Plaza Mayor de Salamanca: Hechos cronológicos

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Plaza Mayor de Salamanca 19

1728

(sesión del Consistorio de 7 de julio). La Plaza Mayor de Salamanca, se inicia siendo corregidor el mariscal de campo don Rodrigo Caballero y Llanes, quien decidió transformar la vieja plaza de S. Martín, situada en el centro de la población. Figura en el libro de Actas que tenía por objeto satisfacer las necesidades de portales o pórticos cubiertos a cuyo abrigo se puedan poner los que venden el pan, pescado, pesca, la cabritería, la recoba, las frutas y otros géneros, que con grandísimos perjuicios e incomodidades y gran embarazo para el tránsito de las gentes, carros y caballerías, se venden hoy, ocupadas las plazas y calles, y dificultan el preciso paso común.

Este informe sobre la construcción de la Plaza dice:

Bienaventurada entre las ziudades del mundo pudiera llamarse Salamanca como zentro de sabiduría si al paso de su Claustro y Comunidades han salido eminentísimos nombres en todas las facultades, que tanto han ilustrado nuestra nazión, y si al paso que los nuebos y gloriosos Reyes y Sumos Pontífices echaron el resto en las grandezas de sus privilegios, dotazión y fábricas reales…

La construcción de este centro tardó un cuarto de siglo, desde 1729 hasta 1755. Para llevar a cabo el ambicioso proyecto se nombró una comisión, integrada por don Juan de Barrientos y Solís, don Francisco Honorato y San Miguel, don José de Castilla, conde de Francos, don Juan Gutiérrez y don Francisco de Soria junto con el procurador general don Domingo Antonio de Guzmán. Habiéndose solicitado el correspondiente permiso de construcción al Consejo de Castilla quedó como encargado del proyecto el arquitecto Alberto Churriguera (1766-1750), que presentó las condiciones de la obra junto a su hermano Joaquín, el 13 de agosto de 1728.

Según costa en los Libros de Acuerdos Consistoriales de 1728, sign. 1-1, nº 112, fol. 149-152, la suma estrechez de las casillas que dividían a la plaza y unas pequeñas tiendas bajas que sirven de día y se zierran de noche, viéndose prezisados los del gremio de espeziería y otros que las tienen arrendadas a vivir, para comer, dormir y tener sus familias, en otras, porque aquellas tiendezillas de la línea, por tener quartos altos y ser muy corto su ancho y estar a tejavana carezen de habitaziones para la vivienda… así como una serie de razones de higiene, conveniencia, terreno de mercaderes, separación de territorios y conveniencia de todo tipo, el intendente corregidor alega la necesidad de la construcción de esta plaza por la línea que corre con la manzana de casas de la circunferencia de San Martín y que conbiene tirarla recta.

1729 (12 de enero)

El rey Felipe V autoriza los planos y construcción de la Plaza colocándose la primera piedra el 19 de marzo del mismo año. Dicho documento, firmado en Madrid, ante el arzobispo de Valencia y otros consejeros, y rubricado por don Miguel Fernández Munilla, secretario del rey y escribano de cámara, incluye un documento pericial firmado por el arquitecto Alberto de Churriguera y dado en Salamanca el 13 de agosto de 1728. En él detalla que encontrándose un pedazo de campo en lugar de Plaza con casas estrechas e indecentes, bajas y sin guardar simetría, la Corte desea formar una plaza espaciosa y bien formada, que sirviese como centro del pueblo y del comercio. Una plaza principal de utilidad pública, beneficio común y universal utilidad para el Ayuntamiento, dado que se trataba de una ciudad famosa en el mundo en donde los naturales y los extranjeros convivían. En esta provisión real se fija la tasa económica para facilitar la licencia y la facultad para la ejecución de la obra. Sería la parroquia de San Martín la más afectada por esta obra. Las condiciones en la ejecución de los pórticos y habitaciones queda reflejado en ese documento: Desde la línea de los cimientos que recibirían los machones y formarán los arcos de un pórtico continuado, con hasta diez pies de fondo, por lo menos, para incluir bodegas las quales se cerrarán con cañón de bóbeda de pizarra y cal de media vara de asta, dejando a dho. zimiento la escarpa nezesaria que será a lo menos un pie de cada lado.

En estas condiciones se pondrá la buena piedra tosca de la Pinilla en las zanjas y cimientos, los machones del pórtico irían en piedra de Villamayor de la de mejor grano y limpia de codones y gabarros, como también los arcos que zierran, que los machones hasta el primer suelo habrían de ir con pernios de hierro y madera de negrillo para mayor unión y fortificación.

El documento, sencillo y preciso, ultima hasta los más mínimos detalles de la Plaza Mayor que conocemos hoy. El punto séptimo dice que se ha de continuar todo el resto de las fachadas, en dos líneas desde el suelo hasta la última cornisa del remate, con la misma piedra franca de Villamayor formando las ventanas, pilastras, molduras, corredores, bustos y estatuas, todo bien labrado, sanado y ejecutado con toda perfección. Cada línea de ventanas habría de llevar su balconaje de hierro bien labrado, con sus carteles en tres alturas como se demuestra en las primeras havitaziones an de ser de vigas de terzia y quarta de los pinares de Oio Quesero y Navarredonda, las quales an de pasar a cargar en la pared que se formará en lo ybterior de las havitaziones, contrapuniéndolas en las casas que tubieren mayor fondo para mejor atamiento de la obra y escusar maderas de maior largo.

Incluso los interiores de las habitaciones quedan demarcados. Todas las divisiones y apartamentos deberían hacerse con azitarras de ladrillo y tabiques forjados en quarterones de a marco, con los suelos de las bobedillas y forjados de yeso. Toda la referida obras de dhas. dos líneas que tiene la que mira al norte doscientos y quarenta y zinco pies de largo y de fondo quarenta en su mitad y en la otra mitad sesenta, y la de oriente que mira a poniente doszientos y setenta y quatro de largo y de fondo sesenta en toda ella, executándose en la forma referida y según como se demuestra en las trazas, me pareze que tendrá de costa sesenta y seis mill ducados de vellón.

Se barajan varias fechas, en relación al inicio de la nueva plaza, aunque existe una placa conmemorativa en el Pabellón Real que señala ese día como el 10 de mayo de 1729. Anteriormente la idea apareció en un informe leído en el consistorio por don Rodrigo Caballero y Llanes con fecha de 9 de julio de 1728.

Los trabajos continuaron sin interrupción hasta 1735, comenzando de derecha a izquierda por el Pabellón Real concluyendo con la elevación del gran arco de San Martín. Fue el día 28 de julio de 1728 cuando se confirmó el estipendio destinado a tal efecto: unos 42.000 reales, con opción a una ampliación del mismo en unos 250.000 más. Se eligieron los comisarios de la obra, contándose entre ellos los corregidores don Juan Barrientos y Solís junto a don Francisco de Honorato y San Miguel. La intención era hacer llegar, con posterioridad, su solicitud al rey. Por ese motivo el alcalde don Pedro de Castilla, convocó a diferentes personalidades relevantes de la ciudad para que dieran su conformidad. De nuevo sus argumentos se basaban en la utilidad pública de cara al mercado y la renovación urbanística de la zona.

El permiso de ejecución de obra fue concedido por Felipe V en enero de 1729. Quizá lo más interesante de todo ello es que la motivación primordial fue satisfacer las necesidades de los ciudadanos por iniciativa del Ayuntamiento y no de la corona; de hecho, el proyecto lo consumó el Cabildo de la ciudad. Fue levantada entre 1729 y 1755; antes hallaríamos su origen en la plaza del mercado, llamada Azogue Viejo. Sin embargo, a medida que la ciudad se iba extendiendo hacia el norte, resultó imprescindible buscarle un nuevo emplazamiento y de ese modo consiguieron ubicarla en la céntrica plaza de San Martín.

Con el paso del tiempo y entrado ya el siglo XVIII, se consideró necesario edificar una plaza más amplia, más monumental, no sólo como escenario digno de los festejos que allí se celebraban, sino también con la intención de aportar mayor espacio para acoger a los ciudadanos. El enclave original era de aspecto irregular y trapezoidal con curvas de media luna en los lados norte y sur. De extendidas dimensiones, quedaba dividido por modestas viviendas de madera en el lugar que en el presente ocupa el Pabellón Real. Se designó como arquitecto al maestro mayor de la catedral, Alberto de Churriguera, tras lo cual se organizaron la Intendencia, Tesorería y Contaduría, desde donde se dirigiría esta empresa.

El reglamento fue aprobado en marzo de 1729. En su proyecto, Churriguera intentó crear un cuadrado perfecto sin lograrlo en plenitud puesto que hay una diferencia entre sus lados de unos diez metros. Ello fue debido a que el arquitecto se vio en la obligación de levantarla sobre un espacio ya existente, el que dejaban las casas de labranza y la iglesia de San Martín.

Sin embargo, parece que consiguió ser bastante fiel al diseño original. El edificio del Consistorio adquiere una particular relevancia, debido seguramente a que la Plaza fue costeada enteramente por la ciudad; no obstante, como deferencia hacia la personalidad del rey, tanto las armas reales como la imagen de San Fernando, así como la flor de lis, ocupan ubicaciones privilegiadas en la misma. Ha de destacarse cierta influencia francesa en la creación de medallones en las enjutas, con protagonismo de los reyes castellanos, aunque aparecen tan sólo en la parte denominada Pabellón Real.

Concluido el Pabellón Real se prosiguió con el de San Martín, donde aparecen héroes de la Historia Nacional. Destacan dos medallones de mayor tamaño, el de Santiago y el de San Fernando y como esculturas las cuatro que flamean en lo alto del campanario: la Fortaleza, la Templanza, la Justicia y la Prudencia (virtudes esencialmente unidas al concepto de un gobierno recto).

Junto a Churriguera es justo señalar el trabajo de sus ayudantes como los aparejadores Felipe Fernández (“cabeza redonda”), Pérez Estrada o el escultor Carnicero, así como todo un elenco de albañiles, herreros y cerrajeros acompañados del más variopinto personal administrativo.

1734

Se presenta el proyecto de la Casa Consistorial; sin embargo, el Consejo de Castilla inició una serie de enrevesados trámites que impidieron su realización inmediata. Así, por ejemplo, no aprobó las cuentas presentadas o recordaba diferentes leyes de protección urbana relacionadas con mayorazgos o capellanías, iniciándose por tal causa un rosario de pleitos con diferentes personajes tales como los frailes de Moreruela o el conde de Grajal.

1738

Alberto de Churriguera abandona Salamanca, siendo sustituido por su sobrino Manuel de Larra Churriguera.

1742. (27 de junio)

Se paraliza la obra, esta vez motivada por las quejas de algunos propietarios de las viviendas situadas en la acera Consistorial. Varios nombres facilitan una pronta solución, como García de Quiñones y Juan García Berruguilla, ambos arquitectos. El primero creó un nuevo proyecto de la Plaza, que disminuía la anchura de la Casa Consistorial, sustituyendo así el de Churriguera. Este último, sin embargo, retrasó aún más el reinicio de la construcción protestando ante semejante cambio.

1750. (23 de mayo)

Una cédula de Fernando VI exige la reanudación de las obras. De este modo concluyeron quince años de pleitos. A partir de ese momento podría hablarse de una segunda parte en la construcción de la Plaza, que iría hasta 1756. En estos años el Ayuntamiento sólo participaría en el caso de que los propietarios de las viviendas particulares no tuviesen recursos para hacerlo. La consecuencia de ello fue que ambos lados (norte y poniente) se elevasen al mismo tiempo. En esta ocasión fue nombrado maestro mayor de la obra Andrés García de Quiñones, lo que sin duda le acarreó serios enfrentamientos con Manuel de Larra, que aún continuaba siendo arquitecto de las casas de la Universidad. En esta etapa se construye la Casa Consistorial, así como las viviendas particulares de Solís, Grajal o Liseda, entre otros.

1752

Se coloca una balaustrada en el Ayuntamiento presidida por esculturas que simbolizaban el Comercio, la Industria, la Agricultura y la Astronomía, así como las tres campanas superiores y el reloj central.

1755

Cierre definitivo del espacio de la Plaza, sin rematarse nunca las torres de la Casa Consistorial. Por lo tanto, la construcción de la misma se llevó a cabo a lo largo de un periodo de 26 años, de los que habría que restar ese periodo de paralización de casi 16 años.

1784

El suelo inicial de la Plaza estaba elaborado con guijarros. De Saura y Sarabia realizó reformas en el casco urbano y empedró el recinto alumbrándolo con candiles de aceite.

1806

Con el Marqués de Sayas se colocan losas en los soportales, junto a faroles y el sumidero central. El 8 de abril se inaugura la iluminación con candiles. Se enlosa por vez primera y se excavan las hornacinas en los entrepaños de los balcones de la planta noble de la Casa Consistorial para albergar los bustos de Carlos IV y María Luisa de Parma.

1868

Durante la revolución llamada “La Gloriosa” se derriban los bustos de Carlos IV y de María Luisa de Parma.

1869. Se erige en el centro el primer ornato, una minúscula fuente con una farola en el medio. Progresivamente, con el paso de tiempo, ésta fue completada con una zona ajardinada.

1870. Apertura de la Pastelería La Madrileña.

1893. Se elimina la fuente, situando en su lugar un quiosco de hierro y granito, –obra de la Fundición Moneo– de planta octogonal para actuaciones musicales, que en 1928 se trasladó a la Alamedilla.

1896. Apertura de la Farmacia de Urbina.

1904. El rey Alfonso XIII inaugura la iluminación eléctrica, que consta de cinco mil lámparas incandescentes.

1905. Apertura del Café Novelty.

1911. Hay un intento fallido para completar la serie de medallones. El alcalde Íscar Peira se los encarga al escultor bejarano Mateo Hernández. No se coloca porque no se le pagan las 400 pesetas del trabajo.

1920. Con motivo de la Asamblea Eucarística, se ilumina la fachada del Consistorio. Desaparecen las estaciones sanitarias o urinarios públicos.

1921. Se cubre el suelo de adoquines y se separan los soportales y las aceras de la zona central, a través de la creación de un bordillo de granito.

1930. Aparece una normativa municipal para eliminar los toldos, teniendo su continuidad en junio del año 2000 cuando se retiran otros elementos y se arregla la plaza.

1942. El alcalde Bravo propuso la uniformidad de persianas y balcones.

1954. Desaparece la zona ajardinada, unificándose la totalidad del suelo, aportando al espacio unas losas de granito, financiado por el Ministerio de Gobernación durante la celebración del VII Centenario de la Universidad.

1963. Celebración de las “Cien mil horas de Matacán” colocándose un avión T-6 en el centro de la Plaza Mayor.

1974. Declarada Monumento Histórico-Artístico, por decreto de 21 de diciembre. Un bando del alcalde Pablo Beltrán de Heredia prohíbe el paso de automóviles.

1988. Se inicia la restauración total, que finalizará en el año 2001.

2002. Inauguración de la Capitalidad Cultural Europea.

2005. Onomástico coordinado por el intelectual Alberto Estella, que se celebra a la par de los actos que vitorean el IV Centenario del Quijote. El inicio de los actos coincide con el mismo día del fallecimiento del Papa Juan Pablo II, rematándose con la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

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Equipo de redacción de NOTICIAS Salamanca. Tu diario online. Actualizado las 24 horas del día. Las últimas noticias y novedades de Salamanca y provincia.