La lava ya toca el mar

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Lava del volcán de La Palma

El pasado 19 de septiembre, España se despertaba con la entrada en erupción de volcán localizado en la isla de La Palma. Un estallido anticipado por los numerosos seísmos en la zona.  Finalmente, todos los presagios se han cumplido y ayer, martes 28 de septiembre, en torno a las once de la noche, la lava comenzó a caer al mar en la costa del municipio de Tazacorte.

Ante este suceso, la población nacional convive con la constante duda e incertidumbre sobre el futuro de la isla, pero, sobre todo, si esta catástrofe natural puede volver a ocurrir. Hace tan sólo 50 años, la isla bonita fue escenario de una erupción similar a la que está ocurriendo en estos momentos en el territorio insular.

Un volcán se genera cuando bajo él se comienza a generar magma transportándose a través de los conductos internos del mismo abriéndose paso rompiendo la roca que encuentra a su alrededor. La sismicidad de La Palma comenzó en el año 2017, pero se ha visto intensificada en la semana previa a la erupción volcánica proviniendo el enjambre sísmico desde 12 kilómetros de profundidad.

La acumulación de magma no sólo genera fracturas rocosas, sino que provoca almacenamiento en la corteza hecho que suele ser apreciable ya que suele “abombarse”. En el caso del volcán que asola la isla canaria, ha sido percibido en 10 centímetros.

Ante la erupción volcánica, el Gobierno de Canarias activó el Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias, calificando la situación como semáforo en rojo hecho que justifica la evacuación de la población. Otra de las grandes incertidumbres es qué efecto tendrá la emanación de gases del volcán para la población y el medio ambiente.

Las cenizas que arroja el volcán caen rápidamente a la superficie, pudiendo ser eliminadas en cuestión de varios días, pero además de expulsar CO2 en gran cantidad, también arroja otros gases volcánicos como el dióxido de azufre. Por tanto, uno de los principales problemas es la conversión del dióxido de azufre (SO2) en ácido sulfúrico (H2SO4), elemento de rápida condensación que se instala en la estratosfera provocando una capa de aerosoles pudiendo llegar a provocar un descenso de las temperaturas de al menos dos grados centígrados. A pesar de ello, la situación es impredecible, por lo que los efectos que puede generar, serán apreciables a largo plazo.

Autor

Estudiante de Comunicación Audiovisual y Periodismo en la Universidad Pontificia de Salamanca.

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