Un descenso con dos caras

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Lorris Salamanca UDS

A mis cuarenta y pocos tacos, ya ves tú, igual sigo de flaco”, reza una frase de una canción de Sabina. La verdad es que un servidor peina ya cuarenta y muchos y de “flaco” tiene poco, pero no por ello deja de sorprenderse ni tiene ganas de contar y cantar “el blues de lo que pasa en el Helmántico”, aunque contar y cantar un descenso no es nada agradable, pero es lo que hay.

Sin embargo, ayer sucedió una cosa curiosa que me llamó muy mucho la atención. Lejos de reprochar, los tres mil aficionados que ayer se dieron cita en la grada del Estadio Helmántico, estuvieron un rato ovacionando al cuerpo técnico y a los jugadores que en las últimas tres o cuatro jornadas han puesto toda la carne en el asador. Da la impresión que han dado todo lo que tenían y, cuando uno da todo lo que tiene, no se le puede pedir más. El problema es que no ha sido suficiente para conseguir la permanencia. Ni siquiera para estirarla en forma de ‘play-out’. Ahora, con calma, habrá que analizar éste y otros aspectos.

Sin embargo, la ovación debería haber sido al revés. Es decir, es a esa sufrida afición a la que había que ovacionar, porque aguantar al pie del cañón todo el tiempo es de alabar. Es más, ver la reacción a pesar del descenso, pensando ya en seguir en el mismo lugar la próxima temporada es todavía más encomiable. Espero que los dueños del club y del estadio tomen nota. Pero que la noten no sólo de la ovación, porque da la impresión que eso le da carta blanca (que la tienen por cuestión de propiedad, pero que no debería olvidar el patrimonio intangible que es la afición y que es más valioso que todo lo demás), sino que deben de tomar nota de los que no pudieron contener las lágrimas. Y les aseguro que a mi alrededor había unos cuantos, aunque luego, contagiados por el resto y por la emoción, se rehicieran para agradecer a los jugadores el esfuerzo.

Ahora es momento de hacer balance y análisis. El balance, obviamente, tiene que ser negativo. Descenso del primer equipo, descenso del filial, el Juvenil que se queda a las puertas del ascenso a Liga Nacional. No hay más. En cambio, el análisis tiene que ser profundo y concienzudo y cada uno tiene que hacer el suyo. No se trata de buscar culpables porque aquí, todos tenemos nuestra parte de culpa. Es el momento de encontrar soluciones y ahí cada uno tendrá su idea. No hay más que hacer un repaso por las redes sociales, por las primeras impresiones post-partido para ver que cada aficionado tiene un punto de vista distinto. Es responsabilidad, por tanto, de los dirigentes ser coherentes en la toma de decisiones y, después de la cuesta abajo de las últimas temporadas, enderezar el rumbo. Si no, cuando se quieran dar cuenta, no va a quedar nadie en la cubierta. Ahora, habrá que analizar, como ya se ha apuntado desde algún foro, si a alguien, a lo mejor, le interesa que la gente se vaya bajando del barco para obtener un aislamiento voluntario que lleve aparejada la falta de crítica hacia su labor. Personalmente no creo que sea así y creo firmemente que todo lo que han hecho desde arriba ha sido en busca del éxito. Cualquiera que sepa de fútbol sabe de la importancia de contar con el respaldo de la gente y, por eso, los clubes terminan tomando medidas para fomentar la asistencia al campo y a los desplazamientos. Es obvio que los jugadores necesitan, sin duda, el aliento de la grada y todo lo que sea su ausencia conlleva una caída en el estado de ánimo de los futbolistas. Por eso la emoción de ayer tras el descenso alentando a futbolistas, hombres hechos y derechos, que no pudieron reprimir las lágrimas. Conozco a muchos de ellos y, desde aquí, les mando todo mi aliento. Al capi Amaro, a Telles, a Benítez, a Juancho, a María, a Sátur, al doctor, a Raúl de Arriba, …, a mucha gente que, dentro del club siente el descenso con un enorme sufrimiento personal y que me perdonen aquellos a los que no nombro.

Al final, un descenso es una mala noticia para ellos, para la afición y para la ciudad, como lo será la desaparición de Unionistas si, finalmente, como han barruntado, acaba produciéndose, pero eso ya lo trataremos más adelante en otro artículo. Siempre he pensado que si no hay posibilidad de unión, cada uno debe seguir su camino sin mirar al vecino. Cuando escucho a alguien decir que la rivalidad es buena, que hay sitio para dos clubes, siempre me asaltan dudas y pienso que, al final, esa rivalidad tan grande acabará sembrando la enemistad de las aficiones y que acabarán aburriendo a la Salamanca no futbolística y a gran parte de la futbolística.

En cuanto al análisis, habría que conocer muchos factores que, probablemente, no lleguemos a saber nunca. Yo ya he empezado a ver valoraciones y ver aficionados que apuntan las decisiones que hay que tomar. No será un servidor quien cuestione ninguna. Aquí cada uno es libre de opinar, pero es el club el que debe tomarlas. A título personal he escuchado de todo y reconozco que me sorprende que muchas de esas opiniones siempre apunten al lado débil. Al entrenador, a uno u otro futbolista. Sería un análisis simplista echar la culpa a Antonio Calderón, aunque sería lo más fácil y, me da la impresión, que también es lo que desde alguna esfera dejan caer como si fuera un mantra que hay que repetir. Yo quiero ser claro al respecto. Aprecio personalmente a Calderón. Confiaba en él y estaba seguro de que era el hombre adecuado para hacer una buena labor en el club. Pero los resultados han dicho todo lo contrario. De ahí a echar en él toda la culpa de la trayectoria del equipo, al menos por mi parte no me parece justo, pues desconozco las condiciones en las que tuvieron que trabajar. A lo mejor creían que iban a tener unas condiciones y luego fueron otras, a lo mejor hubo otro tipo de problemas que ya se apuntaron desde algunos foros. Es el técnico gaditano el único que tiene la potestad de hacerlo público. Pero también conozco a María desde hace años (décadas ya) y presumo del aprecio y la amistad mutua. Igual que de Lolo Escobar o de cualquier otro técnico. No me gusta hacer análisis simplistas y, como ya he contado alguna vez, todos los entrenadores que han pasado por el club en esta última etapa, tienen mi respeto y mi aprecio, porque todos respetaron mi trabajo, lo hicieron fácil y me demostraron también su respeto.

Me resulta cuanto menos curioso leer algunas valoraciones en las que dicen qué jugadores se deben quedar. En alguna de ellas he leído a un seguidor pedir la continuidad de prácticamente todos los futbolistas (uno por uno eso sí). Otros, en cambio, se quedarían con uno o dos. He leído que este o el otro se tienen que quedar porque tienen un mayor sentimiento por el club o “sienten los colores”, como si estuvieran dentro de ese futbolista. A mis “cuarenta y muchos” tacos el único sentimiento que no pongo en duda es el de muchos aficionados a los que admiro y respeto. De muchos que están al pie del cañón y de otros tantos que han acabado aburriéndose de no ver aquello que se les promete o les gustaría. No seré yo quien juzgue el sentimiento de nadie, pero tampoco tengo por qué presuponer la existencia del mismo en alguien. Siempre digo que aquí, lecciones de unionismo, las justas, que cada uno tiene el derecho a sentir a su equipo de la forma que quiera, pueda o le de la gana y nadie es quién para juzgarlo. Se trata de sumar, no de realizar una carrera a ver quién sí y quién no.

Sigo pensando que el Salamanca UDS necesita reforzar su estructura y atender a muchos aspectos paralelos al meramente deportivo. Puede ir perfectamente de forma paralela con éxitos deportivos. En los últimos años siempre se ha especulado con incorporar a gente como Óscar Díez o Natalia González al día a día del club. Tampoco han salido muchos más nombres, entiendo que por falta de conocimiento o por intereses personales. Supongo que ahora saltarán también numerosos rumores de llegada de gente, esos y otros nombres, pero habrá que esperar a ver los resultados del proyecto porque esto no son matemáticas. Es más, pueden ser pequeños golpes de efectos que no acaben de dar el resultado esperado ni de hacer la profunda renovación o refuerzo que mucha gente entiende necesaria. De momento, como siempre, mis respetos a la buena gente. En este caso a los que han tenido que tragar con un descenso que, no por esperado, es duro y doloroso. Todo en la vida es un aprendizaje. Que sirva para aprender y que, quien tenga que hacerlo, tome nota del patrimonio que tiene y acierte, por fin, en las decisiones.

*Foto: Álex Lorrys

Autor

Periodista y comunicador. Licenciado por la Universidad Pontificia de Salamanca.