Hay un tema que tenía que abordar y no dejar en el olvido de mis pensamientos. Es algo tan simple y sencillo como los obstáculos que las personas que, como yo, que tenemos una capacidad diferente, vivimos a diario. Quizás parezca una bobada, pero creo que puedo concienciar a una pequeña parte de la sociedad con mis palabras.
Mi vida transcurre como la de cualquiera de ustedes. Aunque con una pequeña diferencia, vivirla en una silla de ruedas, y como consecuencia aprender a convivir con unas barreras arquitectónicas obligadas. Esas que algunos arquitectos no han podido o no han querido paliar. Ya que en su proyecto no existe la palabra accesibilidad, pero si existe la palabra legalidad, porque solo se preocupan de cumplir las normas. Cuando realmente la acera de esa calle, ese parque o ese local no se estén acondicionando adecuadamente para personas usuarias de sillas de ruedas, gente invidente o personas mayores, etc.
Por eso, desde aquí me atrevo a apelar a la conciencia de algunos urbanistas que no nos quieren ayudar. Si algo tengo claro es que todo lo que cumple la ley es muy rentable económicamente.
En un principio, pensé en escribir solo sobre barreras que las personas con alguna capacidad diferente, nos encontramos a diario. Con el fin de abrir un poco esas mentes cerradas y oxidadas, de algunos arquitectos con mentalidad obsoleta que creen, que una inversión solo es rentable, excluyendo costes inapreciables en el conjunto de un proyecto.
Pero según iba entrelazando palabras, me di cuenta de que la mayoría de las personas, pasamos por la vida sin preocuparnos demasiado de mirar a los lados y ver que no estamos solos en el mundo. En silencio miraba a la gente y me preguntaba, si percibirían al verme, que desgraciadamente nadie está exento de los reveses de la vida.
En ese oculto sentimiento, quizá es cuando nos damos cuenta de la importancia de una ciudad sin barreras arquitectónicas. Luego reflexioné: de qué servirían mis palabras. Porque si algo está claro es, que ninguno de esos profesionales de la arquitectura, estará leyendo este artículo.
¿Para qué? Si para ellos en su ámbito profesional les sobra capacidad, dinero. En su mundo de cristal omiten los sentimientos que debieran tener con los sujetos que, como yo, necesitamos una ciudad adaptada.
Desafortunadamente, muchos constructores, gozan de un egocentrismo que les impide admitir una crítica y ser empáticos con el resto de seres humanos. Intentemos cambiar esa actitud. Opino, que hay muchas cosas que podemos hacer por nosotros mismos. Hay un sentimiento que casi nadie quiere admitir y me incluyo. Un defecto que podemos convertir en virtud, la crueldad del egoísmo, en cierto modo, es lo que provoca la falta de empatía.
Imaginemos por un momento que decidimos comprarnos un piso, somos jóvenes, estamos recién casados y la ilusión no nos deja ver más allá. En ese momento, sin darnos cuenta, somos egoístas y no pensamos en un futuro con barreras arquitectónicas. Lo más probable es que en ese piso envejeceremos, y es entonces, en ese instante de comprarnos una vivienda, cuando deberíamos tener en cuenta una serie de condiciones de accesibilidad. Seguramente estéis reflexionando en vuestro interior, si yo no estoy en silla de ruedas, aún soy muy joven.
¿Qué pasará cuando vuestras piernas no sean tan ágiles?, o la vida nos obliga a tener que ir en nuestro hogar con un andador o una silla de ruedas.
¿Qué ocurrirá entonces si la anchura de las puertas no es la adecuada?, son situaciones que se ven muy lejanas, que suponemos que nunca nos van a pasar, pero pasan y no solo por una avanzada edad, también cuando somos jóvenes como me ocurrió a mí.
Yo, era una niña, que en un día se hizo mujer y me sucedió. Sin esperarlo tendría que ir por mi casa en una silla de ruedas, habitáculo que no estaba adaptado, por eso insisto en este tema. Por este tipo de cosas, aun gozando de salud, deberíamos fijarnos en que en los barrios, los pasos de peatones estén al ras de la acera y nos permita ser independientes.
Recuerdo, en una ocasión, que yo, iba con mi silla de ruedas por una calle céntrica de mi ciudad y cuando fui a subir un borde supuestamente adaptado, no me fije que esa vereda solo tenía una inclinación que superaba los trámites legales, dejando un pequeño reborde casi inapreciable. Como consecuencia mi silla de ruedas volcó hacia atrás, cayendo mi cuerpo al suelo sin esperarlo.
Y yo me pregunto, ¿Por qué tengo que hacerme daño por una mala adaptación? Porque un arquitecto ha ganado más dinero, porque no es empático, pues quizá mañana sea esa persona quien necesite la rampa de ese bordillo bien adaptada.
¿Creéis ahora que se debería tener en cuenta la anchura de las sendas?
Existe una gran barrera arquitectónica que sufrimos personas como yo, usuarios de sillas de ruedas, incluso puede afectar a nuestra vida social. Los aseos de los bares, qué injusto es que no se ponga como obligación adaptar también los antiguos o acaso yo no puedo beber un refresco a gusto con mi gente, por si acaso no puedo entrar al baño. ¡Frustración!, es la palabra adecuada cuando se viven este tipo de situaciones. Es muy triste que a estas alturas de la vida los bares nos elijan a nosotros y las personas como yo con capacidades diferentes a causa de las barreras arquitectónicas, no podamos elegir en que bar nos gusta más estar.
Con detalles tan pequeños como ir a tiendas con buen acceso, exigiendo sitios amplios cuando se hace una calle, quedando con nuestras amistades en bares adaptados y hacer gasto allí, estamos apoyando las cosas bien hechas. Imaginad, que vais a un sitio y tienen los baños sucios, a que no volvéis. Porque entre comillas es para vosotros una barrera arquitectónica. Pues imaginaros si tuvierais que entrar de lado o como es mi caso y el de otros usuarios en sillas de ruedas no poder ni siquiera entrar. A mí, personalmente, la impotencia que te crea esa situación me empuja a seguir luchando. Pero a otras personas las puede llevar a un pozo sin salida y todo ello por una barrera arquitectónica fácil de solucionar.
Hay tanto que hablar sobre este tema que nunca acabaría, quizá para intentar paliarlo hay que hondear en el egoísmo de la sociedad. Egoístamente pensando en nuestros hijos, aunque no vayan en silla de ruedas, deberíamos intentar luchar para evitar estos obstáculos. Porque desgraciadamente en esta vida nadie estamos libres de nada.
Puede resultaros extraña mi manera de abordar un tema que me afecta tanto como este. Pero simplemente es una manera diferente de enfocar las cosas e intentar concienciar a la sociedad y a los arquitectos sobre algo tan importante como la accesibilidad.
Humildemente con mis palabras solo intento abrir esas mentes cerradas que aún existen. Ni siquiera les pido que miren por mí y el resto de usuarios que como yo tenemos que convivir con ellas. Ser egoístas, mirad por vosotros, probablemente tenéis en vuestro entorno gente mayor que no puede apenas salir de casa, simplemente por no volver a subir las escaleras.
“Por mí, por ellos, por ustedes. No solo usemos la cabeza y ensalcemos la empatía”.