Querer agradar

- en Firmas
9
Lourdes Francés

Desde que nacemos intentamos agradar a las personas que nos rodean. Es algo natural en el ser humano.
En la más tierna infancia interactuamos con nuestros padres para recibir estímulos positivos que nos permitan sentir que se nos aprecia y se nos quiere en el clan al que pertenecemos, a pesar de no tener conciencia de ello.

Todos nosotros sonreímos arrobados al ver cómo un bebé hace gracietas a las carantoñas de su madre y ante un chiquillo de 2 años que repite sin cesar la ocurrencia que ha hecho aplaudir a su embelesado padre.

Un niño desea por encima de todo hacer felices a sus padres y para ello se entrega con denuedo a lo que mejor sabe hacer: comer, dormir y jugar. Los humanos somos seres sociales y sociables y nos gusta sentirnos integrados en los distintos núcleos a los que según avanza nuestra vida nos vamos incorporando. Para ello desplegamos lo mejor de nosotros mismos ante los ojos de los demás.

Con los extraños o personas alejadas de nuestros círculos de intimidad procuramos exhibir nuestro mejor carácter, evidenciar nuestras cualidades, destacar los rasgos distintivos que nos hacen poseedores de un cierto atractivo con el objetivo confesable de que nos acepten sin reservas.

No vamos contando nuestras debilidades a la primera persona que saludamos en la ciudad, al contrario, le sonreímos con cordialidad y educación y le deseamos buenos días, sin que ello implique tener que profundizar en una relación más íntima.

Y con los conocidos, compañeros profesionales y amigos de amigos, revelamos algo más de nosotros mismos, expresando en ocasiones ideas u opiniones, pero sin enseñar nuestro corazón abierto para no dar pistas de nuestra fragilidad.

Sólo en los círculos de mayor nivel de intimidad podemos sentirnos relajados y ofrecernos como somos con nuestras flaquezas, paranoias y miserias.

Pertenecer a una familia te enraiza y te permite ser como eres, sin artificios. No tienes que desvelar nada, no hace falta. Te conocen y a pesar de ello te quieren; saben cuál es tu verdadera facies al levantarte por la mañana; han estado a tu lado en los duros días de tantos inviernos y en las cálidas tardes de estío; conocen numeradas las pecas de tu cara, tus canas, tus arrugas y esa flaccidez que invade tus muslos; saben cuán testaruda puedes llegar a ser, tus manías inconfensables, tu impuntualidad ancestral y los vicios y pecados que te adornan: todos y cada uno; te han visto caer veinte mil veces y han asistido complacidos a tu renacer; son capaces de alegrarse sinceramente con tus alegrías y aguantar con estoicismo tus frustraciones.

Y por extraño que parezca pertenecer a una familia te humaniza y te hace ser más tolerante, comprensivo y digno de ser amado.

Yo soy Lourdes; muchos de vosotros sois mis amigos y me conocéis personalmente desde hace tiempo con mis defectos y mis virtudes; otros solo conocéis mis fotos y mis textos que hablan y dicen mucho de mí, aunque no me habéis tratado personalmente y es posible que podáis malinterpretar lo que veis o leéis de mí.

Pero aunque soy una mujer que comparte con los demás retazos de su vida, recordad que siempre procuro que sea la parte que más me favorece porque yo creo firmemente que es muy humano querer agradar a todas las personas que nos rodean.

Autor

Lourdes Francés
Cirujana Ortopédica y traumatóloga. Runner popular.

Noticias relacionadas