Hoy, 8 de septiembre, los cristianos salmantinos honramos doblemente a la Santísima Virgen María. Por un lado, celebramos su natividad, su cumpleaños. Y por otro, porque junto a San Juan de Sahagún, comparte el patronazgo de nuestra ciudad.
El nacimiento de la Madre de Dios es un hecho que pasa bastante desapercibido para los devotos de María, quedando un tanto oculto tras otras devociones que tienen más calado o mayor peso en el seno de la piedad popular.
No es menos cierto que, como ocurre con otros pasajes de la vida de la Madre de Nuestro Salvador, los Textos Bíblicos no hacen referencia explícita al nacimiento de María, hija de San Joaquín y de Santa Ana, a quienes el Señor les encomendó su creación, otorgándoles el privilegio de ser los padres de aquél que murió y resucitó por nosotros. El proto-evangelio de Santiago nos da una pista mucho más amplia de la vida de la Virgen que os invito a leer. Esta festividad de María, comenzó a celebrarse en Oriente allá por el siglo V y dos siglos más tarde en Occidente.
Como enunciaba en la introducción, la Virgen de la Vega es la patrona de nuestra ciudad desde 1610. Es una talla de estilo románico (S. XII), no muy grande, realizada en madera y recubierta con cobre dorado y rica pedrería de diferentes colores. La Sagrada Imagen representa a la Santísima Virgen que sostiene en su regazo al Niño Dios.
Actualmente preside el altar mayor de la Catedral Vieja de Salamanca, si bien existen documentos que refieren a que la primera sede canónica de nuestra patrona fue el Monasterio de Santa María de la Vega, cuyas ruinas se encuentran enclavadas actualmente en el recinto de la Fundación Rodríguez Fabrés. Después se trasladaría a la Iglesia de San Polo, hoy también en ruinas, anexadas al hotel del mismo nombre. Tal ve por la cercanía, volvió a cambiarse de ubicación, siendo el Convento de los RR.PP. Dominicos (San Esteban) el lugar en el que permaneció hasta su traslado definitivo a la Catedral.
En diferentes publicaciones dedicadas a la Virgen de la Vega, se cuenta que los salmantinos acudían a Ella para que escuchase sus plegarias y, de este modo, obtener su auxilio y acción mediadora. Los ejemplos más significativos o conocidos, son las peticiones de lluvia en tiempos de sequía (probablemente tengamos que recurrir a Ella no tardando mucho). O, más importante todavía, durante la Guerra de Sucesión Española, cuando los salmantinos se encomendaron a la Santísima Virgen para poder derrotar a las tropas del ejército anglo-portugués, a quienes vencieron en una cruenta lucha.
Cada 7 de Septiembre tiene lugar la Ofrenda Floral en su honor. Cientos de salmantinas y salmantinos, ataviados son los trajes típicos de la ciudad o de su localidad, a ritmo de gaita y tamboril, acuden desde la antigua Iglesia del Arrabal y hasta el Atrio de la Catedral Nueva, para honrar y mostrar sus respetos y gratitud a la Santísima Virgen. El colorido de los trajes, la música, el folclore, la cultura y, especialmente, el amor y devoción a la Virgen de la Vega, convierten esta manifestación popular en un acto de piedad característico y singular de esta tierra charra.
Hoy, día de su Festividad, concluye la Novena que los devotos y devotas le dedican cada año. Al mediodía, la S.I.B. Catedral Nueva acoge la Solemne Eucaristía presidida por el Obispo de la Diócesis, Monseñor José Luis Retana, junto al Cabildo Catedralicio y un gran número de sacerdotes pertenecientes a las parroquias y congregaciones religiosas salmantinas.
¡Viva la Virgen de la Vega! ¡Viva la Patrona de Salamanca!
