Compañía de Jesús

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La Compañía de Jesús (Societas Jesu, S.J.) es una orden religiosa de la Iglesia Católica Romana fundada por San Ignacio de Loyola. Con cerca de 20.000 miembros, sacerdotes, estudiantes y hermanos, es la mayor orden de la Iglesia hoy en día. La formación de sus miembros es estricta y dura más de 12 años. Incluye estudios de Humanidades, Filosofía y Teología; además, los jesuitas en formación realizan tres años de “prácticas” en colegios o en otros ámbitos (trabajo parroquial, social, medios de comunicación, etc). El estudio a fondo de idiomas, disciplinas sagradas y “profanas”, antes o después de su ordenación sacerdotal, ha hecho de los miembros de la S.J., durante casi cinco siglos, los líderes intelectuales del catolicismo.

Los jesuitas profesan los tres votos normales de la vida religiosa (obediencia, pobreza y castidad) además de un voto extra de obediencia al Papa. La Compañía de Jesús ha sido una organización religiosa que ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. Su lealtad incondicional al Papa les ha colocado en más de un conflicto: con la Inglaterra isabelina, frente al absolutismo español y del Rey Sol, con la Alemania de Bismarck, de donde fueron expulsados, y con los gobiernos liberales de diversos países en América y Europa, que también los expulsaron. Asimismo los regímenes comunistas de Europa Oriental y de China limitaron ampliamente su actividad a partir de 1945…

La espiritualidad de la Compañía de Jesús también se caracteriza por la devoción a la Virgen María. San Ignacio tuvo visiones de la Virgen durante su convalecencia en Loyola y a lo largo de su peregrinación espiritual. En el Santuario de la Virgen en Aránzazu en el País Vasco, le hizo voto de castidad, y en Montserrat, Cataluña, consagró su vida al servicio de Dios.

El cuarto voto compromete a los jesuítas a una especial fidelidad hacia la Santa Sede, estando dispuestos a ir adonde el Romano Pontífice considere necesario para el bien de la Iglesia Universal. Es decir, es un voto “circa misiones”, para la misión. La Fórmula del Instituto (aprobada por Julio III en 1540), su documento fundamental, dice: “servir siempre al Señor y a la Iglesia su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la Tierra.”

La Compañía de Jesús desarrolló una actividad decisiva durante la Contrarreforma, sobre todo en los años inmediatamente posteriores al Concilio de Trento. Su presencia en la educación occidental y en las misiones en Asia, África y América ha sido muy activa. Ha contado entre sus filas a una larga serie de santos, teólogos, científicos, artistas y humanistas: San Francisco Javier, Matteo Ricci, Francisco Suárez, Christopher Clavius, San Pedro Claver, Eusebio Kino, Karl Rahner, Teilhard de Chardin, Bernard Lonergan, Carlo Maria Martini, Ignacio Ellacuría, San Alberto Hurtado…

Capítulos notables de su historia han sido el origen y desarrollo de sus célebres Colegios y Universidades en Europa, la actividad misionera en la India, China y Japón, las reducciones del Paraguay, la exploración y evangelización del Canadá, del Mississippi y del Marañón, los conflictos teológicos con los protestantes y los jansenistas, su confrontación con la Ilustración, su supresión (1773) y su restauración (1814). En 1965 llegaron a su máxima expansión numérica: 36.000 jesuitas en más de un centenar de unidades administrativas (provincias y misiones). Los últimos dos Superiores Generales han sido Pedro Arrupe (español, 1965-1983) y Peter Hans Kolvenbach (neerlandés, 1983-2008, año en que presentará su renuncia por motivos de edad). El 7 de enero de 2008 se reunirá su Congregación General 35, que elegirá nuevo General y legislará sobre aspectos de la misión y carisma de la Orden.

Orígenes

La historia de la Compañía de Jesús se inició en el mes de septiembre de 1529, cuando Ignacio de Loyola, un noble que combatió en la guerras contra Francia defendiendo la causa de Carlos I, había optado por dedicarse a “servir a las almas”. Decidido a estudiar para cumplir mejor su propósito, se instala en una habitación del Colegio de Santa Bárbara de París, cuarto que ocupaban también Pedro Fabro y Francisco Javier. Los tres se convirtieron en amigos inseparables. En 1533 llegaron a París Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla y Simón Rodriguez, que se unieron al grupo de San Ignacio. El 15 de agosto de 1534, fiesta de la Asunción de la Vírgen, los siete se dirigieron a la capilla de los Mártires, en la colina de Montmartre, donde pronunciaron sus votos, y nació la Compañía de Jesús. El 27 de septiembre de 1540, el Papa Pablo III reconoció la orden y firmó la bula de confirmación conocida como: Regimini militantis Ecclesiae.

El nombre de “jesuítas”

A los miembros de esta Orden se les comenzó a llamar desde sus inicios “jesuítas”. El nombre se empezó a utilizar en Alemania (como hizo notar San Pedro Canisio a San Ignacio alrededor de 1550) y luego se extendió al resto de Europa. El origen de esta denominación se debe al mismo Ignacio de Loyola quien leyó durante su convalecencia muchos libros piadosos, entre ellos la “Vida de Cristo” de Ludolfo de Sajonia, traducido por el poeta franciscano fray Ambrosio Montesino. Ignacio de Loyola llegó a un capítulo cuya lectura se quedó grabada en su mente. Dice así:

¡Jesús, Jesús, cuánto dice un nombre! Este nombre de Cristo es nombre de gracia; mas este nombre de Jesús es nombre de gloria. Por la gracia del bautismo se toma el nombre de cristiano y de la misma manera en la gloria celestial serán llamados los santos, jesuitas, que quiere decir salvados por la virtud del Salvador.
El término “jesuíta” data del siglo XV y se refiere a alguien que usa demasiado o se apropia del nombre de Jesús, a veces con fines no muy rectos, nunca fue usado por Ignacio. Las Constituciones hablan de “los de la Compañía”, y la Santa Sede, hasta los años 70, siempre habló de “los religiosos de la Compañía de Jesús”. El apelativo “jesuita” inicialmente les fue aplicado a los miembros de la Compañía de modo despectivo, pero con el paso del tiempo, y en parte por sentido práctico, se fue incorporado normalmente por los miembros y amigos de la Compañía.

Los jesuitas usan el lema Ad maiorem Dei gloriam, también conocido por su abreviatura, AMDG. En latín significa literalmente: «A la mayor gloria de Dios»

La educación

Los jesuitas han fundado importantes centros educativos en todos los continentes, en el año 1640 contaban ya con 500 centros de estudios superiores repartidos por el viejo continente. La cifra fue aumentando a lo largo del siglo siguiente, hasta alcanzar la red educativa más importante dirigida por una orden religiosa del mundo.

Son muy reconocidos a nivel mundial los métodos que emplean los jesuitas en materia de educación, que básicamente se fundamentan desde 1599 en la Ratio Studiorum y en la IV Parte de las Constituciones de la Compañía de Jesús. De igual manera, forman a los alumnos (tanto religiosos como laicos) en la espiritualidad ignaciana de donde se destacan los siguientes conceptos:

El “tanto cuanto”: El hombre puede utilizar todas las cosas que hay en el mundo tanto cuanto le ayuden para su fin, y de la misma manera apartarse de ellas en cuanto se lo impidan.
La “indiferencia”: La necesidad de ser indiferentes a las cosas del mundo, en el sentido de no condicionar a circunstancias materiales la misión que el hombre tiene en su vida. Es una manera de enfocar los esfuerzos en aquello que es considerado importante y trascendental, distinguiéndolo de aquello que no lo es.
El “magis”: Solamente desear y elegir lo que más nos conduce al fin para el que hemos sido creados. Este “más” (“magis” en latín) se trata de realizar la misión de la mejor manera posible, exigiendo siempre más, de manera apasionada y sin medias tintas, contraponiéndose a la trivialidad de un mundo light, en el que todo se hace a
Entre ex-alumnos de la Compañia de Jesús que se han destacado en la historia se puede citar a : Descartes, Voltaire, Cervantes, Quevedo, San Francisco de Sales, José Ortega y Gasset, Antoine de Saint-Exupery, Charles de Gaulle, Paulo Coelho, Alfred Hitchcock, Fidel Castro, Bill Clinton, James Joyce, el subcomandante Marcos y José Ma. Velasco Ibarra.

Supresión de la Compañía

Los gobiernos ilustrados de la Europa del siglo XVIII se propusieron acabar con la Compañía de Jesús. Su defensa incondicional del Papado, su actividad intelectual y los enemigos que se habían ganado (jansenistas, filósofos, e incluso ciertos clérigos en Roma) les pusieron en ese trance. El primer país en expulsarlos fue Portugal. El ministro Carvalho, marqués de Pombal, fue su principal adversario: encerró en el calabozo a 180 jesuitas en Lisboa y expulsó al resto. En 1763, Luis XV de Francia los acusó de malversación de fondos debido a la quiebra del P. Lavalette en Martinica. El Parlamento de París condenó las Constituciones y el Rey decretó la disolución de la Orden en sus dominios.

Más tarde, los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la corona española a través de la Pragmática Sanción de 1767 dictada por Carlos III el 2 de abril de 1767. El motivo oficialfueron los sucesos acaecidos durante el motín de Esquilache del cual se culpó a los Jesuitas, fueron expulsados los miembros de la SJ de todos los dominios de la corona de España; contabilizando los de Ultramar eran cerca de 6.000. Al mismo tiempo, se decretaba la incautación del valioso patrimonio que la Compañía de Jesús tenía en estos reinos (haciendas, edificios, bibliotecas, pero no se encontró el supuesto “tesoro” en efectivo que se esperaba). Los hijos de San Ignacio tuvieron que dejar el trabajo que realizaban en sus obras educativas (que supuso un duro golpe para la formación de la juventud en América Hispana) y sus misiones entre indígenas, como las famosas Reducciones guaraníes.

Hacia 1773, el Papa Clemente XIV se enfrentó a fuertes presiones de los reyes de Francia, España, Portugal y de las dos Sicilias quienes, por distintas razones, le exigían que se suprimiera la Compañía. El Papa cedió y mediante el breve Dominus ac Redemptor suprimió a la Compañía de Jesús. Los jesuitas se convirtieron a clero secular y los escolares y hermanos coadjutores quedaron libres de sus votos. El Padre General, Lorenzo Ricci, y su Consejo de Asistentes fueron apresados y encerrados en el Castillo Sant’Angelo (Roma) sin juicio alguno.

Sin embargo, en Rusia, Polonia, en Prusia y en Inglaterra el edicto de supresión no fue observado por los monarcas. Muchos jesuitas de toda Europa aceptaron la oferta de refugio hecha por la zarina Catalina la Grande, quien esperaba continuar así, con el apoyo intelectual de la Compañía, la obra de modernización iniciada por Pedro el Grande.

En 1789 —el mismo año en que la Constitución de Estados Unidos entró en vigor y en el que se inició la Revolución Francesa— fue fundada la universidad católica más antigua de Estados Unidos por ex jesuitas, la Universidad de Georgetown, en Washington D.C. Posteriormente la universidad sería integrada a la Compañía.

Restauración

Cuarenta años después, en medio de los efectos causados por la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas y las guerras de independencia de los territorios americanos del imperio español, el Papa Pío VIII decidió restaurar a la Compañía. De hecho, los jesuitas habían sobrevivido en Rusia -unos cuantos centenares- protegidos por la zarina Catalina II de Rusia. La restauración universal era vista como una posible respuesta a las presiones generadas por quienes eran vistos en ese entonces como los enemigos de la Iglesia, especialmente la masonería, condenada por el catolicismo. Poco tiempo después de la restauración, el Zar expulsa a los jesuitas de Rusia. Los Generales (Fortis, Roothaan y Beckx) vuelven a instalarse en Roma después de un paréntesis de 40 años.

De 1814 hasta el Concilio Vaticano II (en los años 1960) la SJ es asociada con corrientes conservadoras y elitistas.

Siglo XX

Al iniciarse el siglo XX la Compañía tiene alrededor de 15.000 miembros siendo P. General el alemán Franz Xaver Wernz. Durante la Primera Guerra Mundial asume el generalato el polaco Wladimir Ledóchowski. Ledochowski, un excelente dirigente y administrador, consigue que la Orden se desarrolle vigorosamente en sus tradicionales frentes: educación y misiones. Hacia el final de los años 30, los jesuitas de Estados Unidos sobrepasan a los españoles en número, formando el grupo regional más grande (más de 8.000 jesuítas). Por decreto de 23 de enero de 1932 la Segunda República Española disuelve la compañía de Jesús en España y se inacauta de todos sus bienes. Tras la derrota de los republicanos en la Guerra Civil Española, se decreta el 3 de mayo de 1938, la derogación del Decreto de 23 de enero de 1932 sobre disolución de la Compañía de Jesús e incautación de sus bienes y en su virtud, la Compañía de Jesús vuelve a adquirir plena personalidad jurídica y puede libremente realizar todos los fines propios de su Instituto, quedando, en cuanto a lo patrimonial, en la situación en que se hallaba con anterioridad a la Constitución de 1931. (B.O.E., 7 mayo 1938, p.7162s).

A finales de la Segunda Guerra Mundial emergen enormes figuras intelectuales en la Compañía como:

el arqueólogo francés y místico Pierre Teilhard de Chardin,
el canadiense Bernard Lonergan, (filósofo, autor de notables trabajos en Epistemología)
y el teólogo John Courtney Murray, quien amplía las fronteras de la ortodoxia católica.
Hacia fines de los años 50, Teilhard y Murray son cuestionados por Roma. El evolucionismo de Teilhard es visto como peligroso; en tanto, la posición favorable de Murray hacia el ecumenismo y la pluralidad política hace que el Vaticano también lo censure. El General Jean Baptiste Janssens (belga) es obligado a callar a Teilhard. Durante el gobierno del Padre Janssens se desarrolla con fuerza un nuevo apostolado jesuítico: el trabajo social. Pioneros de esta nueva manifestación del carisma ignaciano son San José María Rubio (español) y San Alberto Hurtado (chileno).

El Concilio Vaticano II abre un nuevo capítulo en la relación de la Compañía con Roma. La promulgación del decreto del concilio sobre libertad religiosa reivindica al Padre Murray. La figura del jesuita Karl Rahner cobra especial relevancia en el mundo teológico. Al mismo tiempo, la Orden llega a su máxima expansión numérica (36.000 jesuitas). Pero se acerca la hora de la crisis… y el cambio.

En 1965, el viceprovincial de Japón, el vasco Pedro Arrupe es elegido General, dándose durante su generalato un giro en la línea de gobierno de la Compañía. Se pone gran énfasis en los temas de promoción de la justicia social e inculturación del Evangelio. Pero los cambios en el mundo y en la Iglesia son acelerados y comienza la disminución de vocaciones. Es más: alrededor de 8.000 jesuitas dejan la Orden. Arrupe es acusado por sectores tradicionales de ser muy “permisivo”; otros lo ven como un profeta de la nueva evangelización. La Congregación General de 1975 (la No. 32) respalda al General y proclama la nueva forma de entender la misión de la SJ: FE y JUSTICIA.

Situación actual

En la actualidad hay más de 20.000 jesuitas en el mundo, de los cuales 14.148 son sacerdotes, 1.983 hermanos y 4.039 escolares (religiosos en etapa de formación), presentes en 127 países. La Compañía de Jesús tiene 56 universidades y escuelas politécnicas en 19 países, con casi 400.000 alumnos. Además de facultades de teología y filosofía en los cinco continentes para la formación del clero y de los mismos jesuítas.

Otras actividades: Radio Vaticana, Observatorio Astronómico Vaticano, las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (España), el Movimiento de Educacíón Popular “Fe y Alegría” (en América Latina), Hogar de Cristo (obra social presente en Chile y Ecuador), Servicio Jesuita a Refugiados, fundado por su anterior General, Pedro Arrupe, centenares de parroquias y centros sociales, además de muchos colegios centenarios en América y Europa. Además son asesores de una institución laica de derecho pontificio: las Comunidades de Vida Cristiana – CVX.

El actual General de la Orden, Peter Hans Kolvenbach, que gobierna desde 1983, ha anunciado su intención de retirarse debido a su edad (cumplirá 80 años en 2008), convocando por tanto una nueva Congregación General, la 35, que servirá para elegir a su sustituto y redefinir la línea de trabajo de la Compañía. Tras solicitar a Benedicto XVI la autorización para convocar esta reunión, la Compañía y su General han iniciado el proceso para revisar sus Constituciones, tratando de ponerlas al día ante los retos de los inicios del siglo XXI, entre ellos el decreciente número de miembros, su relación con los laicos y la globalización.

Actitudes sociales

La Compañía de Jesús ha cambiado mucho a lo largo de los siglos. A inicios del siglo XXI es un mosaico de diferentes identidades, desde las más conservadoras, como la del jesuita francés Tony Anatrella, que escribió el razonamiento vaticano en contra de la ordenación de sacerdotes homosexuales en la reciente Instrucción de Benedicto XVI, hasta las más progresistas, como las de algunos jesuitas mexicanos, cercanos a grupos de extrema izquierda como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, o la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca.

Otro ejemplo de estas últimas posiciones fue la Teología de la liberación desarrollada por algunos jesuitas, entre otros sacerdotes y religiosos, en América Latina durante las décadas de 1960 y de 1970. El hecho de tomar partido con los oprimidos ha sido a veces peligroso para los jesuitas. En 1989, el jesuita Ignacio Ellacuría y otros cinco religiosos de la Compañía, fueron asesinados por la Fuerza Armada de El Salvador, luego de años de intensa actividad en defensa de los derechos humanos en ese país. En 1997, un jesuita fue golpeado en la India por trabajar con “los intocables”, la casta social más baja. Otro jesuita indio fue asesinado a tiros en el 2000. Varios han muerto en guerras civiles en África y el sudeste de Asia, realizando acciones de ayuda social.

La Compañía de Jesús tiene fuertes debates internos, signo visto como fortaleza o debilidad dependiendo de los criterios. En esta aspecto, el 6 de mayo de 2005 se hizo público el retiro de Thomas Reese, S.J., como editor de América, la prestigiosa revista jesuita de Estados Unidos. La Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio) pidió a la Compañía de Jesús su destitución, argumentando que su línea editorial ponía en duda el magisterio de la Iglesia. Y, en marzo de 2007 la Congregación para la Doctrina de la Fe condenó la obra del teólogo salvadoreño, de origen español, Jon Sobrino, uno de los padres de la Teología de la Liberación, porque «sus propuestas no están conformes con la doctrina de la Iglesia», «La medida no puede ser interpretada como una sanción o condena» del teólogo, explicó el portavoz del Vaticano, el sacerdote Federico Lombardi, jesuita como Sobrino, pero si fue un duro golpe para esta teología que sostienen los jesuitas en Latinoamérica.

Superior General de la Compañía de Jesús

Estructura del gobierno de la Compañía: Todo jesuita que ingresa en la Orden depende del Superior General. Para facilitar el gobierno, la Orden está dividida en sectores geográficos de diverso tipo y, dentro de cada uno de ellos, en Provincias. La autoridad en la Orden la tiene el Superior General que es elegido por la Congregación General ordinaria, en caso de fallecimiento o incapacidad de su predecesor. El gobierno del Superior General es vitalicio. Sin embargo, puede renunciar a su cargo, si una causa grave le inhabilita definitivamente para sus tareas de gobierno. En otros casos, como enfermedad o edad avanzada, el General puede nombrar un Vicario Coadjutor.

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Redacción
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