Pues resulta que el otro día me llama mi amigo Pablito para ver si me apetecía ir a dar una vuelta por Valladolid, visitar “Ikea” y ya de paso llevarle desde la ciudad donde residimos, Salamanca, porque él no tiene carnet de conducir. ¡Es más majo! Total que acepto la propuesta con gusto simplemente por el hecho de haber sabido colarme dicho plan.
Bien. Salimos de Salamanca y nada más meterse en el coche me comenta que estaría genial recoger por la zona de “Garrido” a una chica muy amiga suya que se muere de ganas por visitar “Ikea”. No penséis que nombro tanto este centro comercial porque me patrocine el espacio sino que lo hago para poneros en situación de lo acontecido. Que luego me preguntáis cosas que no entendéis y me resulta muy difícil contestaros a todos. Bueno que me pierdo yo que soy el que escribo. Acepté y pasamos a buscar a esta chica.
Nada más subir al coche ya me pareció una persona abierta a la par que amable debido a que rápidamente comenzó a hablar. Como si me conociera de toda la vida. Mira. A los diez minutos de trayecto pensé en decir algo para cortar su conversación y darle un respiro porque la chica, ya menos maja, no callaba. Mi amigo Pablito me miraba con una tierna sonrisa y yo desistí.
No habíamos recorrido apenas cuarenta kilómetros y ya me sabía de memoria todas sus vacaciones de estos tres últimos años, con alojamientos rurales y festivales veraniegos incluidos. Llegando por Alaejos hice el amago de intervenir pero nada, no callaba. Desde Alaejos a Tordesillas me quería morir. Madre mía que turra de muchacha, que si esto, que si lo otro, que si Pascualín, que si Pascualán.
Al pasar por Simancas y ver el maravilloso castillo de Juana la Loca me acordé de ella y pensé que hay chicas que coges en Garrido y están aún peor.
Por fin, veo a lo lejos el centro comercial y mis ojos solo querían llorar y llorar. Imaginaos esto con unos mariachis tocando al ladito. Mi cabeza quería explotar y miraba a Pablito que continuaba con su tierna sonrisa de mierda.
Llegamos y al bajar solo me apetecía besar suelo como el Papa Francisco cuando aterriza en algún país. ¡Qué horror de viaje! Si se enteran los responsables de los premios Récord Guiness le dan tres seguidos a la muchacha sin cronometrar.
Y aquí me tenéis. Escribiendo estas pequeñas líneas desde un rincón oscuro del “Ikea” para que no me vea Pablito y la chica, deseando con todas mis ganas que se den por vencidos en la maravillosa idea de encontrarme y se vayan de vuelta a Salamanca en el primer autobús de línea que vean.
Moraleja: “¿Por qué no te callas?”