Aquí estoy

- en Firmas

En ocasiones, la vida se nos pone cuesta arriba, como si estuviéramos escalando el Kilimanjaro y esa subida escarpada y sin zonas de descanso no se acabara nunca.

Te ves sola, con la única compañía de un eco que no es normal porque no repite lo que tú dices, sino lo que dice él.

Es un compañero molesto que hace que el caminar sea más costoso y que pese más la mochila que te han obligado a cargar sobre tus hombros.

Hay una niebla tan espesa que te impide ver por donde caminas. Las piedras aparecen sin avisar y te hacen tropezar, caer, te cuesta levantarte y cada vez tienes más magulladuras y el cuerpo más dolorido.

Mires donde mires, la niebla es tan espesa que no sabes por donde continuar. No hay señal alguna que te indique dónde está la cima.

De pronto, ves un tímido claro a un lado. Gritas. El eco te devuelve una voz cálida que te transmite paz y confianza. Pero el eco extraño que te ha acompañado no te deja escuchar bien lo que te dice. La niebla vuelve a espesar y a envolverte. Tú te vuelves a sentir más cansada, indefensa y sin ganas de avanzar. Quieres quitarte la mochila, pero no puedes. Quieres sentarte y dejar todo pasar, pero hay algo en tu interior que no te lo permite. Las lágrimas empiezan a avanzar. Su eco se mete dentro de ti y va aumentando el volumen. Tú quieres dejar de escuchar. Te tapas los oídos, cierras los ojos. Gritas con todas tus fuerzas, dejando que la rabia campe a sus anchas.

De pronto notas una corriente de aire cálido que te recorre la espalda. Te va envolviendo y sientes la necesidad de bajar las manos y liberar a tus oídos, de abrir los ojos para saber qué ocurre.

El eco dulce y cálido vuelve a hablar y lo empiezas a escuchar nítidamente. Le sigues y el aire cálido te acompaña rodeándote, tratando de protegerte de esa niebla espesa que quiere seguir avanzando hacia ti.

Su eco lucha por hacerse oír, pero tú estás concentrada en seguir hacia la claridad porque quieres abandonar la niebla que te provoca escalofríos.

Poco a poco, según avanzas, sientas más liviana la mochila, aunque aún sigue pesando. El aire cálido te hace sentir mejor, más segura, más confiada. Te rodea y te da fuerza para seguir continuando y salir de esa montaña solitaria y llena de obstáculos.

Su eco, poco a poco, se escucha más lejano, pero igual de contundente, amenazador, desafiante.

Pero tú te sientes acompañada, protegida. Sabes que, aunque llegues al claro luminoso, aún habrá dificultades que sortear, pero te sientes distinta.

Sin darte cuenta, la niebla se ha disipado, tu mochila es más pequeña y liviana.

No estás sola. El eco cálido se ha materializado en personas que te quieren acompañar, que te quieren ayudar, que te alientan y te hacen todo lo más llevadero posible.

Sonríes porque, aunque sabes que la niebla y su eco pueden volver, te sientes arropada y vas ganando confianza y fuerza para continuar.

Sabes que no debes olvidar que aquí estoy.

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