La inspiración de Santa Teresa

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Hoy quiero compartir con vosotras parte de mi historia personal, ya que pienso que cada mujer ha tenido una vida digna de ser conocida por las demás personas, de manera que esto sirva de inspiración a muchas otras.

Nací en Alba de Tormes, un pueblo cercano a Salamanca, cuya historia está marcada por la vida y obra de una mujer excepcional y muy avanzada para sus tiempos, estoy hablando de Santa Teresa de Jesús, que nació en Ávila en 1515.

Uno de los motivos que hacen de Alba de Tormes un destino apreciado por los amantes del arte sacro, es que fue el lugar donde murió Santa Teresa de Jesús en 1582. No estaba planeado, ella quería morir en Salamanca, pero hizo parada en Alba de Tormes, donde ya era conocida por su labor fundadora y donde descansó eternamente.

De entre todas las santas que celebra la Iglesia Católica, Santa Teresa de Jesús es quizás una de las más populares, no solo por su entrega y amor a Dios, sino también porque fue una mujer dedicada a la literatura. De hecho es la patrona de los escritores y se ganó su patronazgo gracias a sus obras, y también a algunas de sus frases más celebres, algunas de ellas vigentes en nuestros días:

«Pocos son los que se tienen por desgraciados, si no es comparándose con los más dichosos».

«El amor perfecto tiene esta fuerza: que olvidamos nuestro contento para contentar a quienes amamos».

«Tengo experiencia en lo que son muchas mujeres juntas. ¡Dios nos libre!».

«Aunque las mujeres no somos buenas para el consejo, algunas veces acertamos».

Quizás inspirada en estas frases, crecí admirando el trabajo de mi familia en el obrador de Alba, aunque no estaba en mis planes dedicarme a ello de mayor. Los años fueron pasando y me incorpore en el negocio familiar muy joven,
y como Santa Teresa… yo tenía un sueño, tener una pastelería en Salamanca.

Mi sueño se cumplió, pero 32 años después… ha pasado algo impensable para mí, se ha multiplicado por tres, ¡increíble!. Mis hermanos y yo somos los responsables tanto del obrador en Alba de Tormes, como de las 4 tiendas de Pastelerías la Madrileña, ubicadas en la Plaza Mayor de Alba y otras distribuidas en puntos céntricos de Salamanca, donde miles de turistas y vecinos de la ciudad acuden a disfrutar de nuestras elaboraciones.

Llegar aquí no ha sido fácil, personalmente he tenido que renunciar a pasar tiempo con mi familia, amigos, y sobre todo a disfrutar de muchas celebraciones.

Sin embargo, me siento muy querida debido a que, como mujer, siempre me he sentido apoyada y considero que ha sido compensado con el reconocimiento profesional.

Mi padre, que heredó la empresa de mi abuelo, que la fundó en 1936 en plena guerra civil, nunca dudó de mi capacidad para llevar las riendas de su empresa; y mis hermanos, Tobías y Marcos, trabajan en equipo conmigo y nuestros trabajadores para que Pastelerías La Madrileña sea un sitio emblemático de Salamanca, cuidando la
calidad, el detalle y el servicio en cada elaboración artesanal que sale del obrador a cualquier parte de España.

Aunque también hay ocasiones en la vida en las cuales perdemos la fuerza y la confianza en nosotras mismas. Hace más de dos años estuve a punto de tirar la toalla: ya no me hacía feliz trabajar, estaba enfadada, apática y todo me
parecía mal.

Mi salud se estaba resintiendo; había llegado el momento de pensar en mí, de pedir ayuda. En ese momento, se cruzó en mi vida una persona que me ayudo a remontar y ver la vida desde otra perspectiva, y sobre todo a trabajar con tiempo de calidad.

En este momento de mi vida soy mucho más feliz, más empática, mejor líder con mi equipo y, una cosa muy importante: no me juzgo, ni juzgo tan duramente a los demás. He cambiado mi forma de pensar porque he comprendido que “el mapa no es el territorio” y eso hace que sea tolerante

Soy más feliz, me quiero más a mí misma y los demás, me siento la protagonista de mi historia…, y ese estado hace que desee seguir aprendiendo y emprendiendo, para colaborar con mi ciudad en todo lo que pueda.

Por ello quiero agradecer a todas las personas que me acompañan en esta aventura que es mi vida: mi marido, familia y amigos y especialmente a Diamantina, por hacerme más fácil este camino.

Por María Ángeles Hernández. Gerente de Pastelerías La Madrileña. Miembro de la Junta Directiva de AESAL.