- Rapsodia Empresas descubre la historia de esta bodega salmantina, impulsada por Alberto Labrador y su padre, Agustín, que decidieron recuperar los viñedos familiares y dar continuidad a un legado vinculado al vino desde hace cuatro generaciones.
Hay proyectos empresariales que nacen de una oportunidad de mercado y otros que encuentran su razón de ser en la historia de una familia. Este último es el caso de Dominio de la Sierra, una bodega de Salamanca que ha convertido la recuperación de sus viñedos en una apuesta por la tradición, el emprendimiento y el futuro del medio rural.
Su historia fue protagonista de Rapsodia Empresas, un espacio que permitió conocer cómo una decisión personal terminó convirtiéndose en un proyecto compartido entre generaciones.
Después de años vinculado profesionalmente al sector vitivinícola, Alberto Labrador se encontró ante una elección importante: continuar desarrollando su carrera en otra bodega o regresar a las tierras familiares para recuperar una actividad que había formado parte de la vida de sus antepasados.
La decisión de volver contó con el respaldo de su padre, Agustín Labrador, cuya experiencia comercial y conocimiento del mercado del vino fueron fundamentales para poner en marcha la iniciativa.
Juntos decidieron recuperar las viñas del abuelo y retomar la elaboración de vinos propios. El objetivo inicial era producir unas 3.000 botellas, una cantidad modesta que permitía comenzar de forma gradual y comprobar las posibilidades del proyecto.
Sin embargo, detrás de aquella primera producción había una ambición que iba más allá de las cifras: devolver la actividad a los viñedos familiares y construir una bodega con identidad propia.
Elaboración artesanal y respeto por el producto
Uno de los elementos que caracteriza a Dominio de la Sierra es su apuesta por procesos de elaboración que combinan conocimientos enológicos y técnicas tradicionales.
El trabajo comienza con una vendimia manual y una selección cuidadosa de las uvas, dos pasos fundamentales para preservar las características de la materia prima.
Entre sus elaboraciones destaca un proceso en el que el vino se embotella durante la fermentación, permitiendo que las levaduras autóctonas generen carbónico de manera natural. Posteriormente, el vino continúa su maduración en botella.
Según explica la propia bodega, este método da lugar a vinos con una marcada expresión frutal, complejidad aromática y una textura cremosa en boca.
La elección de estas técnicas responde a una filosofía de trabajo centrada en respetar las características de la uva y conseguir productos que reflejen la personalidad de los viñedos de los que proceden.
El cuidado del viñedo, una tarea durante todo el año
La actividad de Dominio de la Sierra no se limita a los meses de vendimia. Buena parte del trabajo se desarrolla a lo largo del año, mediante la observación de las viñas y la adaptación de las labores agrícolas a las condiciones de cada campaña.
La familia emplea prácticas de cultivo basadas en criterios ecológicos, prestando especial atención a la prevención de enfermedades como el mildiu y el oídio, que pueden afectar tanto al desarrollo de las plantas como a la calidad de la cosecha.
Para ello recurre, entre otras medidas, a tratamientos tradicionales con azufre y cobre. Su aplicación requiere conocer el estado del viñedo, seguir la evolución meteorológica y actuar en los momentos adecuados.
La temperatura y la lluvia son factores determinantes en la planificación de los trabajos agrícolas. Por eso, la experiencia acumulada y el conocimiento del terreno desempeñan un papel esencial.
Esta atención al detalle también se traslada a la recogida de la uva. La vendimia comienza a primera hora de la mañana, cuando los racimos conservan temperaturas más bajas después de la noche. De esta forma, llegan a la bodega en mejores condiciones térmicas para iniciar su transformación.
Se trata de una manera de trabajar que sitúa el cuidado de la materia prima en el centro de todo el proceso productivo.
Una empresa familiar con la mirada puesta en el futuro
La trayectoria de Dominio de la Sierra también refleja la evolución del sector vitivinícola y de la economía rural salmantina.
A lo largo de cuatro generaciones, la relación de la familia con el vino ha pasado por distintas etapas, desde el cultivo de viñedos como parte del sustento familiar hasta la actividad comercial y, finalmente, la recuperación de la elaboración propia.
En este recorrido, Agustín, Inmaculada y Alberto representan la continuidad de un proyecto en el que conviven la experiencia de quienes conocen el sector desde hace décadas y la iniciativa de una nueva generación dispuesta a desarrollar su propia actividad empresarial.
El regreso de Alberto a los viñedos familiares pone de manifiesto las posibilidades del relevo generacional como motor de emprendimiento en el medio rural. Recuperar una explotación agrícola supone también conservar conocimientos, mantener la vinculación con el territorio y generar nuevas oportunidades económicas a partir de recursos existentes.
Dominio de la Sierra es, en definitiva, una historia de continuidad y transformación. Un proyecto que comenzó mucho antes de que salieran al mercado sus primeras botellas y que hoy encuentra una nueva etapa gracias a la decisión de una familia de seguir vinculada a la tierra.
Cuatro generaciones después, los viñedos familiares vuelven a ser el punto de partida de un proyecto que mira hacia el futuro sin renunciar a sus orígenes.