- Un nuevo anticuerpo neutralizante fue desarrollado recientemente en el Hospital Infantil de Boston. Las pruebas llevadas a cabo, han demostrado que es capaz de neutralizar todas las variantes del SARS-CoV-2 que se conocen en la actualidad. Este anticuerpo supone uno de los golpes finales para contrarrestar el virus que ha tenido en jaque al mundo.
Aunque pueda sonar de ciencia ficción, el desarrollo de anticuerpos “artificiales” en laboratorio no es algo que se haya empezado a poner en práctica a raíz del covid. El desarrollo de anticuerpos lleva realizándose desde hace décadas, y resulta ser una de las líneas de investigación más prometedoras para intentar tratar virus que mutan con extrema facilidad como el VIH.
Los laboratorios especializados disponen de cultivos celulares, donde se instalan los equipos necesarios para la obtención, selección, crecimiento y mantenimiento de los hidrobiomas, las células productoras de anticuerpos. También pueden disponer de equipo para la síntesis de inmunógenos, una sustancia capaz de inducir una respuesta inmunitaria específica, al igual que de reaccionar con las moléculas generadas durante dicha respuesta, mientras que el equipo también puede caracterizar los anticuerpos producidos.
Este tipo de servicios pueden adaptarse a la necesidad de cada usuario, produciendo anticuerpos que vayan contra proteínas, péptidos, moléculas orgánicas u otros. De este modo, el desarrollo de anticuerpos “artificiales” nos abre directamente la puerta hacia el futuro de la salud. Pues, si se hace especial énfasis en la fase de diseño inmunógeno, se sigue un protocolo estandarizado y se modula la selectividad y afinidad a los sujetos, podemos encontrarnos con la mejor arma para contrarrestar muchas enfermedades agudas y crónicas.
A raíz de todo, el mes pasado se anunció, que el nuevo anticuerpo diseñado dentro del Hospital Infantil de Boston, acababa de finalizar las pruebas “preclínicas” con un éxito sorprendente en todas las categorías de análisis. A día de hoy, ya se está empezando a probar en sujetos, y estamos pendientes a los resultados.
Para hacer posible su desarrollo, los investigadores utilizaron versiones modificadas, de modelos de ratón humanizados. Estos modelos, también habían sido previamente empleados por el laboratorio, para buscar anticuerpos fuertemente neutralizantes contra el VIH, virus extremadamente complejo de tratar debido a la frecuencia y brusquedad de sus mutaciones.
La importancia de estos ratones, radica en el hecho de que cuentan, esencialmente, con sistemas inmunitarios humanos incorporados, lo que nos permite imitar el proceso de ensayo y error que lleva a cabo el cuerpo humano para crear anticuerpos cada vez más eficaces.
El proceso
Primeramente, los investigadores procedieron a insertar dos segmentos de genes humanos en los ratones. Dicho proceso, produce, como respuesta, que las células B de los ratones desarrollen rápidamente un amplio repertorio de anticuerpos humanizados.
Tras obtener los anticuerpos, que los investigadores dividieron en 9 linajes distintos, expusieron a los ratones a la proteína espiga del SARS-CoV-2, lugar al que se dirigen todos nuestros anticuerpos y vacunas actuales.
Durante el proceso de exposición, los anticuerpos se unieron a la espiga, una respuesta normal y esperada a través de la cual se puede comprobar su eficacia, respecto a los anticuerpos naturales que generamos. Es en ese momento donde entra el anticuerpo SP1-77.
La diferencia entre SP1-77, cuando se compara con el resto de los linajes desarrollados, es que ha parecido encontrar una solución bastante creativa para acabar con el virus. Cabe decir, que muchos de los anticuerpos existentes, funcionan ligandose al dominio de unión al receptor o RBD de la espiga, bloqueando puntos específicos, para impedir que el SARS-CoV-2 se una a los receptores de nuestras células.
Sin embargo, SP1-77, mientras que también se une al RBD, lo hace de una manera tan diferente, que en vez de bloquear la unión del virus a los receptores, impide directamente que el virus fusione su membrana externa con la membrana de la célula objetivo. Impidiendo de este modo, el último paso necesario e indispensable, que abre la puerta a la infección.
Una solución creativa que, permite al SP1-77 neutralizar con sorprendente eficacia las cepas Alfa, Beta, Gamma, Delta y la totalidad de las cepas Ómicron.
Parece ser, de este modo, que el hombre no es el único que puede ser creativo. Pues, gracias a las características del anticuerpo, el mismo podría servir como base para el diseño de nuevas vacunas contra el virus, y quien sabe, a lo mejor, contra algo más.
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