La Paz es posible…pero sin Putin

- en Firmas
plaza roja moscu

Lo que todos ansiamos cada día que seguimos escuchando sobre la muerte de civiles inocentes en la Guerra de Ucrania, es la ¡PAZ! Hoy…Ucrania es un país soberano que está siendo devastado injustamente ante el estupor de todo el mundo. ¡Hasta China, India y Turquía le han hecho saber a Putin que no es tiempo de guerra! Que ya habíamos librado durante dos años una lucha diaria contra el enemigo común del planeta en 2020 y 2021 que se llama Covid-19. Y lo hemos vencido.

Claro está, que con la simple unión de los países del orbe en un esfuerzo conjunto de investigación para las vacunas (entre ellos España) y de coordinación para atajar la propagación del virus, empezando por los confinamientos.

Pero Putin ahora se ha metido en una guerra en la cual los resultados nos están diciendo, que no le han salido las cosas como pensaba. Y este es el peligro al que nos enfrentamos el resto de la humanidad.

Para que quede claro, cual es mi posición frente a esta locura, vamos a replicar las palabras de Serguei Jirnov, exoficial del KGB que ha expresado en una entrevista que le hiciera La Vanguardia, en la sección internacional del pasado domingo 23 de octubre. En primer lugar, lo que Jirnov afirma es que “Putin quiere pasar a la historia por usar la bomba nuclear”. No lo dice una persona cualquiera, ya que según recoge esta entrevista, ha sido un “estudiante brillante y políglota, llegó a ser comandante del KGB en su prestigioso servicio exterior”.

Pero desde 2001 es un refugiado en Francia, país en el cual actúa como escritor y periodista, habiendo publicado ya varios libros.

¿Cuál es según la opinión de Serguei Jirnov el peligro de la permanencia de Putin en el poder?

Dice que el presidente ruso en toda su trayectoria política siempre ha visto con buenos ojos las armas nucleares para que Occidente no le impidiera hacer la guerra, y yo agrego que con la sola mención metía miedo a nuestra forma de vida occidental. Es lógico que desde agosto de 1945 con las bombas que se lanzaron en Hiroshima y Nagasaki, el mundo ya tuvo suficiente y siempre ha sido un factor disuasorio, justamente porque se sabe que una vez desencadenada una guerra nuclear no puede haber vencedores, sino todos vamos a ser perdedores: la humanidad entera.

Serguei Jirnov dice que ese recurso del miedo que aplicaba Putin generaba solo un pequeño riesgo, pero la situación después de 8 meses de guerra, con un avance de las tropas ucranianas recuperando unos 2.000 km2, es evidente que, desde todo punto de vista, Putin está perdiendo esta guerra. Y esto es lo que está haciendo potencialmente peligrosa la situación.

Compartimos su opinión y también nos preocupa en exceso que Putin finalmente se convenza de que no puede ganar la guerra, lo cual esto nos aproxima peligrosamente a que Rusia con la orden desesperada de Putin desencadene una guerra nuclear.

Según Serguei Jirnov a Putin le obsesiona el poder y pasar a la historia siendo “el segundo personaje que emplea la bomba nuclear. Hiroshima y Nagasaki están en todos los libros de historia. Él quiere pasar a la historia como el hombre fuerte ruso que la ha empleado en la guerra”.

Lamentablemente debo coincidir con Serguei Jirnov en qué es lo que lo motiva a Putin, lo que cuando ponemos la mente en frío para el análisis de la situación, surge la posible reacción de un “loco más” de los tantos con los cuales se ha escrito la historia.

¿Putin negocia o no negocia?

Según Serguei Jirnov dice que plantearnos si Putin negocia o no es un “falso debate”. Porque lo que ha sucedido es que “ha ocupado cinco regiones, quiere estabilizar el frente y quedárselas. Eso no es negociación”

Algo peligroso para el mundo excepto que Putin desaparezca

Según Serguei Jirnov esta irrealidad en la que vive Putin es algo “muy peligroso para el mundo”. Y aquí es dónde nos sorprende Jirnov diciendo que una salida sería que “la gente alrededor Putin decida liquidarlo. La única manera de parar todo esto es decir tenemos un loco, solo, que ha tomado estas decisiones que amenazan al mundo entero con la guerra, que amenaza con la desaparición de Rusia. Ahora lo detenemos, lo juzgamos, lo matamos. Da igual”.

Estimados lectores/as de Noticias Salamanca, vamos a reflexionar un poco sobre esta situación que nos la dice alguien que como Serguei Jirnov conoce muy bien las entrañas de cómo funciona una potencia como Rusia.

Es evidente que en las circunstancias actuales hay que andarse con cuidado, porque como suele decirse coloquialmente, “cuando el león está herido es más peligroso que nunca”. Y creo que Putin está en esta condición y que si se siente muy acorralado podría intentar lo que jamás debería intentarse. Por eso creo que hay gran parte de verdad en el pensamiento de Serguei Jirnov, en que el núcleo duro de Putin podría llegar a decidir eliminarlo, y estoy seguro, que no todos los miembros del Politburó estarán muy de acuerdo con los resultados de la guerra. Pero, más aún, hay que ver cuántos están dispuestos a cruzar la línea roja de una bomba nuclear táctica y cuántos preferirán mantenerse en el poder y negociar con Ucrania y volver a sentarse a hablar con Occidente en términos económicos, de energía para Europa, etc. Porque ese generalato y núcleo duro de Putin, por más proximidad y lealtades que tengan hacia su jefe al que hasta hoy admiran, mañana, como tantas veces ha ocurrido en la historia, saldrá el Brutus de turno que le clave el puñal a César.

Los momentos más peligrosos de cualquier dictadura es cuando están acorralados sus dirigentes

El nazismo siempre ha asesinado, pero cuando más peligroso fue es cuando se sabía que la Segunda Guerra Mundial Alemania ya la tenía perdida. Y esto lo conocía la plana mayor del ejército alemán desde 1943. Hitler había perdido la noción de la realidad y creía firmemente en su locura que el Tercer Reich iba a durar 1.000 años. Entonces, ante esta evidencia, ya no hay límites para la barbarie, porque se cree que matando se podrá evitar lo inevitable. Esto ha ocurrido con dictaduras más recientes, como el caso de la de Argentina (1976-1983) en la que se secuestraba, torturaba y asesinaba a ciudadanos inocentes y que cuánto más se desató la violencia fue al final de este período negro argentino.

Los actos desesperados de las dictaduras como la de Putin (disfrazada de democracia) son los que toman decisiones alocadas, como el alistamiento de todo hombre entre 18 y 65 años, o la prohibición de cruzar las fronteras que en un país de 17 millones de kilómetros cuadrados (el más extenso del mundo) tiene líneas políticas divisorias con varios países a los cuales los ciudadanos rusos buscaban salir como sea.

La manipulación de la verdad en la comunicación oficial rusa no es una novedad, pero ahora es más peligrosa aún, porque está haciendo creer que la realidad es muy distinta a la que es. Cuando se pierde ese sentido de la realidad, circunspecta solo a los designios que dibuja el líder autoritario que controla el poder con mano de hierro, el final está mucho más cerca de lo que aparenta.

Porque en algún momento, esas personas próximas a Putin verán la realidad que él no está viendo, pensarán que todos los disfrutes de los que vienen gozando estos años se convertirán en humo y que no van a poder disfrutar nada en cuanto caigan en manos de la Justicia Internacional que saben que serán juzgados por crímenes de guerra.

Sin duda, hay motivos para que estos privilegiados (son varios y muy cercanos) sopesen qué es lo que más les conviene y se hagan una pregunta: “¿vamos a sobrevivir a esta Guerra de Ucrania a pesar de que ganemos detonando una bomba atómica?” A continuación, también pueden formularse otra: “¿qué pasaría si nosotros entregamos el cuerpo de Putin a la urna de la historia y nos convertimos en los nuevos pacifistas para una nueva Rusia que pueda negociar sin el dictador?”

Creo firmemente que va a suceder como ya le sucediera a Julio César, que Brutus y otros ciudadanos formaron parte de una conspiración para asesinarlo.

La muerte no la deseo a nadie y ninguna persona de bien puede desearla al prójimo. Pero en términos históricos y políticos, que haya un golpe de estado en Rusia (o sea, un motín dentro de un estado totalitario como siempre ha sido el país de los Zares) sería una bendición para el mundo que quiere la paz y no la guerra.

Debería haber más movimientos y presiones no solo de sanciones políticas y económicas a Rusia, como las que viene ejerciendo la Unión Europea, sino que la clase intelectual y dirigentes de todo el mundo (empresarios, políticos, etc.) se expresen sin paliativos. Hay que decir las cosas por su nombre. Putin nos está llevando a una situación que puede que no tenga vuelta atrás.

¡Es que no hemos aprendido de la historia! No es posible que se repitan los mismos errores.

No puede haber más Hiroshimas. Todos los años, el 6 de agosto se celebra el «Día de la bomba atómica», en la ciudad de Hiroshima. Es una Ceremonia Conmemorativa de la Paz para recordar a las víctimas de las bombas atómicas y orar por la realización de una paz mundial duradera. La ceremonia se lleva a cabo frente al Cenotafio Memorial en el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima. Entre los participantes se incluyen las familias de los fallecidos y personas de todo el mundo.

En caso de que no se pueda frenar a Putin y suceda lo que jamás debería suceder, en esta ocasión no habrá humanidad que sobreviva para celebrar ningún 6 de agosto. Será el fin de nuestra especie y sobrevendrá la oscuridad en el planeta que podrá durar 1.000 años o más.

Posiblemente después de este largo período algunas especies (microorganismos diversos) podrán cobrar vida nuevamente, pero dudo que la especie humana actual pueda existir para ese entonces.

Esta es nuestra responsabilidad y hay que ejercer toda la presión posible para que Rusia vea que se encuentra aislada.

Vivimos en un mundo absolutamente global e interrelacionado, porque ha sido la propia evolución de las sociedades y países que les ha costado 2.000 años de luchas y sacrificios a partir del nacimiento de Occidente.

Frenemos esta locura y que los máximos dirigentes próximos a Putin sepan que si algo caracteriza al mundo civilizado es no solo la aplicación de la ley, sino la justicia y la compasión.

Se podrá ser compasivos con los que eviten un Armagedón, pero también deberemos ser justos. Esta es la diferencia con la Rusia de Putin, que no entiende el significado de estas palabras, sino no se estarían encontrando fosas comunes en diversas localidades ucranianas.

Esperemos que surja pronto el Brutus ruso actual. No hay tiempo para descuento. El partido debe acabar y bien.

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