Olvidaste quererla en tu memoria,
creíste que habría tiempo para amar.
Tu orgullo ocultó lo que sentías,
sin pensar que un día la ibas a llorar.
Lloraba en soledad su desengaño,
con el alma quebrada de dolor.
Una farsa disfrazada de promesas,
su corazón ese día cambió de color.
Descubrió que su amor pertenecía a otra,
que solo su cuerpo deseó.
No supo ver el valor de su esencia,
y en silencio, afligida, se marchó.
Caminaba bajo la luz de las estrellas,
cuando un destino cruel la sorprendió.
Aquel conductor, ebrio al volante,
con su coche su cuerpo atropelló.
Murió lentamente en la carretera,
su nombre varias veces él pronunció.
El tiempo mató el ego de aquel hombre,
cuando ya era tarde, su alma lloró.
No quiso demostrarle cuánto la amaba,
el destino su felicidad condenó.
Perdió para siempre al amor de su vida,
y entre lágrimas su ausencia lamentó.
Olvidaste quererla en tu memoria,
el egoísmo sus ojos cegó.
Pensó que su indiferencia ganaba,
pero Dios de su lado se la llevó.