Él nos ama, aunque no nos demos cuenta

- en Firmas
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En la Iglesia de San Miguel de los Navarros, en Zaragoza, hay una campana que llaman de los perdidos. Dicen que esta campana sonaba al caer la tarde para avisar a los campesinos que se apresuraban a regresar a la ciudad antes de que se cerraran sus puertas y que orientaba los pasos de los que se perdían por la vasta y espesa maleza que crecía en las orillas del Ebro.

Hoy no existen ya las murallas y no suena ya la campana de los perdidos. Hoy muchas de nuestras ciudades y pueblos han perdido su sentido de lo sagrado y se quiere borrar el nombre de Dios de las calles y plazas, pero, sobre todo, de los corazones. Nuestras ciudades se han convertido en bosques llenos de maleza, en donde la multitud de la gente nos impide ver a los otros y ver, sobre todo, a Dios.

Son nuestros tiempos de grandes cambios, de no saber hacia dónde vamos, de caminar sin rumbo, sin fe y sin esperanza y de faltarnos luces que nos orienten hacia una meta concreta. Y esto se nota en nuestra misma relación con Dios, pues en otros tiempos Dios nos era familiar. Hoy, sin embargo, nos resulta incómodo sacarlo en nuestras conversaciones, sobre todo en ciertos ambientes.

Es cierto que Dios no está de moda, Dios no interesa; Dios está ausente de los corazones de muchos seres humanos. La civilización actual se ha convertido en una humanidad sin Dios. En la mentalidad moderna, en un mundo desacralizado y secularizado, Dios no tiene sitio y el Evangelio no produce ningún impacto. Vivimos, en muchos lugares, en un mundo marcado por laincreencia, donde muchas personas prescinden de Dios o lo ignoran, ya que él no cuenta para nada en sus vidas. Los ateos hablaban de Dios porque lo consideraban un “parásito” que chupa las energías humanas (Feuerbach); un “opio” que aliena (Marx); una “ilusión que infantiliza” (Freud). Si prescindimos de Dios, a la larga, arrinconamos al ser humano. “No es verdad, como se dice en ocasiones, que el hombre sea incapaz de organizar el mundo de espaldas a Dios. Lo que sí es verdad es que el hombre, si prescinde de Dios, lo único que puede organizar es un mundo contra el hombre” (Henri de Lubac).

El Patriarca Kiril, máximo jerarca de la Iglesia Ortodoxa de Rusia, ha advertido a los europeos contra la construcción de «una sociedad sin Dios«, en la que la religión se ve relegada al terreno de la vida particular. «¡Nunca repitáis nuestra terrible experiencia de construcción de un mundo y una sociedad sin Dios!«, aconsejaba.

Los europeos, en opinión de Kiril, reniegan de su legado cristiano cuando «expulsan la vida religiosa hacia lo privado» o tratan de construir una sociedad feliz que se sustenta en el dinero y en las tecnologías. «No puede haber felicidad cuando se pisotea la moral de Dios y se destruyen las bases éticas de la vida«, subrayó. Sustentar nuestra vida en lo material, en el dinero, es una de nuestras grandes desgracias, pues hay gente tan pobre tan pobre, que sólo tiene dinero. No les preocupa mucho el preguntarse: ¿Cómo es Dios? ¿Cómo no es Dios? ¿Para qué sirve Dios? ¿Qué es lo que puede aportar Dios?

Hace años el Cardenal Suhard comenzó una pastoral sobre Dios diciendo: “La razón profunda por la que queremos hablaros de Dios es que no se habla ya de él”. Es necesario hablar de Dios y, sobre todo, vivir de Dios y con él. “El hombre es un pobre que necesita pedirlo todo a Dios”, decía el cura de Ars; pero lo cierto es que Dios también nos necesita. Un viejo trapense afirmaba que Dios lo hace todo…, sin embargo, o depende de mí que lo haga. Necesitamos conocer a Dios, su corazón, su amor y perdón.

Autor

Nacido en Blascomillán (Ávila). Carmelita Descalzo y Sacerdote. Licenciado en Espiritualidad. Estudió la carrera de música (piano y canto) en el Conservatorio de Madrid. Conocido internacionalmente por sus escritos, autor de muchos CDs y libros; colabora, además, en revistas y diversos medios de comunicación.