La estafa del amor

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Estos días asistimos con estupor al drama de tres hermanos que han perdido la vida víctimas de una estafa del amor.

El siempre creativo mundo de la estafa ha cambiado el clásico “ha ganado usted un espectacular sorteo, y para recoger el premio y llevárselo a su casa tiene que pagar…” por el actual “ha ganado
usted un espectacular novio online en misión de paz —o de guerra, que eso da igual— en un país muy, muy lejano, y para que pueda usted recogerlo algún día y llevárselo a su casa tiene que pagar y pagar y pagar…”

Llama la atención que los vecinos de estos tres hermanos al hablar de Emilia y Ángeles —las hermanas enamoradas y muertas— ponen todos voz de seres muy inteligentes a los que el amor no estafa.

Pero lo cierto es que si los estafadores del amor existen es porque desde siempre el amor ha tenido mucho de estafa.

Dice Carmen Martín Gaite: «Lo que está bien contado es lo que vale, lo que es verdad. En amores igual. Las palabras que saben crear ese campo mágico de relación, entretejerse con propiedad, crean el amor mismo»

Y es que desde la Celestina hasta la actualidad se hace el amor con las palabras. Exactamente igual que la poesía. Sólo hace falta querer creer para empezar a morir de amor como Ángeles y como Emilia.

Siempre ha habido estafadores amorosos que conjugaban las palabras del amor: te quiero, eres extraordinaria/o, pienso en ti a todas horas, nunca antes había sentido esto que siento por ti etc., etc. Y al calor de esas frases se quedan tu dinero, obtienen sexo, compañía…, se estafa por tantos motivos… Y la estafada/o con tal de seguir escuchando la cancioncilla del amor pasa por alto todos los avisos de atención, que luego son de alarma y al final de peligro inminente, que el cerebro envía al atolondrado corazón: Pero vamos a ver, cómo te va a querer este hombre/mujer que no hace más que quitarte dinero, o que nunca está cuando lo/la necesitas, que te aparta de tus proyectos, de tus familiares y amigos, que no hace más que robarte la ilusión y la autoestima, que si tienes que adelgazar, que si tienes que engordar, que si no vistas así o asá, que si tú no puedes hacer esto, que si debes hacer esto otro, que si, que si, que si…

Pero allí siguen los estafados soportando alegres la estafa de tener en su vida a alguien que en realidad no le gusta como son ni los acepta, y que está ahí por el interés ya sea dinero, sexo, compañía… Exactamente igual que Ángeles y Emilia.

Los estafadores del amor no son sólo las bandas criminales que andan buscando mujeres vulnerables por internet para quedarse su dinero. Son también esos hombres y mujeres que establecen sin remordimientos relaciones de conveniencia con personas a las que no quieren en realidad. Los que practican aquello de mejor esto que nada, o peor es estar sólo. Los que siguen cantando tequieros a una persona con la que están, mientras mantienen a escondidas otra relación más interesante.

Todos hemos crecido al calor de novelas y películas de grandes amores. Todos hemos soñado con protagonizarlas y por eso todos somos muy vulnerables. Como Ángeles y como Emilia. Por ello es mejor no adoptar una actitud autosuficiente ni mirar por encima del hombro a estas dos hermanas enamoradas, pensando: No, no, no, esto a mi no me pasa. Porque casi todos, alguna vez, hemos sufrido la estafa del amor.

Autor

Escritora. Licenciada en Derecho. Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada.