Alfonso VI de León

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Alfonso VI (1040 – 1 de julio de 1109), rey de León desde el 27 de diciembre de 1065 y de Castilla desde el 6 de octubre de 1072, fue apodado el Bravo. Hijo de Fernando I el Magno, rey de León y de Castilla (1035-1065) y de Doña Sancha de León.

A la muerte de su padre en 1065 recibió el Reino de León, mientras que a su hermano primogénito Sancho le correspondió Castilla, y a su hermano menor, García, Galicia. Alfonso tuvo que enfrentarse desde muy pronto a los deseos expansionistas de su hermano Sancho. La paz solo duró mientras vivió su madre, la reina Sancha, pero tras su muerte (1067) comenzaron las disputas. Sancho no aceptó el testamento de su padre y quiso apoderarse de los territorios que habían pasado a sus hermanos. Sancho desposeyó con facilidad a su hermano García, y después de las batallas de batalla de Llantada (1068) y batalla de Golpejera en 1072, Alfonso es hecho prisionero por Sancho, el cual se hace así con la corona leonesa.

Alfonso fue encarcelado en Burgos, de donde logra fugarse y refugiarse bajo la protección del rey taifa de Toledo. Cuando Sancho II cercaba Zamora, plaza bajo la soberanía de su hermana Urraca, fue asesinado por Bellido Dolfos, lo que permitió a Alfonso recuperar su trono y reclamar para sí el de Castilla, al no tener Sancho herederos. En este momento la leyenda sitúa la jura exculpatoria de su posible participación en la muerte de Sancho, que le tomó Ruy Díaz de Vivar «el Cid» a Alfonso en la iglesia de Santa Gadea de Burgos (Juras de Santa Gadea). Estos sucesos fueron aprovechados por García para recuperar el trono gallego, pero al año siguiente, en 1073, es nuevamente depuesto y encarcelado de por vida en el castillo de Luna (en donde falleció en 1090). A partir de este momento Alfonso se dedicó a engrandecer sus territorios, fundamentalmente a costa de los musulmanes, combinando la presión militar y la extorsión económica. En 1076, tras la muerte del monarca navarro Sancho Garcés IV se anexionó los territorios de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y La Bureba, adoptando en 1077 el título de Emperador.

Respecto a los musulmanes, en los primeros años de su reinado, Alfonso siguió con la práctica de explotación económica mediante el sistema de parias, consiguiendo que la mayor parte de los reinos de taifas de la España musulmana fuesen sus tributarios. Aprovechó el llamamiento de ayuda del rey taifa de Toledo contra un usurpador para poner sitio a Toledo, la cual cayó el 25 de mayo de 1085. Tras esta victoria, el monarca se tituló emperador de las dos religiones. La ocupación del reino de Toledo significó la incorporación a su reino del territorio situado entre el Sistema Central y el río Tajo. De esta forma, puede iniciar una gran actividad militar contra las taifas: Córdoba, Sevilla, Badajoz y Granada estaban directamente amenazadas por Alfonso.

En estas circunstancias, los reyes de taifas decidieron pedir ayuda a los almorávides, los cuales desembarcan en la península. El emir almorávide Yusuf ibn Tasfin consiguió vencer a Alfonso VI en batalla de Zalaca, cerca de Badajoz (1086). También sitiaron varias veces Toledo, pero sin conseguir retomarla.

En los últimos años de su reinado, Alfonso se esforzó en impedir que los almorávides se consolidasen en la España musulmana, sin éxito. Los reinos de taifas del sur de España, y el de Denia, fueron ocupados por los almorávides, que derrotaron de nuevo al monarca en Batalla de Uclés (1108) donde además morirá Sancho Alfónsez, su único hijo varón. La corona terminaría por ello en manos de su hija, la infanta Urraca de León y Castilla, aunque su otra hija, Teresa, se quedaría con el Reino de Portugal.

Murió en Toledo y fue enterrado en el Monasterio de Sahagún, villa ésta muy apreciada por el monarca, a la cual concedió ciertos privilegios en el denominado Fuero de Sahagún. Así mismo, fortaleció enormemente al monasterio de la orden de San Benito, alcanzándose bajo su reinado la mayor prosperidad de la villa y del monasterio, que bastantes años después llegaría a fundar incluso su propia universidad.

En el terreno cultural Alfonso VI fomentó la seguridad del Camino de Santiago e impulsó la introducción de la reforma cluniacense en los monasterios de León y de Castilla.

El monarca sustituyó la liturgia mozárabe o toledana por la romana.

Alfonso VI, el conquistador de Toledo, el gran monarca europeizador, ve, en los últimos años de su reinado, cómo la gran obra política realizada se resquebraja ante el empuje almorávide y las debilidades internas. Alfonso VI habia asumido plenamente la idea imperial leonesa y su apertura a la influencia europea le había hecho conocer las prácticas políticas feudales, que, en la Francia de su tiempo, alcanzaban su expresión más acabada. En la conjunción de estos dos elementos, ve Claudio Sánchez-Albornoz la explicación de la concesión iure hereditario -anómala en la tradición histórica castellanoleonesa- de los gobiernos de los Reinos de Galicia y Portugal a sus dos yernos borgoñones, Raimundo de Borgoña, primer marido de Urraca, y Enrique de Borgoña, casado con Teresa. De esa decisión, arrancó, a la vuelta de unos años, la independencia portuguesa y la perspectiva de una Galicia independiente bajo Alfonso Raimúndez, que luego no se hizo realidad al convertirse éste en Alfonso VII de Castilla y León.

Fue este monarca quien encargo a Raimundo de Borgoña la repoblación de Salamanca, y quien restauró la diócesis de Salamanca.



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Equipo de redacción de NOTICIAS Salamanca. Tu diario online. Actualizado las 24 horas del día. Las últimas noticias y novedades de Salamanca y provincia.

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