Sororidad

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Sororidad 2

Dicen que las mujeres no sabemos trabajar juntas; que somos malas entre nosotras y que, si podemos, nos ponemos la zancadilla una y otra vez.

Me han llegado a decir que, para temas de organización y administración, prefieren a una mujer porque nosotras somos más organizadas, más cuidadosas, sabemos dónde dejamos las cosas, cómo colocar, cómo gestionar, etc. Sabemos ayudar y estar en nuestro sitio.

También dicen que nosotras cambiamos muy bien los pañales, que cuidamos mejor, que tenemos más “mano” para las criaturas y para los cuidados en general. Hemos nacido para ello.

Si hay que quedarse cuidando en el hospital, mejor una mujer, pues tenemos el sueño más ligero y podemos estar más pendientes por si sucede algo.

A lo largo de nuestra vida nos han dicho tantas cosas, hemos tenido que escuchar tantas barbaridades que, al final, nos lo hemos acabado creyendo.

Nos creemos que no somos capaces de formar equipo con otras mujeres y trabajar todas a una. Confiamos ciegamente en que las labores administrativas y de secretariado las hacemos nosotras mejor y que una mujer liderando quiere decir que es ambiciosa, algo negativo en nuestro caso, una trepa, solterona, una bruja, mala con la familia porque se enfoca sólo en su carrera profesional.

Nos hemos acabado creyendo que sólo nosotras sabemos combinar colores de la ropa a la perfección y que nuestras coletas infantiles son mejores que las que pueden hacer ellos. De pronto no recordamos la cantidad de veces que hemos ensayado la profesión de peluquera con nuestras muñecas hasta que nos ha salido una coleta casi perfecta.

Nos han repetido hasta la saciedad, como un mantra, que nosotras tenemos algo especial que nos hace cuidadoras excelentes, que no lo dudamos ni por un segundo, adelantándonos a proposiciones directas de cuidados y quitando la opción de aprender y de cuidar a otras personas.

Solemos cargar sobre nuestras espaldas mochilas que no nos corresponden y no somos capaces de repartir las responsabilidades y de equilibrar la balanza para que todo sea más llevadero.

No nos cuestionamos nada de lo que nos dicen como mujeres; y quienes lo hacen, son llamadas “locas”, “exageradas”.

Nos creemos todo y no le damos la opción a ser la excepción que no confirme la regla.

La maldad, por ejemplo, está ahí, da igual el sexo que tenga la persona.

Somos capaces de trabajar juntas, aunque nos critiquen y nos pongan mil trabas. Ellos son capaces de cuidar, incluso con más mimo que nosotras si les permitimos aprender y equivocarse.

Vamos a empezar a cuestionarnos todo lo que nos han dicho, a no darlo por bueno, a creernos que somos capaces de hacer más cosas y que no todo tiene que pasar por nuestras manos. Vamos a aprender a desterrar roles que nos han impuesto, a soltar lastre que no nos corresponde y a dejar que las cosas no siempre se hagan como nosotras queremos o entendemos que están mejor.

Recomendación literaria: La princesa No de Martín Badia

Recomendación cinematográfica: La sonrisa de Mona Lisa

Autor

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED, Licenciada en Derecho por la USAL, Máster en Derechos Humanos y Máster en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED. Técnica de proyectos en prevención y sensibilización en materia de igualdad, violencia de género y sexual.