Salamanca durante la Guerra Civil

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El 18 de julio al iniciarse el Golpe de Estado y triunfar en África, el gobernador militar Manuel García Álvarez aseguró a las autoridades civiles que el ejército aseguraba el orden constitucional. Pero las guarniciones apostadas en la ciudad lejos de oponerse al levantamiento lo apoyaron. Las organizaciones de izquierdas trataron de presentar resistencia, pero sus fuerzas resultaron insuficientes y entre los días 19 y 20 de julio los golpistas lograron controlar la situación. En Salamanca capital, hecho que desalentó la resistencia en el resto de la provincia solo Ciudad Rodrigo y Béjar tuvieron tímidos intentos de resistir.

La Represión

Con el control pleno de la Provincia, los militares iniciaron la represión contra los dirigentes del Frente Popular y de los partidos de Izquierdas. Como Salamanca no había sufrido episodios anticlericales de especial gravedad la represión se inició en los participantes de la Reforma Agraria Mientras algunos escaparon hacia Portugal, pero el dictador Portugués Salazar rechazó acoger a los refugiados de izquierdas. La única resistencia que los militares encontraron fue una huelga general que se mantuvo hasta el 3 de agosto, pero su seguimiento fue variado y desigual. Todo aquel que ofreciera ya la más mínima resistencia era juzgado como si hubiera cometido un acto de guerra.

Desde al Ayuntamiento de Salamanca, Martín del Valle se ocupó de purgar a los trabajadores y de militarizar los diversos servicios, una vez finalizada la huelga y durante el resto del año la represión fue constante, sobre todo contra personal de los servicios públicos, un ejemplo fueron los maestros de escuela, ya en octubre eran escasos, debido a las detenciones. La represión de los golpistas obedecía a las instrucciones del General Mola de instaurar el terror para evitar cualquier conato de oposición., para ello no se dudo en utilizar ejecuciones en masa. En salamanca, la ausencia de grandes episodios violentos anteriores hacen difícil de justificar esta violencia. Los mecanismos represores más usados fueron la saca, el encarcelamiento y los juicios militares, los primeros días las victimas de la saca y del encarcelamiento solían desaparecer o aparecían muertos, En Salamanca aún hoy se contabiliza unos 600 desaparecidos. Los que eran condenados a la cárcel, tenían en perspectiva que pasar unos 20 años en la cárcel. Estos eran recluidos en la prisión provincial, son una capacidad para unos 100 reclusos llegó a albergar a más de 2000, en condiciones de falta de higiene, alimentos y cuidados médicos que perjudicaron notablemente a los presos. Estos habían sido encarcelados sin juicio previo y los que habían sido juzgados, habían pasado por procesos cuya máxima era que en caso de duda el reo era culpable, cuyo abogado defensor simplemente leía los cargos e incluso se prohibía hablar al acusado. En otros casos las sanciones eran económicas, otra forma de reprimir a la población, sobre todo tras la instauración de los juicios de Responsabilidades políticas cuyo objetivo era la depuración y la incautación. Este sistema no solo se dirigia a los posibles enemigos políticos, también en algunos casos fue usado como instrumento de vengazas personales y de enriquecimiento personal por parte de algunos abogados y burócratas.

Las victimas de la represión fueron:

Aquellos que se opusieron al levantamiento fueron aproximadamente el 40% de los represaliados.
Políticos de Izquierdas del Frente Popular, sobre todo si ostentaban algún cargo público o en las casas del Pueblo o en sindicatos y no podían incluirlos en el primer grupo constituyeron el 35%.
Simpatizantes del Grupo Popular, que habían colaborado de alguna forma durante las elecciones, siendo el 20%.
Personas no incluidas en los grupos anteriores, pero que era conveniente su eliminación debido a tener algun conflicto sobre toda agrícola o ganadero, fue un grupo heterogéneo 5%, en estos casos algunos miembros de la derecha fueron juzgados acusado de pertenecer a la izquierda.
Entre los grupos sociales que sufrieron la represión; el más afectado fueron los jornaleros seguidos por los obreros, en menor número se persiguió a los profesionales liberales, profesores y funcionarios además de los empresarios, entre los militares y policías apenas hubo represaliados. Pero al margen de la profesión o del grupo social, el factor que determinaba el ser victima de la represión era sobre todo la adscripción política, aunque en algunos casos fueran asuntos personales o económicos.

El 29 de julio se iniciaron los fusilamientos, siendo los primeros el alcalde Casto Prieto Carrasco y en diputado socialista Ándres Manso, victimas de los posteriormente famosos paseos, siendo los meses del verano de 1936 los más aciagos para los represaliados, sufriendo sobre todo Salamanca capital, la comarca de Ciudad Rodrigo y la de Béjar.

Tras ajustar cuentas con los rivales políticos y personales, el objetivo se encauzó en depurar los ayuntamientos, por lo que según una orden del 30 de octubre de 1937 y otra posterior del 6 de junio de 1939, todos los ayuntamientos de España debían renovarse. Con esta medida se buscaba sustituir a los concejales elegidos democráticamente, independientemente del partido al que pertenecieran por miembros de la Falange. Esta depuración fue lenta en parte por dirigirse a los ayuntamientos de menos de 3000 habitantes, es decir la mayoría. Todavía en 1943 perduraba algún alcalde de la República, pero en pequeños ayuntamientos sin valor político.

Junto a los ayuntamientos, el nuevo régimen también depuró la universidad según una orden del 11 de noviembre de 1936. Los principales afectados fueron catedráticos de conocidas ideas de izquierdas o liberales. En algunos casos se expedientó a catedráticos que habían sido victimas previamente de los paseos.

Los sublevados encontraron un gran apoyo en el Obispo Pla y Deniel y en las autoridades de la Universidad, ambos trabajaron para legitimar el golpe y crear un marco jurídico para la represión especialmente contra masones y comunistas. Con motivo de organizar esta represión se decidió crear un archivo que recopile información sobre los sujetos susceptibles de ser juzgados.

Especial objeto de la represión fueron los masones, estos se habían establecido en la Provincia de Salamanca en 1872 y habían llegado a tener trece logias, pero en 1936 solo había una llamada Helmántica con unos pocos miembros, los más destacados eran el presidente de la diputación Antolín Núñes Bravo y el concejal Pablo Sotés Potenciado. Su actividad era escasa pero el catedrático de derecho Isaías Sánchez Tejerina se ocupó de buscar el marco legal necesario para juzgarlos. El informe de Sánchez Tejerina, para juzgar a los masones de Salamanca, fue la base teorica para eleborar la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo en 1940. Para poder juzgar a los masones se sostenía que estos estaban dirigidos por la iglesia Anglicana, la cual dependía a su vez de Inglaterra y por lo tanto los masones obedian ordenes de una potencia extranjera, la conclusión final era que ser masón era ser un traidos a la patria.

Junto a Sánchez Tejeira, otros integrantes de la Facultad de Derecho de la Universidad, trabajaron para legitimar el golpe de estado de los militares. La iglesia ya la había legitimado como cruzada, pero los profesores de la Universidad buscaron nuevas justificaciones:

La guerra era librada entre España y la anti-España formada por marxistas y comunistas auspiciados por las potencias extranjeras que querían acabar con España. El origen de la guerra estaría antes de la Revolución Liberal, la cual había privado a España de su esencia, la defensa del catolicismom y su moral, refrendada por un imperio. El uso de la violencia era un método para restituir al pais su gloria pasada.
Otra teoría afirmaba que la guerra no era en realidad una guerra civil, sino una guerra entre España y el comunismo ruso. España estaba defendiendo a Europa del comunismo.
La democracía había minado la unidad católica de los españoles, para recuperarla era necesario acabar con la democracia.
A fianles de 1936 dos de las principales figuras de la política salmantina durante la república, Filiberto Villalobos y Miguel de Unamuno había sido represaliados, el primero estaba en la carcel y el segundo había muerto en arresto domiciliario el 31 de diciembre. La tercera gran figua Gil Robles había perdido todo su poder y durante el franquismo pasaría más años en el exilio que en España, a pesar de ser quien promocionó a los generales golpistas.

Salamanca Capital Franquista

Las autoridades del bando nacional decretaron el día 21 de junio en estado de Guerra, con esta declaración toda la población estaba subordina a las necesidades militares. El rápido dominio de la ciudad, la carencia de objetivos estratégicos o militares para la República y su cercanía con la frontera portuguesa fueron algunas de las razones que motivaron que los militares sublevados decidieran utilizar Salamanca como lugar para hospitalizar a los heridos y acuartelar a las tropas hasta su envió al frente.

Progresivamente la ciudad fue ganando protagonismo para el bando nacional, donde el comandante militar Luis Valdés Cabanilles quien en los dos meses que obstentó el cargo coordinó a las diferentes instituciones de la ciudad para que mostraran su apoyo al levantamiento. Debido a esta campaña, el 30 de septiembre, el obispo de la ciudad Pla y Deniel justificó el golpe en la epistolar Las Dos Ciudades y los catedráticos de la Universidad comenzaron a buscar otra teoría para legitimar el golpe.

Los nuevos gobernadores de la ciudad también se ocuparon de realizar reformas educativas de urgencia como la obligación de los alumnos de llevar un crucifijo a clase, el cambio de nombre de los grupos escolares y la revisión de los libros de texto. Otro cambio patente fue el cambio de nombre de las calles.

En septiembre salamanca se convirtió en una de las candidatas para ser la capital del bando nacional, la denominada capital blanca frente a la capital Roja que era Madrid, para los sublevados. Salamanca estaba totalmente controlada, y no corría el riesgo de sufrir una ofensiva republicana al estar lejana de las regiones controladas por los republicanos y no sufrir en su interior ningún tipo de oposición guerrillera. El 28 de septiembre los principales mandos del bando nacional se reunieron en una finca perteneciente al ganadero Antonio Peréz Tabernero cercana a Salamanca,en Matilla de los Caños. De esta reunión Franco salió elegido como generalísimo. El 1 de octubre Franco decide establecer su cuartel general en Salamanca, concretamente en el palacio Episcopal que le cedió el obispo para tal fin, asumiendo desde este cuartes las funciones de la Junta de Burgos.

Con Salamanca convertida en la capital del bando nacional, la ciudad se llenó de mandos y militares, quedando toda la ciudad y sus habitantes subordinados a estos, voluntariamente o involuntariamente. Durante los meses que esta situación perduró se fue gestando la creación de un partido único franquista en perjuicio de carlistas y dirigentes falangistas. El 19 de abril, Franco unificaba todas las organizaciones políticas con cuyo apoyo contaba en la Falange Española Tradicionalista bajo su mando, había logrado instrumentalizar para sus fines a estos partidos.

El 21 de junio de 1937 el Ayuntamiento de Salamanca decide en honor de Franco cambiar el nombre de la calle Dr Riesco más conocida como calle Toro por calle del Generalísimo. A lo largo del año se continuó con los cambios de las calles.

Al terminar el verano, Franco se trasladó a Burgos y con el los principales organismo del gobierno, aunque la ciudad continuo siendo una plaza importante de la retaguardia durante el resto de la guerra. Continuó albergando las dependencias de diversos servicios del Estado y tropas llegadas de Italia y Alemania. La legión cóndor tuvo dependencias en la ciudad y en 1939 el comandante italiano Truppe Volontaire estuvo estacionado con sus hombres en la ciudad. Además de tropas extranjeras, los soldados de Franco permanecieron en Salamanca acantonados en diversos puntos de la ciudad. Esto propio que aun después de la marcha de Franco la aviación de la República atacara la ciudad y la provincia, siendo el ataque más destacado el sufrido el 21 de enero de 1938 en el que hirieron a treinta y cuatro personas y fallecieron ocho.

En 1939 se instauran campos de prisioneros en Salamanca y Ciudad Rodrigo. En estos campos, los prisioneros eran sometidos a trabajos forzosos mientras eran afinados en barracones de menor capacidad al número de prisioneros que albergaban. A estas condiciones de vida se unían las humillaciones y palizas a las que eran sometidos.

Los campos inicialmente fueron concebidos para albergar a los prisioneros de guerra, pero cuando se instalaron en la provincia de Salamanca se usaron para reprimir a los opositores. Los prisioneros eran clasificados en:

A.Adictos.
AD. Adicto Dudoso.
B. Desafecto con responsabilidades.
C. Desafecto sin responsabilidades
D. Criminales comunes.
Los prisioneros A y AD debían demostrar sus inclinaciones políticas. Los A eran liberados bajo vigilancia o se incorporaban al frente franquista, los C y D iban al Tribunal militar para ser juzgados y los AD y B eran destinados a trabajos forzosos.

Los ultimos meses de la guerra fueron meses dificiles para Salamanca, con cada vez mayores problemas de abastecimiento que sufría la población. Esas dificultades perduraron durante la posguerra. Tras un aparente florecimiento durante la estancia de Franco en la ciudad, Salamanca apareció en la posguerra como una ciudad arruinada a pesar de no sufrin en exceso los combates. Las dificultades de abastecimiento incluina los medicamentes, las dificultades sanitarias e higienicas fueron un factor determinante en el incremento de la mortalidad infantil. El barrio chino se había convertido en uno de los mayores de la ciudad ocasionando el aumento de las enfermadades venéreas. La cercanía con la frontera propicio un floreciente mercado negro para suplir las dificultades de abastecimiento, sobre todo en los pueblos cercanos a la frontera auspiciado por el desarrollo del mercado negro, ilegal pero necesario para sobrevivir.

En contraposición de esta picaresca apareció en Salamanca la Universidad Pontificia la cual junto a la Universidad de Salamanca ayudará a la ciudad a recuperarse como centro de estudios. Paralelamente los colegios religiosos comienzan a instalarse de nuevo en la ciudad como centro de formación para jovenes. El objetivo era que estos colegios auspiciados por el Estado fueran un vehículo conductor de la doctrina de la iglesia, pero también del movimiento.

Autor

Redacción
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