Ansiedad y depresión

- en Salud

Pues no. Ni soy psicólogo ni nada que se le parezca, aunque es cierto que en mi etapa preuniversitaria estuve a punto de estudiar para ello. Al menos estaba admitido para acceder a los estudios de Psicología. También estuve enamorado mucho tiempo de una chica que lo estudiaba, pero por cosas del destino la cosa no llegó a nada y nuestros caminos se separaron (aunque esto supongo que ni viene al caso ni les importará, pero ahí queda).

Eso y algunas sesiones con especialistas son toda mi relación con la psicología. También he tenido que acudir al psiquiatra, aunque me da que ni con unos ni con otros he sido capaz de rehabilitarme de esa relación tóxica que empezamos a mantener la ansiedad y yo a partir de la adolescencia. La relación fue a más tras mi etapa universitaria, pero, sobre todo, cuando hemos tenido que tener responsabilidades. De hecho, ahí dejé de tirarle fichas a la ansiedad, siempre presente en mi vida, para iniciar un romance de lleno con la depresión. No sé si esto que estoy contando es exactamente así. Probablemente, en términos médicos sea de otra forma, y, seguro que digo alguna burrada. Ni siquiera se si públicamente se puede hablar de ello, pues tengo entendido que, al menos en el periodismo, hay acuerdos tácitos para no hablar de según qué cosas. Por ejemplo, hasta hace poco no se hablaba del suicidio. Creo que por un acuerdo con los especialistas para evitar que las conductas se contagien. Pero, si lo que se busca es que las conductas no se contagien, no se debería hablar prácticamente de nada, porque uno ve contagio en casi todo lo malo de este mundo, en las violaciones, en el maltrato, en el maltrato animal, en las violaciones en manada, en el independentismo,… hasta en la estupidez humana, cada día más presente. Del tema político… no les voy a hablar, pues pienso que, como en el periodismo, habrá de todo… políticos buenos, malos, regulares, etc.

Yo quiero imaginar que ese acuerdo debe ser algo que nos sirve a los periodistas para reafirmarnos en nuestra condición, como para dar más sentido a lo que hacemos. Como para diferenciarnos de los demás. Esa afirmación de “aquí las preguntas las hago yo”, que tantos disgustos y tanto desprestigio nos ha dado últimamente porque está bien que nosotros hagamos las preguntas, pero mejor está que hagamos las preguntas que se deben hacer, que a veces parece que por hacer una pregunta incómoda (que por supuesto hay que hacerlas) somos mejores o peores periodistas y no. Somos mejores periodistas si hacemos las cosas de la mejor forma posible, con la mayor dignidad, con el mayor respeto, con el mayor conocimiento y con la mejor preparación y con la ética suficiente para no traspasar algunas líneas. Eso es, para mí ser mejor periodista. Eso nos permitirá transmitir de la forma más objetiva posible la realidad a nuestro receptor. Sin embargo, cada vez se observan más conductas tendenciosas en nuestra labor y eso perjudica a todos.

A veces, cuando hablo parece que estuviera recriminándome o recriminando algo al periodismo, pero nada más lejos de la realidad. Disfruto con las cosas bien hechas como un enano y amo esta profesión por encima de todas las cosas, pero entiendo que no somos mejores ni peores que otros profesionales y que, por el hecho de ejercerla no tenemos un aura especial que nos hace distintos a los demás y mucho menos mejor. Nos hace especiales la forma de desempeñarla. Los especiales son algunos periodistas, no la profesión en sí, como en todos los ámbitos.

Pero bueno, después del rollo volvemos al origen del artículo. El rollo ha sido a posta por una razón. Siento cierto miedo de tocar el tema de la ansiedad y de la depresión. Quizá porque he convivido y convivo con ellas a diario. Quizá porque sé que están más cerca de lo que parece, quizá porque no huele, aunque deja un rastro de destrucción y ruina personal enorme. El origen se debe a múltiples causas que ni vamos ni podemos analizar aquí, pero se han convertido en uno de los grandes males de nuestra sociedad.

Por eso me sorprende que después de muchos años tratando de esconderla, parece que, de repente se ha puesto de moda hablar de ello, enarbolarlo como si fuera una bandera, siempre en este tantrismo que alguien nos marca de que “tienes que hablar de ello”, “tienes que pensar en positivo”, … Y una mierda. Cada uno tiene que apretar el culo y llevarlo como pueda, por desgracia. Para unos ponerse en manos de especialistas es la mejor opción. Bueno, para unos no, entiendo que para todos, pero el efecto no es el mismo para todos. Hay gente a la que no les basta. Unos lo acaban superando individualmente. En mi caso tuve que refugiarme en los tres pilares que alumbran mi vida, ver que eran sólidos y que, estuviera yo donde estuviera, siempre estaban ahí. Ahora, cuando viene a buscarme para echar un baile, he aprendido a decirle que estoy ocupado, que mi mente y corazón están con otra y que esa otra me hace feliz. Y, aunque a veces no es cierto del todo, me permite alejarme de esa relación que nunca llegó a funcionar y que fue negativa para mí.

Pero soy consciente y debemos serlo de que también hay gente que no lo supera, ni individual ni colectivamente, ni con tratamiento ni sin él, que inician una travesía por el desierto en la que sufren lo indecible.

Yo, la ansiedad la relaciono con la comida. Cuando como compulsivamente… malo. La depresión, en cambio, me lleva al sueño, a querer dormir a cada momento sin poder hacerlo, lo que me crea un estado de ira y de miedo. Así llegó la primera. Recuerdo que fue con un problema laboral. Recuerdo que pensé que yo había forzado la baja cual persona que se controla a sí mismo. Pero recuerdo que terminado el problema, el médico no quiso darme de baja ni quitarme el tratamiento hasta dos meses después. Es entonces cuando me di cuenta de la gravedad de un problema que me ha atacado varias veces más. Recuerdo que lo que empezó con “tomate un Lexatin, verás cómo duermes mejor” de un amigo, pasó a otros tipos de tratamientos y ahí seguimos, luchando por sobrevivir.

En los últimos meses, se ha puesto de moda hablar de los problemas mentales, a raíz de declaraciones de deportistas y de personas más o menos famosas que confiesan haberlos padecido y lo que afectan a su vida cotidiana.

Yo defiendo que se hable de ello, pero temo que acabe frivolizándose. Si verdaderamente contarlo públicamente les hace bien, pues adelante, les escucharemos con atención, pero si sólo sirve para rellenar y para afectarles todavía más, espero que esa espiral se pueda frenar, siempre pensando en la salud de los protagonistas y de todos esos que lo sufren en silencio, porque no hay nadie que te pueda asegurar el éxito en nada de lo que haces ni siquiera en este caso, aunque con la ayuda necesaria se puede mejorar la calidad de vida de mucha gente y espero que este artículo sirva para ello. A perder los miedos, a tener la valentía de afrontar, individual o colectivamente, un problema que a veces te cuesta reconocer pero no al resto de la sociedad sino a ti mismo. Espero que sirva para que estemos dispuestos a ayudar, y no sólo los especialistas, que son los más preparados y grandes protagonistas, sino a poner todos de nuestra parte en ayudar a aquellos que lo necesitan. Que afrontemos el tema con normalidad, pública o privadamente, pero sin frivolidad, y que no metamos más carga de la que llevan a gente que está a nuestro lado y a la que a veces ni siquiera reconocemos. Piensa que ahora soy yo, pero que mañana podrías ser tú.

*Este artículo no es autobiográfico. Si en algún momento utilizo la primera persona es porque lo que les voy a transmitir lo encontré en un manuscrito que llevaba años escondido en un cajón.

*Pido disculpas si en algún momento he hablado de más o he tratado de un tema que, aunque lo he vivido en primera persona, desconozco en términos médicos o técnicos. Aceptamos la opinión especializada y abrir un profundo debate sobre un tema que ha pasado de ser tabú a ser de una actualidad pasmosa, lo cual es en realidad (sin dejar a un lado la gravedad del asunto) el ‘late motiv’ del artículo.

*En términos técnicos nos hemos documentado y tratamos de aportar (por si en algún momento del relato nos hemos apartado de ello) que mientras la depresión es un estado real en el presente que conlleva tristeza profunda y te hace minusvalorarte, la ansiedad está más relacionada con miedos a futuro.

0 0 votos
Valoración
Subscríbete
Notifícame sobre
0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios