Entre unas cosas y otras ni hemos podido analizar la debacle deportiva del Salamanca UDS ni hemos podido analizar la llegada de un nuevo técnico al banquillo del Salamanca UDS. Lo de la debacle es cuanto menos preocupante, pero hasta cierto punto lógico después de una trayectoria irregular. Sin embargo, ni la talla que deberían haber mostrado los futbolistas (y no lo han hecho) ni el juego, ni la estructura, ni los técnicos, ni los directivos, ni nada, ha estado a la altura de la situación. Tanto que, a falta de apenas cuatro o cinco jornadas, el peligro del descenso es una realidad y evitarlo debe ser el único objetivo.
Tras la mala racha con Dueñas en el banquillo, el club decidió que diera un paso al lado y que fuera el entrenador del filial, Jorge García, el que tomara las riendas para evitar males mayores, paso, hasta cierto punto, lógico. En parte es una pena, porque, junto a Álvaro Boyero, estaba realizando una gran temporada que tenía al equipo cerca del ascenso, pero la oportunidad de entrenar al Salamanca UDS pasa una vez en la vida y Jorge no tenía más remedio.
Para él es un reto, una oportunidad y una ilusión. Él es parte de la historia del club, aunque, probablemente, es de esas personas que no ha tenido el reconocimiento merecido. Como jugador llevó al equipo a Tercera División en dos ocasiones, siendo protagonista en ambas. Buen golpeo, regate, habilidad, astucia y gol. De hecho, algunos de sus goles fueron clave en los tránsitos de Regional a Tercera División. A pesar de que en ambas ocasiones le abrieron luego la puerta de salida, regresaba a los banquillos con nuevos retos y nuevas ilusiones. Le noto más maduro, en sus intervenciones públicas, incluso, bastante relajado y eso es buena señal. Es que sabe lo que tiene entre manos y lo que debe hacer. Otra cosa es el resultado, pero a pesar de que sabemos que no depende todo de él, sí tenemos la certeza de que él y su equipo van a dar el cien por cien y que, de momento, ya han llevado al entorno una tranquilidad necesaria.
Lo que ha aportado con su presencia ya es importante. No puedo evaluar dentro, pero sí fuera y fuera es fundamental para una afición que no merecía estar en el desasosiego continuo en que vivía. No se puede estar todo el día desesperado, encabronado, enfadado y todos los ‘ados’ que se les ocurran. Ni se lo merece ni es forma de vivir. Y la afición de la UDS había llegado a un punto que ya no podía más.
La llegada de Jorge García supone una tregua. Se notó el pasado domingo en el Helmántico en un partido que, a lo mejor, no contaba como el resto. Es a partir de aquel encuentro cuando empieza la verdadera liga del Salamanca. Una liga contra el reloj. El Pontevedra era el mejor equipo de la categoría y venía con opciones de ascender. Varios centenares de gallegos poblaban el Fondo Norte y, al menos para mí, la principal conclusión que puedo sacar es que, a pesar de no tener una gran mejoría, sí tuvo un punto fundamental y es que no se descompuso. En otra situación, por desgracia muy repetida esta temporada, el equipo se habría venido abajo, pero el domingo no lo hizo. Fue inferior, se vio superado, cometió errores gruesos, no fue capaz de circular el balón como debería y mil cosas más, pero no se vino abajo y es un punto de partido fundamental para otros encuentros, donde esperemos que el equipo, al menos, empiece a parecerse a eso, a un equipo de fútbol. De esa forma, seguro que logra el objetivo.
Jorge García formó parte de una época fantástica del Salamanca UDS, probablemente la mejor de los últimos años. Unos años en los que se reabrió el Helmántico, en los que se fue recuperando poco a poco a la afición, en los que era una verdadera familia. Precisamente, la suya le acompañaba a todas partes y era, por tanto, una parte más del club. Ese pensamiento volvió el domingo a mi mente cuando al entrar al estadio lo primero que me encontré, precisamente, fue a unos familiares suyos. Eso, sólo eso, es ya un triunfo, un soplo de aire fresco en una habitación que llevaba tiempo sin ventilar. Sólo por eso merece la pena la llegada de Jorge al banquillo. Ahora hay que dejarle trabajar y que el trabajo, aunque el tiempo sea limitado, de su fruto. Ya habrá tiempo de buscar culpables, análisis o lo que haga falta, pero ahora es el momento de obtener un cometido más importante que todo eso, que es el de el Salamanca UDS se salve. Pintan bastos estas semanas para los equipos de mayor nivel de Salamanca, con Guijuelo casi descendido, con Unionistas complicándose lo que era una prometedora temporada y con el Salamanca UDS jugando con fuego. Esperemos que se cambien las tornas y se pueda volver a empezar de cero. Volver a la casilla de salida este verano y, a partir de ahí, aprender de los errores y hacer las cosas bien.
Desde aquí sólo podemos desearle la mejor de las suertes a Jorge y a Álvaro. Su suerte será la de miles de aficionados blanquinegros.