento), lo que le quita peso al problema, pero en realidad sigue estando ahí. Es un engaño que te has hecho a ti mismo.

En muchas situaciones a las que las personas se enfrentan y que son especialmente duras, en realidad tienen justificación y son así porque se deben a haber vivido un suceso traumático. Pero los seres humanos poseemos una capacidad de adaptación muy fuerte que nos permite sobreponernos ante la adversidad y, en muchos casos, salir fortalecidos de la misma. ¡Observa lo que te digo! CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN…y esto a pesar de soportar el golpe.

Lo bueno es que es bastante frecuente que en estas situaciones que nos son adversas las personas encuentren un camino de salida (les sale el carácter que incluso ellas mismas desconocían) para decir basta y dar un giro a ese mal momento. O sea, que también les invade una fortaleza que no formaba parte habitual de su conducta y de sus reacciones. Por sorprendente que pueda parecer, muchas de estas personas descubren nuevas habilidades que desconocían por completo que poseían o que podían desarrollar.

La hipótesis de la adversidad

Los que postulan la que se llama “hipótesis de la adversidad”, son los que defienden que las personas necesitarían en su vida adversidades, problemas e incluso sucesos realmente traumáticos, para alcanzar así los máximos niveles de fortaleza y desarrollo personal. O sea, que no eres un hombre o una mujer íntegra y cabal, si no te has enfrentado en algún momento de tu vida a un problema importante. No comparto esta posición, pero sí acepto que los problemas a los que nos enfrentamos van forjando nuestro carácter.

Porque justamente es en los momentos extremos en los que las personas se enfrentan a diversos tipos de problemas, cuando nacen esas habilidades que hasta ese momento estaban dormidas. O sea que, según los defensores de esa posición, ninguna persona sabe lo que es capaz de soportar hasta que se expone a ello, hasta que vive una determinada situación, pues es probable que, al no haber vivido algo parecido, nunca haya tenido la oportunidad de descubrir dentro de sí misma estas fortalezas ocultas.

La forma en que reaccionas es más importante para ti que el problema al cuál te enfrentas

No digo con esto que estoy desmereciendo el problema que hayas tenido o que estás teniendo. ¡Para nada! Pero debes admitir que un problema cuando nos estremece y sacude de verdad, tal es su impacto, que lo que nos debe preocupar de verdad no es tanto la naturaleza del mismo como la manera en que reaccionamos ante él. Esto no significa que ignoremos el problema y su gravedad o lo que significa para nosotros. Lo que te digo, es que cuando tú llegas a enfrentarte a un obstáculo duro que te ha hecho detener como si chocaras contra un muro, tal imposibilidad aparente de superarlo te hace crecerte psicológicamente, para alcanzar una fuerza mental y anímica que también desconocías sobre ti mismo.

¿Cómo puedes hacer para levantarte después de haber tenido más de una caída (fracasos)?

Vivimos expuestos al peligro todos los días, aunque casi no somos conscientes de ellos, porque si no nos sería muy atormentadora la vida.  Basta ir por la calle o conducir un coche. Estamos siempre con un riesgo potencial a sufrir un accidente. Pero no por ello vamos a estar todo el día pensando en ello. Salimos sin más, sea al trabajo, al cine o de montañismo. Las cosas pueden suceder. De hecho, suceden y entonces veremos cómo respondemos ante cualquier cosa que represente una amenaza.

Pero no me estoy refiriendo hoy a estas cuestiones que entran más en la ley de probabilidades de que ocurran y muy especialmente en la manera prudente en la que debemos tener de conducirnos en la vida.

Me estoy refiriendo al otro tipo de peligros al que nos sometemos a diario, por ejemplo, un problema con un vecino por un desperfecto en la comunidad en la que vives; cuando no un problema en el trabajo por decisiones que se tomaron en tu departamento que te afectan; un problema de salud de uno de los tuyos que tienes que atender y quitarle tiempo (como es lógico) a tu jornada laboral y un largo etcétera.

Lo importante una vez más es cómo encajamos la nueva situación, incluyendo ese golpe que hemos recibido (metafóricamente hablando) por la mala noticia que debemos atender y ante la que debemos reaccionar. ¿Pero cómo reaccionamos? ¿Nos dejamos sobrepasar por el problema de entrada? ¿Nos entregamos sin más? ¡Pues no! Debemos hacerlo (nuestra reacción) con una visión que se acople a la nueva realidad y tratar de ajustarla cuánto nos sea posible a la solución, aunque sea al menos momentánea. Veamos en tu caso: seguro que con esta actitud de respuesta rápida que puedas dar, ya estarás preparándote para posteriormente con un esfuerzo mayor, además contando con nuevos datos e información (dependiendo de cuál es el grado de complejidad del problema), puedas convertir tal salida que has encontrado momentánea en algo que sea permanente. Sabías que tu respuesta no era definitiva, pero igualmente lo has intentado. Has ganado tiempo, te has preparado mentalmente. No has dejado que tu ánimo decaiga por tu caída.

El judo como metáfora

Los que hemos practicado judo, en mi caso cuando me inicié en esta disciplina cuanto tenía 12 años, lo primero que te enseñan es a saber caer. Y entonces, el profesor de judo en las primeras lecciones, cuando eres una categoría infantil con cinturón blanco en el kimono, te explica como debes caer del lado izquierdo y después del derecho, cómo debes dar el golpe con el antebrazo y con la pierna del mismo lado para no hacerte daño y una serie larga de movimientos que son fundamentales para que la inercia del peso del cuerpo no te haga daño en la caída.

Este tipo de aprendizaje es interesante aplicarlo en nuestra vida: saber cuidarnos, saber caer y evitar ante un imprevisto de caída de verdad por un tropiezo, cómo apoyar manos y brazos para evitar un daño mayor. Pero no hablamos de caernos en la acera, o cuando bajamos una escalera de entrada del edificio en el que residimos, sino en la caída provocada por el problema que nos empuja con la misma o más fuerza que esa inercia con la que tu cuerpo cae, cuando has perdido el equilibrio por llevarte por delante una silla que no habías visto.

Pero en la metáfora del judo, en nuestra vida cotidiana, si bien no has tenido el profesor experimentado de cinturón negro que le acredita su valor competitivo, también estás aprendiendo a caer (aunque no eres consciente de ello), con la diferencia que en el judo una vez realizado el ejercicio cada vez que te tiras al suelo debes levantarte sin más. En cambio, en tu vida, no es comparable, no hay simetría, porque teórica y prácticamente en el judo es así, porque estás entrenado y preparado para ello.

En tu vida diaria, no siempre estás preparado para el impacto del problema o el infortunio que se te presenta. Te caes sin haber previsto que ibas a caerte, por lo que lo primero que debes advertir ahora que estás concentrado leyendo estas indicaciones, es cómo debes estar alerta ante nuevas caídas posibles, que seguro vas a tener, porque como hemos dicho, la vida en definitiva es una cuestión de probabilidades. Que nunca hayas tenido hasta ahora un problema en el trabajo, no significa que no vayas a tenerlo jamás. Y lo que te insto hoy es a que levantes ya mismo. Que no importa la naturaleza del problema o lo fuerte que para ti fue la caída. ¡Debes levantarte! ¡Es que tienes derecho a una nueva oportunidad!

Si se toma la caída como una experiencia de la cual se aprende, los problemas se convierten en oportunidades. Y es este punto te recomiendo que leas mi artículo EL FARO DE ALEJANDRÍA: Un problema no es un problema… ¡es una oportunidad!.

De la misma manera que para levantarte del suelo cuando te has caído por un resbalón, te apoyas con cierta inseguridad y quieres ver que tus pies están bien colocados en el suelo, que sientas que estás pisando fuerte porque no quieres volver a experimentar la misma sensación, quieres que una vez experimentada la mala noticia de a lo que te están enfrentando -volvemos al asunto del trabajo -, también necesitas saber que estás pisando en base sólida y que vas a buscar una solución, una vía de salida al problema.

También de la misma manera que cuando te has caído al suelo puede haber cerca una mano de otra persona que te la tienda para ayudarte a que te levantes, frente al problema en el que te encuentras sumido es posible (sino debes buscarla) que haya una mano próxima que te tienda esa ayuda de manera desinteresada. Que sientas que se preocupa por ti y quiere ayudarte de verdad. Es importante que examines todos los puntos de apoyo a los cuales puedas aferrarte y agarrarte bien para levantarte con seguridad y seguir andando (seguir con fortaleza y determinación enfrentándote al problema).

Decía un poeta cuya autoría está escondida bajo el seudónimo “guardían” titulado “Caerse pero levantarse”:

Cuando te sientas con tu autoestima por el suelo

levántala en ese preciso momento

recuerda que un sueño es un anhelo

y nunca dejes que te derrumbe el viento

 

Si sabes bien lo que es sufrir

no dejes que te vuelva a suceder

y aunque pienses que es preferible morir

nunca des tu brazo a torcer

Sin duda, la poesía tiene el don de describir las cosas de la vida como de ninguna otra forma puede hacerse. Porque la poesía es PASIÓN.

Espero que pongas pasión también para levantarte cuando te caigas, porque es inevitable que nos suceda a todos. Lo que sí podemos evitar, es perder esa llama interior que nos impulse a salir del mal momento. ¡Ese es y seguirá siendo tu desafío!

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