Pasan los días, pasan las semanas y hay una canción que, no sé por qué, viene a mi mente de forma recurrente. Es el famoso ‘Wind of Change’ de Scorpions. Una canción que va asociada al derribo del Muro de Berlín, a la reunificación de las dos Alemanias. Sí. Cuando algunos de los que peinamos canas éramos pequeños, había dos Alemanias. Una la occidental, próspera y vanguardista, una potencia mundial. La otra nos llegaba como menos avanzada, sometida al régimen de Moscú y mucho más cuadriculada, sin libertades. Bueno, cada uno que saque sus conclusiones.
Hace un par de meses, desde el Salamanca UDS nos trasladaron que, como en aquella ocasión, también hay dos Salamanca UDS. Han transmitido que uno era el de antes, donde todo dependía de las decisiones de don Manuel Lovato y de Rafa Dueñas y otro el que lleva aparejada una nueva forma de trabajo o gestión, donde gana peso la figura de Fede Blázquez, donde han llegado otras personas a la directiva y donde, supuestamente, va a haber avances que van a llevar a una próspera reunificación. Es decir, fuera las decisiones malas y bienvenidas las buenas, las acertadas. Esto es fútbol y los aciertos, al final dependen de lo que pasa en el césped, pero también lo del césped depende de lo que pasa en las oficinas y en los órganos de decisión y eso es lo que parece que está sembrando dudas, al menos a nivel de redes sociales, que no dejan de ser un termómetro de lo que el aficionado siente. De hecho, algunos seguidores ya empiezan a mostrar su malestar por algunas cosas que se están haciendo o no haciendo.
Una de las cosas que siempre se abre a críticas es la confección de la plantilla. Parece ser que los responsables han apostado por mantener una parte importante de la plantilla del ascenso y es ahí donde éstos aficionados difieren de la opinión de los técnicos pues entienden que algunas renovaciones no se adaptan al perfil que ellos consideran deben tener los futbolistas que luchen por el ascenso a Primera RFEF. Sí, porque el ascenso a Primera RFEF es el objetivo que pone don Manuel Lovato, que parecía que iba a tener menos peso, pero que al final parece que tiene más que nunca, cosa lógica por ser propietario y presidente, pero que no deja de ser un objetivo siempre arriesgado que puede añadir presión a un grupo ya de por sí presionado por su propia naturaleza, por el escudo que viste o por el escenario donde desarrolla su fútbol. Un escenario que parece va a mostrar otra cara, pero también que la cirugía no va a ser tan simple como pensábamos y eso lleva tiempo, así que seremos pacientes.
En cuanto a las renovaciones y confección de la plantilla, a mí me preocupan tanto los nombres como las posibles carencias que pudieran quedar. Esas decisiones de hacer más o menos fichas, de jugadores más o menos polivalentes, de estos u otros sub-23. Yo siempre he sido partidario de dos jugadores por puesto y sub-23 de nivel, que llamen a la puerta de la titularidad y algunos de ellos, derribarla si hace falta. Creo que tener una base del año pasado es importante. Creo que hay jugadores como Amaro, que son la bandera del equipo y que son insustituibles. Quizá es uno de los que más critican, pero para mí Amaro no tiene sustituto. Es, con todo lo que conlleva, el capitán, el emblema del equipo. No hay otro que pueda sustituirlo. Tal vez en un par de años tome el testigo Caramelo o el propio Cristeto, pero de momento, Amaro es insustituible. No es cuestión de tener menos o más (que lo tiene) nivel. Hay intangibles que el equipo y el club necesitan y que sólo se los puede proporcionar Amaro.
Ahora hay que ver lo que falta. Si lo que falta completa lo que hay, no se debe temer a nada ni a nadie. Si en lo que falta, se fichan medianías, caprichos, o jugadores para rellenar, puede pasar cualquier cosa. Iremos viendo estas semanas antes del arranque de la pretemporada. Daremos los beneficios de la duda que sean necesarios, seremos lo críticos que haya que ser llegado el momento, pero la oportunidad la pintan ‘calva’ y en las manos de los gestores del Salamanca UDS está el saber aprovechar esos ‘tiempos de cambio’ o verlos pasar como las vacas al tren.