Domingo, 1 de mayo de 2022. Estadio Helmántico. El colegiado pita el final del encuentro entre el Salamanca UDS y el Palencia Cristo Atlético, que termina 0-0. Generalmente me gusta ver los partidos en un lugar más bien apartado, pero ese día era el estreno en el Helmántico de alguien que nos acompañaba y mi amigo prefirió un lugar lleno de gente, con más bullicio. A mi lado, un abonado de toda la vida. Joven, pero pasional, de esos a los que el sentimiento por el escudo de la UDS y por el Helmántico se lo metieron en vena de pequeño y que optó por seguir apoyando lo que el considera que es su Unión de toda la vida. De su abuelo pasó a su padre y éste se lo trasladó a él. No paraba en todo el choque. En un momento dado yo le pedí calma. Le dije que no tenía la necesidad de sufrir, que el partido estaba donde tenía que estar.
Y es que a veces me da la impresión que el nivel de exigencia debería hacer jugar al Salamanca UDS como el Milan de Sacchi o el Barcelona de Guardiola. Pero no es así. Ante un Palencia Cristo Atlético, el partido se convirtió en lo que se suele decir un ‘toma y daca’ y ese es el lugar que necesitaba el Salamanca. Tampoco es que sea un equipo con una amalgama de argumentos que le permita manejar varios registros. Tiene que ir a por todas y tener la opción de adelantarse y, a partir de ahí o ‘cagarla’, o aguantar la ventaja, o aumentarla. Puede parecer una afirmación de Pedro Grullo, pero es lo que hay y con ello hay que afrontar los dos últimos partidos. El equipo charro hizo lo que tenía que hacer, que es dar la cara y tener sus opciones, ante un equipo que debería ser un ejemplo en el que mirarse y en el que dos salmantinos como David Gallego y Diego González demostraron tener un lugar importante. Ambos se marcharon allí en busca de esos minutos que parecían no tener en Salamanca y vaya si están demostrando que lo merecen.
Es el Palencia Cristo Atlético un espejo en el que mirarse y no me refiero sólo a lo deportivo sino, sobre todo, a la gestión. Sin ruidos, sin volverse locos. Simplemente conociendo el terreno y optimizando sus recursos. No parece algo difícil. Así han conseguido convertirse en el equipo referente de la capital palentina, inmersa también en los últimos años en una carrera de varios equipos por lograr esa hegemonía que han obtenido desde el Cristo Atlético. No forman escándalos y no lo necesitan. Tienen un técnico de la casa, curtido en mil batallas por los campos de la región y con años en el club que ha formado un bloque homogéneo y aguerrido. Y desde la humildad han ido escalando posiciones en la tabla hasta colocarse en puestos de ‘play-off’ y, a falta de dos jornadas… pues a soñar. Que no es fácil, seguro, pero que nadie les va a impedir soñar, seguro también.
Ahora imagínenselo con el potencial del Salamanca UDS (campo propio, afición esperando que le den algo para subirse al carro, …).
Me gusta también destacar el énfasis de la afición, que esta temporada no lo había visto con la dimensión del domingo, pero que me hizo recordar tiempos no muy lejanos en los que equipo y grada eran uno sólo. De hecho, en esta ocasión no hubo reproches y los aficionados estallaron en aplausos y en ánimos para los jugadores que se habían vaciado. Y los salmantinos sólo piden eso, que lo den todo y que no haya gente que venga aquí a reírse de ellos. Sencillo también.
Aun así, mi compañero de grada no pudo evitar venirse abajo. Mientras la gente aplaudía, él se secaba las lágrimas, impotente, preocupado por la situación del equipo, que sigue en puestos de descenso y sabedor de que quedan dos partidos muy complicados. Fue un empate que a muchos le dejó una sensación de vacío.
Pero, oigan. Ahora mismo, el siguiente paso para el equipo charro es el ‘play-out’. Y ese está a un punto. Y hay cinco equipos en un punto… y “a río revuelto, …”.
Nos toca ganar al Pontevedra. Pues habrá que centrar allí el objetivo. Los que vayan, o vayamos, tenemos que disfrutar, intentar que los jugadores sepan que no están solos, que hay mucha gente con ellos y que hagan lo que puedan. Y si ganan fenomenal, a seguir soñando, pero si no, que, por lo menos puedan mirarse a la cara y decir que lo han dado todo. Con eso, los seguidores tendrán bastante. Si es así y se pierde será el momento de felicitar al Pontevedra y de volver con la cabeza baja, con el corazón roto, pero con paz. Como cuando éramos pequeños y regresábamos a casa después de haber estado jugando durante horas y horas. Sin importarnos si ganábamos o perdíamos, porque siempre había una revancha. Cansados, pero felices.
Y el Pontevedra, permítanme hacer un apunte… Ese equipo cuyos aficionados pagaron 22 euros en Salamanca y que ahora pone las entradas a 5, me recordaban ayer. ¡Cuánto tenemos algunos que aprender! Ojalá ambos clubes cumplan sus objetivos.