El Faro de Alejandría: ¿Qué parte estás usando de tu corazón…la que es color blanco o la que es negra?

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Siempre insisto a mis lectores/as de la importancia que adquiere la transmisión de experiencias, propias y ajenas, incluso aquellas que nos dejan la literatura, los viajes y especialmente el cine, cada vez que haya un mensaje que dar. No en vano, el storytelling es un procedimiento utilizado en la formación en liderazgo.

Hoy desde “El Faro de Alejandría” vamos a recurrir a un auténtico maestro del cine y del arte de contar historias, que, si algo hay difícil, es cómo llevar a la gran pantalla una novela que, cuando la leemos nos permite ver todo tipo de imágenes derivadas de nuestra propia imaginación cuando vamos pasando de una página a otra.

En una de sus obras maestras, Clint Eastwood relata en “White hunter, black heart” (Cazador blanco, corazón negro) (1990), la historia de un director de cine norteamericano que, arruinado en sus finanzas, decide emprender la aventura que le permitirá volver a ser un realizador de éxito y sanear su economía.

Se reúne con su guionista Pete Verrill, y juntos revisan el guion en la mansión de un aristócrata inglés en la campiña inglesa. Pero en la mente de John Wilson (el director interpretado por Clint Eastwood) surgirá una y otra vez el interés que para él tiene viajar a África y hacer un safari para matar a un elefante, independientemente de realizar la película.

El safari que pretende realizar el director Wilson se antepone continuamente en las diferentes decisiones que toma, lo que se convierte en una prioridad que, incluso, pone en riesgo el rodaje del filme.

Esta pieza maestra de Eastwood me ha servido durante estos años en seminarios y cursos, para ejemplificar una serie de actitudes emocionales que los diferentes personajes ponen en escena y como diría Shakespeare, todos somos actores en el gran escenario de la vida”.

Justamente en la formación en liderazgo, nos preocupamos por enseñar qué actitudes y emociones son esenciales para que la gente siga al líder y se sume al proyecto común que comparten desde cualquier organización, o que los ciudadanos sigan a su líder político preferido. Las emociones hacen ganar votos y decantan elecciones.

El filme de Eastwood nos deja unas “piezas” imperdibles, tanto para el séptimo arte como para el liderazgo.

El primer “encontronazo” entre director y guionista, se produce cuando previo a emprender el viaje a Kenia, discuten sobre el final del guion, que en principio es cuestionado por Verrill y que provoca una reacción muy “intelectualizada” de parte del director.

Al criticarle el final en que mueren todos después de haber vencido a la selva, los indígenas, los animales, etc., lo que le parecía al guionista un golpe bajo al espectador, la respuesta del director fue contundente: “a ti te interesan los 25 millones de personas que van a ver la película, pero si trabajas conmigo no te tiene que influir para nada la gente”.

En cambio, Verrill sostiene que sí se tiene que respetar el gusto del público si se quiere estar en el negocio del cine. Wilson responde entonces con la siguiente reflexión: “mira Pete…nosotros (en referencia a los directores) somos como pequeños dioses que vamos narrando la historia de las personas que intervienen y les damos un final en función de los méritos que hayan reunido en los rollos 1, 2, 3…etc. (los rollos de película), y para nada nos dejamos influenciar por el público”.

Y agrega: “hay dos formas de actuar en la vida: una es escribiendo finales felices, haciendo lo que el público quiera, no contradecir a nadie, y cuando eres un cincuentón bien conservado tu parte salvaje te ha comido los músculos del corazón; la otra forma, es escribir y hacer lo que uno quiere sin importarle lo que opinen los demás”.

El líder que impone frente al que escucha a los demás

Enfocado desde el ámbito emocional, las dos posiciones son claras: Verrill piensa en el público (el consumidor) y Wilson solamente en su obra que no la quiere contaminar con las expectativas y gustos de la gente. El primero se pone siempre en el lugar del otro; mientras a Wilson no le importa empatizar porque para su filosofía de vida, lo que prevalece es su capacidad de crear arte, que como esos “dioses” a que hace referencia, no pueda ser cuestionado. De alguna manera representa al líder jerárquico convencional al que no se le puede contrariar ni contradecir.

Cuando ya están en el Hotel Lago Victoria en Kenia a la espera del resto del equipo, aprovechan a repasar el guion con los retoques que ha hecho Verrill, que le lee a Wilson algunos pasajes y le pregunta qué le parece. El director responde: “lo estás complicando. El arte siempre es mejor cuando es sencillo. Stendhal lo comprendió, y también Hemingway, Flaubert, Tolstoi…la sencillez los hizo grandes”.

No hay mejor manera que liderar que con la palabra directa

El mensaje detrás de esta reflexión, es que no hay mejor forma de comunicar, que con la palabra directa, simple, llana, sincera. Igual ocurre en el ejercicio del liderazgo, sea en el ámbito de las organizaciones o en el político, ya que tanto al personal de una empresa como al ciudadano ya no le caben las palabras bonitas vacías de contenido, sino, una vez abordado el problema, el líder debe explicar cómo va a solucionarse, cuáles son las acciones que habrá que realizar para cumplir con los objetivos previstos.

Esta explicación es esencial tanto para empleados como para ciudadanos, para poder ver claramente los pros y los contras, los beneficios para la organización y el equipo…para la ciudadanía en general y lo que representa determinada política para esa persona y/o familia en particular. O sea, siempre los líderes deben preocuparse por las expectativas que ellos crean en sus seguidores, y no cumplirlas es defraudar no solo personas, sino esa esperanza de cambio que se había creado.

Los personajes de una novela representando las emociones de las personas

En toda esta discusión entre el director y su guionista, Wilson hace referencia a que Hemingway: “no complica los personajes con las especulaciones que tenemos las personas, sino que limita su análisis a cuestiones sencillas y directas como violencia, odio, muerte, amor, pasión”. Wilson cree que Heminguay era capaz de diseccionar la naturaleza humana como nadie…de ahí su grandeza como narrador. Llegaba al corazón del lector…porque no solo creía lo que estaba leyendo, sino que estaba imaginado como si fuera una película, las imágenes visuales que la narración le brindaba.

El líder efectivo tampoco complica las relaciones interpersonales porque no habla de lo que él quiere mostrar, sino de lo que efectivamente es. La percepción que él tiene de las cosas, casi siempre es una ajustada aproximación a la realidad, que, dada su pericia y experiencia, tiene pocos desvíos, lo que lo hace altamente eficiente y cometer pocos errores.

Pero estoy seguro que otra enseñanza clara que dejará a mis lectores/as esta joya del cine, es en particular la obsesión de Wilson de cazar un elefante, porque demuestra hasta qué grado las pasiones descontroladas pueden ser muy negativas.

Los malos ejemplos que desmoralizan

En un diálogo sin desperdicios, cuando el productor y socio de Wilson, Paul Landers, viaja desde Londres hasta el sitio en el que todo el equipo de la película estaba residiendo en Kenia y se reúne urgentemente con el guionista Pete Verrill, para convencerle que no puede dejar la película, ya que afectaría la moral del resto.

“Imagina Pete…que va a ser de la moral del equipo si tú te vas”, le dice Landers. A lo que Pete responde: “Es que no te das cuenta que este hombre está loco, que tiene una obsesión y que, como cualquier pasión descontrolada, es enfermiza y destructiva”.

El productor comprendía que su guionista estuviera absolutamente abrumado por esa obsesión de Wilson de hacer el safari y posponer de manera indefinida el inicio de la película. Pero era necesario que no viajara de regreso a Londres porque provocaría una desmoralización que afectaría la producción. Matar a un elefante se había convertido la prioridad del director más que el rodaje.

Me ha interesado siempre este diálogo, porque evidencia la importancia de las personas del entorno en su valoración que hacen del líder. En un momento determinado, siempre hay un Pete Verrill que quiere bajarse de un proyecto. Pero será tarea de otro Paul Landers evitar que esto se produzca, para lo cual deberá lograr que además de su obsesión, cazar el elefante, inicie el rodaje porque cada día cuenta en tiempo y dinero. Lo mismo sucede con los entornos de la dirección, a veces más o menos protegidos por el líder, y también la protección que éste recibe de su entorno más próximo.

El éxito es de los equipos, no de las personas

Nunca hay en la vida real directores de empresa o de cine como el John Wilson descrito por Eastwood. Sólo hay equipos de personas que siguen a una de ellas que, en su rol de líder, ha señalado el camino, preocupándose porque su gente aprenda, comprenda y participe de las decisiones que se toman, implementen las acciones y sean solidarios con ellas, asumiendo los fracasos como de todos y también los éxitos, pero sin vanagloriarse demasiado.

Este tipo de equipos y de liderazgo es el que finalmente triunfa. Y estos principios de actuación del ámbito privado pueden perfectamente replicarse en el público, transmitiendo de manera sincera, sin mentiras ni manipulaciones, los objetivos que determinadas políticas tienen en beneficio de los ciudadanos, porque cuando se comprende bien lo que se persigue, las personas siempre se adhieren a las decisiones tomadas porque saben que es en beneficio de todos.

Aún sigue habiendo en el mundo más corazones blancos que negros

De ahí que el título de la película “Cazador blanco, corazón negro” no quiere representar el contraste del color de los nativos africanos frente a los típicos cazadores blancos colonialistas de finales del siglo XIX e inicios del XX, sino lo que prevalece en los corazones humanos: si es el blanco o el color negro de los corazones el que mueve las decisiones. Esta es la verdadera moraleja de la obra de Eastwood. Esta es el relato que nos conmueve porque lamentablemente…todos los días hay en nuestro entorno más próximo y más lejano…corazones negros que influyen negativamente en la gran mayoría de corazones blancos que poblamos la Tierra.