Ellas

- en Firmas
escultura mujeres

Ellas se reunían todos los días, al caer la tarde, da igual la época del año que fuera y lo que dejaran pendiente por hacer.

Era su momento, el elegido. El que se otorgaban para cuidarse, mimarse, quererse y escucharse.

Ellas eran más que amigas.

El lazo que las unía era prácticamente inquebrantable.

Se juntaban por el placer de la reunión, de compartir un rato sólo para ellas, de seguir conociéndose, de contarse sin contar, o hacerlo, a veces, sólo con la mirada.

En alguna ocasión se reunían en la galería de Uxue, otras veces en la cafetería favorita de Daniela. Cuando el calor empezaba a flaquear, se tiraban en el césped de casa de Maia. Y, las mejores de las veces, miraban al mar, escuchando el sonido de las olas, dejando a la espalda la casa de Samira y recordando el viaje que hicieron donde descubrieron el origen de su amiga.

El placer y la alegría de la unión, de sentirse queridas, respetadas, escuchadas. Siempre juntas. Siempre pendientes. Siempre apoyando.

Ellas eran la definición de sororidad.

Sus risas se podían escuchar a kilómetros de distancia. Los llantos, porque también lloraban, eran más tenues, pero se podían intuir cuando se las veía volver a sus casas, abandonando el refugio de su compañía.

Pero, a pesar de todo, siempre transmitían la paz y la alegría que las unía y que se provocaban, porque ellas eran así.

Autor

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED, Licenciada en Derecho por la USAL, Máster en Derechos Humanos y Máster en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED. Técnica de proyectos en prevención y sensibilización en materia de igualdad, violencia de género y sexual.