“Y si” llegó para quedarse.
Muy a su pesar, se instaló en un rincón de la casa, prometiendo que no molestaría, pero lo dijo cruzando los dedos y con una media sonrisa.
“Y si” la acompañaba a todos los sitios, creando una barrera casi imperceptible entre Ella y el resto del mundo.
“Y si” se sentaba con ella en el sofá y, sin discutir, como quien no quiere la cosa, le planteaba cientos de posibilidades, no ayudándola a tomar una decisión firme.
“Y si” fue creciendo sin apenas ser consciente de ello su compañera de piso.
Al final, ocupaba más espacio que Ella misma.
La había desplazado de tal forma, que Ella se sentía más pequeña de lo que en realidad era.
“Y si” se instaló en su trabajo, entre su familia, entre sus amistades, incluso se apropió de sus hobbies y pasatiempos.
“Y si” se adueñó de todo en poco tiempo.
Ella parecía un alma en pena.
Insegura, indecisa, olvidadiza.
“Y si” reía a sus espaldas y se hacía cada vez más grande.
Ella se miraba en el espejo y, convencida de que la imagen que le devolvía era real, su sonrisa se perdía y el brillo de sus ojos desaparecía.
“Y si” tomó posiciones, con el ánimo decidido de no abandonar el terreno conquistado nunca.
Se sentía fuerte. Ganadora de una guerra que, en realidad, no había terminado.
“Y si” confío en que lo había conseguido y no se percató de la pequeña luz, tintineante, que emitía un pequeño destello en algún rincón que había pasado desapercibido en la conquista.
Ella se levantó una mañana sin ganas, pero se miró en el espejo y algo vio en el fondo de sus ojos.
“Y si” estaba aún dormida.
Entonces, se atrevió a hacer aquello que había soñado tantas veces.
Se sintió bien.
“Y si” se estaba desperezando cuando sintió que algo no era igual al resto de días, pero lo dejó pasar.
A la mañana siguiente, Ella eligió el color para salir a la calle y enfrentarse al día tímidamente.
Con determinación iba a tratar de realizar otras de las tantas cosas que había guardado en el fondo del baúl por si salía mal.
“Y si” se encontraba desconcertada.
Así fue sucediendo día a día.
“Y si” fue viendo como su espacio era cada vez menor, aunque ganara alguna batalla.
Observó como aquel pequeño destello al que no le había dado importancia, iba tomando más y más fuerza.
Ella cada vez se sentía más fuerte y con más ánimo, a pesar de que, en ocasiones, “Y si” fuera pesada y lograra llevarla a su terreno.
De pronto, Ella se empezó a sentir con la fuerza suficiente para enfrentarse a “Y si” y rebatirle sus argumentos.
Ahora se encontraban en igualdad de condiciones y las batallas eran más justas.
Ella se volvió a mirar en el espejo y se encontró de nuevo con una sonrisa dibujada en su rostro.
Con un golpe seco y decidido de cadera, logró desestabilizar a “Y si” y mandarla fuera de la ecuación. De su ecuación.
“Y si” vagaba con pena, mientras Ella decidía si asumir nuevos retos.