Duques de Béjar

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Los orígenes de la familia se remontan al reino de Navarra, en la parte de la actual Logroño. El primer miembro de la familia que pasó a Castilla fue Diego López de Estúñiga en 1278 durante el reinado de Alfonso X. Los miembros de la familia Estúñiga, durante los siguientes siglos no lograrían una relevancia excesiva hasta la llegada al trono de la dinastía de los Trastámara, gracias a las concesiones que Enrique II concedió a los miembros de la nobleza para lograr su apoyo, uno de los grandes beneficiados fue la familia Zúñiga, por aquel entonces el apellido ya había cambiado de Estúñiga o Stúñiga a Zúñiga.

En 1396, la familia logró la propiedad de la Villa de Béjar al intercambiarla por Frías. Con la adquisición de Béjar lograron dominar un importante paso estratégico que usarían en lo sucesivo para ampliar su poder. El apoyo de los señores de Béjar se volvió imprescindible para controlar el norte de la actual Extremadura, una zona cercana a la inestable frontera con Portugal. La importancia de Béjar también era económica, debido a que era un punto de confluencia de las cañadas reales por donde pasaban los rebaños con la lana, una de las principales fuentes de riqueza del reino.

A las ventajas que ofrecía la posesión de la villa de Béjar se unía la hábil política matrimonial de la familia que le permitió ampliar sus posesiones de forma gradual, especialmente en Andalucía occidental.

En 1429 la familia Zúñiga pasa a formar parte la Alta nobleza cuando Juan II nombra a Pedro de Zúñiga, Conde de Ledesma, siendo también justicia mayor del reino. Posteriormente los avatares de las luchas políticas entre el monarca y sus primos los infantes de Aragón, obligaron a Pedro de Zúñiga a ceder Ledesma al infante Enrique (su anterior propietario). Para compensarle Juan II le convirtió en 1442 en señor de Plasencia.

Años después Álvaro de Zúñiga se benefició de las luchas entre Enrique IV y su hermano el Infante Alfonso (a quien había apoyado), esta actitud continuó en la guerra de sucesión de Enrique IV, entre su hija Juana la Beltraneja y la medio hermana de Enrique IV y hermana del Infante Alfonso quien ya había muerto, Isabel. La recompensa fue ser nombrado el primer Duque de Béjar, por parte de los Reyes Católicos.

Posteriormente el linaje continuó creciendo de nuevo gracias a su política matrimonial. El más importante fue el de la duquesa de Béjar Teresa de Zúñiga con Francisco de Sotomayor. Con la unión de los patrimonios de la familia Zúñiga y Sotomayor la familia se convirtió en una de las mayores terratenientes de las actuales provincias de Salamanca, Cáceres, Badajoz, Toledo y Córdoba. En el contrato matrimonial se decidió que el primer apellido debía ser el de Zúñiga, se había formado la familia Zúñiga-Sotomayor.

Debido a los matrimonios endogámicos entre la nobleza las familias nobles, los Zúñiga estaban emparentados con los Vizcondes de Monterrey, luego, condes de Monterrey, con los condes de Miranda del Castañar y con los Duques de Peñaranda.

Durante el reinado de los monarcas de la Casa de Austria, los Condes de Béjar se dedicarán de labores diplomáticas y al mecenazgo artístico. Aunque tampoco se olvidaron del uso de las armas, como ejemplo Manual de Zúñiga y Sotomayor murió en la campaña para reconquistar Hungría frente a los Turcos.

Durante la Guerra de Sucesión en Duque de Béjar apoyó inicialmente a Felipe V, pero posteriormente se decantó por apoyar al pretendiente de la casa de Austria, el archiduque Carlos, este apoyo le granjeó la enemistad del monarca. No obstante este le nombró en 1732 uno de los Grandes de España.

En 1777 la muerte sin descendientes de Joaquín López de Zúñiga Sotomayor hizo que el título pasará al duque de Osuna de la familia Téllez-Girón.

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Redacción
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