Guijuelo y Villarreal se ‘toman’ una Copa para disfrutar y soñar

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Hace dos años el CD Guijuelo daba un paso atrás y, por lo visto, lo hacía para dos hacia delante. Si hay un club/equipo ejemplo en las últimas temporadas para el fútbol salmantino, regional, y, por qué no, nacional, ese es el Guijuelo. Desde que hace más de décadas don Luis Ramos tomara el mando con el compromiso de llevar al primer equipo a Segunda B, el Guijuelo ha crecido hasta límites insospechados. No abarcables a no ser por la buena gestión de las distintas directivas y, obviamente, por el apoyo de industriales, patrocinadores y, en especial, de un Ayuntamiento que siempre ha visto el fútbol como un punto de encuentro entre el propio deporte y la promoción de un producto que da vida a la villa, el jamón y el embutido.

Pero si algo tiene bueno el CD Guijuelo es que jamás ha perdido la perspectiva. Seguro que podía lanzado las campanas al vuelo en alguna ocasión. Seguro que podía haber conseguido algún inversor externo que disparar el presupuesto, que les permitiera aspirar a otras cosas más importantes, pero ¿para qué? Si con lo que tienen ya han disputado una fase de ascenso a Segunda, si han saboreado la popularidad con la eliminatoria en el Helmántico ante el Atlético de Madrid. Vivimos aquel hito y fue algo fantástico. Si alguien dice que no fue mágico, no le crean, fue un momento único, que queda en la retina para los 17.000 salmantinos allí presentes y para los miles de personas que lo vieron televisado. La Copa les hizo alcanzar su mayor cota de popularidad y ahí están hoy, seis años después midiéndose a todo un campeón de Europa, el Villarreal, un club humilde que se ha convertido en un verdadero trasatlántico del fútbol nacional, con un primer equipo en la élite y una cantera envidiable. Y todo ello en una localidad relativamente pequeña que compite contra auténticas metrópolis. Podríamos, incluso, establecer un cierto paralelismo, con todos los respetos, entre ambos clubes.

Si observamos la trayectoria chacinera observaremos la humildad de su gente, no exenta de ambición y orgullo. Podríamos hablar de perfil bajo, pero no. Es inteligencia y humildad. El presidente aparece en contadas ocasiones. Quizá sea el más altisonante de todos, pues le gusta hacer siempre algún guiño a la prensa. ¿Qué haríamos sin conseguir algunos titulares? El entrenador, al que conozco hace muchos años, es un claro ejemplo de conocimiento, trabajo obsesivo y respeto. Es difícil verle levantar la voz ni en persona ni en rueda de prensa. Es directo y demuestra una preparación enorme. A su nivel atesora un importante número de éxitos deportivos que parece que no, pero que no se los quita ya nadie, con Santa Marta, su club, con la Selección UEFA y con el Guijuelo al que ascendía el año pasado sin despeinarse.

Los futbolistas saben donde están, a quien se deben, lo que representan y lo que deben hacer y dan un rendimiento importante. Mucha gente dice que se benefician del terreno de juego. Hombre, es una obviedad, pero no debe restarle ni un ápice de mérito.

A todos ellos hay que sumar un grupo de innegociables trabajadores y un ramillete de fieles aficionados que hoy tendrán el merecido premio de ser protagonistas por un día.

No tardaron en dar el nombre de Luis Ramos al campo, demostrando el saber estar y el reconocimiento a quien puso las primeras piedras de un proyecto del que hemos sido testigo a lo largo de estos lustros: Aquel primer ascenso en Móstoles, el segundo en Valdebebas, el partido ante el Atlético de Madrid, el intenso frío en invierno, la nieve, los derbis,… A veces es necesario mirar con la perspectiva del tiempo para ver lo conseguido.

Por eso hoy es el día de hacerlo, de disfrutar, de pasar frío, pero de sacar una sonrisa de satisfacción. Pero también es el día de soñar. De hacer lo que hay que hacer y, como sucediera en la anterior eliminatoria ante el Deportivo, quitarse cualquier complejo e ir a por todas, por los sueños, a veces, se cumplen. Sin duda, sería el mejor regalo de Navidad para un pueblo, para unas gentes, para unos luchadores que merecen eso y mucho más. Hoy más que nunca…  ¡Aúpa Guijuelo!