El Faro de Alejandría: ¿Eres de esas personas que le gusta recibir cumplidos o en cambio, disfrutas cuando tú eres la que los dice?

- en Firmas

Si te parece un buen punto de partida para la reflexión lo que te estoy proponiendo en el título de hoy, vamos a ello. Cuando te pregunto si te puedo considerar de esas personas que le gusta recibir cumplidos, si te agrada más que te los digan a ti o en cambio, si realmente disfrutas cuando tú eres la que los dice, te estoy “provocando” a que te detengas unos minutos…que sigas las líneas que a continuación he escrito para ti y gustosamente estaré disponible…como siempre…para atender comentarios y consultas.

Sin duda, cuando en la relación interpersonal, digamos que hay tres personas en ese momento hablando en un espacio del salón de la casa de uno de ellos, que ha invitado a los otros dos y unas cuántas personas más a festejar su cumpleaños, cuando una de ellas se dirige a las otras dos diciendo, por ejemplo, “qué bien lo está haciendo vuestro equipo”, refiriéndose al equipo de fútbol infantil del que forman parte sus hijos, es evidente que este reconocimiento no pasará inadvertido para los que los reciben.

Aunque también dependerá del contexto en el que se dice (si coincide con el desempeño también exitoso del equipo del hijo del dueño de casa que también es un forofo de este deporte). Pero, igualmente, para quién lo está diciendo (en nuestro ejemplo de las tres personas de petite” reunión alejados del resto), puede ser una forma positiva de interactuar con los demás y establecer relaciones. No nos referimos solo a las tres personas, sino a todas las que están presentes en esa celebración. Porque el buen clima se hace extensible. Porque seguro que en ese momento se está hablando más o menos fuerte, se están haciendo alabanzas, no se está susurrando en secreto. Y si alguien escucha de los otros presentes, podrá acercarse, asentir incluso, con un movimiento de copa que lleve en la mano. En fin, que decir un cumplido que gusta, tiene consecuencias.

¡Pero cuidado! Tienes que ser sincero, porque si, por ejemplo, esas palabras no tuvieran que ver con el deporte ni una celebración entre amigos y familiares, y fuera por ejemplo en el ámbito laboral, podría suceder la misma situación que se da en el salón de la casa, en un espacio de descanso de la oficina reservado a la máquina de café. Pero que las palabras que se digan ahí, por ejemplo, “que bien lo habéis hecho en vuestro departamento este último mes”, no resuenen a un parche en las relaciones entre dos departamentos y entre determinadas personas que se ha ido desgastando, y ahora, de la forma que se dice puede parecer más una manera de arreglar los desaguisados anteriores, que un reconocimiento honesto como realmente merece ese equipo.

Como ves, en cualquier ámbito en el que te muevas, hay cabida para los cumplidos y para eso que decimos con frecuencia, “me gustaría quedar bien con esa persona”, expresa una necesidad de no solo gustar y estar a la altura, sino de querer encontrar aceptabilidad en el grupo. Esto siempre ha sido así. Nos gusta a todos, tengamos más o menos carácter, ser aceptados y valorados por los demás.

¿Cuál es el riesgo de dar un cumplido, si es que lo hay?

Cuando tus palabras no son consideradas honestas y ajustadas a lo que piensas, el riesgo del reproche lo tienes encima de tu cabeza. Aunque no te respondan nada en ese momento, quizás por educación y saber contenerse, podrá ser un sentimiento negativo que dicha persona se guarde para sí y para un futuro que no se sabe cuándo podrá hacer uso del mismo.

Pero cuando das un cumplido sincero, tiene consecuencias directas en ese mismo momento frente a la otra u otras personas que te están escuchando: demuestras que estás prestando atención a esa o esas personas y que las valoras. Por supuesto, que eres empático, que te preocupan las cosas de los demás, sea el éxito deportivo de unos niños o la buena gestión de unos colegas de trabajo en la empresa.

Claramente es una puerta que estás abriendo a que se genere un ambiente de confianza recíproco. Porque de lo que se trata es de mostrar autenticidad en las palabras que se dicen.

Una palabra si no va presidida de un buen sentimiento, que la persona que la escuche perciba que no eres auténtico y que tu finalidad es otra, pudiendo llegar a pensar de ti que estás tratando de hacer una “conquista” de los sentimientos de esa persona de manera casi fraudulenta. Que algo estás persiguiendo, aunque de entrada esa persona no sepa de qué se trata, ni qué intenciones tienes, pero está como expectante…no se fía.

Y lo peor que le puede ocurrir a una persona, es cuando el ambiente en el que se mueve, sea el familiar, de amistades o el de sus relaciones laborales, todos saben que le encanta exagerar y lanzar palabras al viento que no suenan que vengan del corazón, sino, que son impostadas, que es una postura…y por supuesto…hoy día este tipo de actitudes no admiten un pase.

Porque no hay peor cosa que decirle a otra persona algo que sabemos le va a gustar escuchar, pero que no lo sientes así ni lo piensas.

Cuando ocurre que lo que perciben los demás de esos cumplidos que estás diciendo, es que se sientan apreciados, entonces tu actitud también ha convertido esa relación establecida en ese instante en un camino que todas las partes involucradas pueden transitar más fácilmente, de manera de que ayude a establecer una buena conexión y sentimientos positivos entre todos.

Cuando la limosna es grande hasta el Santo desconfía

Un viejo refrán que nos expresa de manera tan directa, que las expresiones grandilocuentes (la limosna importante que da un feligrés), quiénes la escuchan terminan dudando de sus intenciones, como el mismo Santo, es muy elocuente en cuanto a nuestra naturaleza humana. De la misma manera que “hasta el Santo desconfía”, las personas no se fían de los alabadores, que están más en línea con los hipócritas. Incluso, aunque algunas de sus alabanzas vengan realmente del corazón. La cuestión entonces, es como todo en la vida, la medida de las cosas.

Es que recibir elogios puede ser divertido, pero es posible que demasiados elogios parezcan poco sinceros. Lo más comprometido de esta situación para quién abusa de la cantidad, es que la otra u otras personas que los reciben, van a pensar inmediatamente que lo que está haciendo es esforzarse demasiado en agradar. Y a continuación: la duda. La duda de parte de los demás que siempre es la misma: ¿qué es lo que pretende? o ¿qué finalidad persigue? y similares.

¿Puede esta actitud esconder alguna otra intención?

Aunque puede que por lo general no sea así, porque la mayoría de la gente no va a estar todo el tiempo especulando con lo que va a recibir a cambio, sí da derecho a pensar que en el caso de que no se espere recibir nada a cambio de parte del que está elogiando en ese momento, sí no gustará demasiado a los que reciben esas palabras de reconocimiento, de que se haya querido forzar la situación, o sea, de agradar como sea a la otra parte.

Las investigaciones muestran que la conexión social es esencial para el bienestar general y la salud física

La investigación científica ha demostrado tanto en los ámbitos de la psicología individual como social, así como en el campo de la medicina, que la buena conexión entre personas y la preocupación por establecer relaciones sociales sanas, buenas y duraderas, son dos de los elementos básicos para gozar de una salud física y mental equilibrada.

Cuando decimos coloquialmente que “cada persona es un mundo”, no es ninguna cosa baladí

Por contrario, encierra una de las premisas (yo diría que es como un axioma) que más juego da para abarcar la personalidad humana, la forma en que nos comportamos, de qué manera establecemos nuestras relaciones interpersonales, tanto a nivel personal como laboral, etc.

Existen tal variedad de posibilidades como infinitas son las diferentes categorías de personalidad que conforman la estructura psicológica individual de los seres humanos. Cada persona es única (de ahí lo de “es un mundo”), por tanto, irrepetible.

Y en el amplísimo abanico de posibilidades de personalidad que afloran de las personas que iremos conociendo a lo largo de nuestra vida, algunas pueden ser más extrovertidas que otras. Sin embargo, los humanos requieren amor y afecto de los demás, ya sea en relaciones cercanas o con un grupo más grande de personas.

Lo que agrada a unas puede no ser el ideal para otras. Esto es así, pero con frecuencia no le prestamos atención, porque pensamos más en nosotros, creyendo que cómo vemos el mundo y la manera en la que entendemos las relaciones con los demás, es la que vale. Y cuidado que lamentablemente, muchos conflictos se derivan de esta creencia sobre el valor excesivo que damos a nuestra manera de ver las cosas por sobre la de las demás personas.

Veamos, por ejemplo, en nuestra convivencia diaria, en la que es posible que algunas personas deseen estar rodeadas de numerosos amigos y comunicarse constantemente con los demás, porque les gusta (necesitan) de manera permanente estar en contacto con otras personas.

Otros pueden sentirse contentos con su familia o algunos amigos cercanos. La filosofía que cada uno tiene de su vida, en cuanto al afecto y el amor puede variar según su estilo de vida, que está directamente vinculado a cómo ve la vida en general, cómo ve la suya en concreto, y qué es lo que le motiva, lo que le asombra, lo que le hace esforzarse en ser mejor persona, etc.

Es natural que siempre afloren las preferencias personales de su núcleo más duro que es su familia, que está por encima de cualquier otra experiencia y otras elecciones, así como deseos de un individuo.

Pero cuando una persona carece de amor, afecto y conexión, puede tener consecuencias físicas, mentales y emocionales.

El afecto es un suave sentimiento de cariño o agrado por alguien o algo

¿Seguro que te habrás dado cuenta ya a esta altura de tu vida que el afecto (el real…el bueno) se puede expresar de muchas maneras diferentes? ¿Seguro que lo has percibido y también te habrás emocionado cuando alguno de los tuyos te lo ha transmitido no solo con palabras, sino con gestos y contacto físico? O con la espera. O con la confianza en lo que estás haciendo, aunque no se habla del tema, porque la personas que sí creen en ti esperan que finalmente salgas victorioso/a de esa partida (sea la graduación de tu carrera universitaria con la que tanto han soñado los tuyos, sea un conflicto que estás resolviendo a nivel profesional, sea el entendimiento con un familiar que se están restableciendo relaciones que se habían quebrado, etc.).

La infinita variedad de expresiones de afecto a través de las palabras, alcanzaría para editar un libro. No exagero. Pero la inabarcable cantidad de otras formas en que el afecto se puede manifestar, no cabe en esas páginas. Para mostrar amor y aprecio, y hacer que alguien se sienta valorado y apreciado, las posibilidades de demostración nos supera en lo que podemos imaginar acerca de ello. Ese amor y ese cariño que es el instrumento esencial para construir y fortalecer relaciones personales, las más próximas como las que no lo son tanto, así como todas las maneras en las que damos y mostramos el apoyo y consuelo a los demás, especialmente en tiempos difíciles, forman parte de nuestra manera de ser, de ese elemento identitario que nos hace únicos frente al resto de personas.