El análisis sobre el test de inteligencia emocional (Parte III)

- en Sociedad
test de inteligencia emocional 3

El pasado miércoles 24 de agosto publicábamos El análisis sobre el test de inteligencia emocional (Parte II) que continuamos hoy en su Parte III.

La pregunta que analizamos hoy es :

¿Sabes cuándo tus emociones están afectando la forma en que te desempeñas?

¿Qué significa si respondes “nunca”?

Significa que no tienes ningún conocimiento real sobre el comportamiento de tus emociones. Es más, no estás siendo autoconsciente, cuestión que venimos debatiendo en este serial sobre la inteligencia emocional, sobre el rol que en todo momento juegan tus emociones cuando tomas decisiones, en tu conducta, en tus relaciones interpersonales en el trabajo, etc. En todo momento, tenemos que tener en cuenta la relación entre emociones y parte racional, porque lo ideal es equilibrar ambas como verás en el desarrollo de esta Parte III.

¿Qué pasa si respondes “rara vez”?

Al menos admites que en alguna ocasión te has detenido a pensar en cómo un estado de ánimo, por ejemplo, enojo, que estabas teniendo, te estaba afectando en tu trabajo. Si esto es lo que en realidad has vivido en algunas ocasiones, deberías reflexionar al respecto, porque es un claro indicativo que en ocasiones puntuales fuiste muy autoconsciente sobre la mala jugada (o buena, quizás) que te pasaron las emociones en tu actividad de trabajo, o también en el plano personal. Porque si bien hablamos de desempeño, nos referimos a tu modo de conducirte, a tu conducta.

¿Qué indica cuando respondes “a veces”?

Si la respuesta es “a veces” es indicativo de alguna frecuencia con la que se te ha presentado (fuiste totalmente autoconsciente) sobre la relación entre tus estados de ánimo, los motivos que los provocaron y tu conducta, el nivel en que dichas emociones te afectaron negativamente tanto en el plano laboral como personal. Ha surgido en ti la necesidad de estar atento a este sentimiento y no temerle, sino querer conocerlo más cómo actúa e influye en tu vida, de manera de poder controlarlo mejor y ser tú el que tengas más influencia en tu desempeño futuro, no dependiendo tanto de emociones negativas sino sabiendo cómo gestionarlas mejor y convertir la negatividad en positivismo.

En caso de que siempre conozcas cuándo te afectan las emociones en tu desempeño

En el caso que tu conocimiento de ti mismo te ha llevado a una gestión bastante aceptable de tus emociones, especialmente las negativas, no tendrás que tener temor en el futuro por estados de enojo, rabia, exceso de ansiedad, etc. por el propio ritmo del trabajo, porque sabes que son cosas naturales que hay que gestionar y que no deben alterar el proceso de toma de decisiones.

Digamos, que los líderes efectivos que toman decisiones a diario, en las que operan conjuntamente factores racionales (datos, resultados, equipos, proyectos, etc.) junto a los emocionales (ambiente de trabajo, nivel de satisfacción de los empleados, confianza en el líder o también (muy importante) la confianza en ti mismo, logran que ambas (racionales y emocionales) estén equilibradas, que ninguna tenga un peso demasiado excesivo sobre la otra.

Buscarán el equilibrio que satisfaga a todas las partes interesadas en la toma de decisiones (accionistas, inversores, proveedores, empleados, etc.) y que todas estas partes interesadas vean que el desempeño de la organización y de la dirección, no se está llevando por personas exclusivamente racionales que no tienen sensibilidad alguna respecto al personal y que por contrario, son flexibles, tolerantes y preocupadas por el buen ambiente, el nivel de satisfacción de las personas y sus buenas expectativas de futuro.

Profundicemos en los procesos decisorios

Los procesos decisorios son algo común a nuestra naturaleza. Nos pasamos todo el día tomando decisiones, aunque muchas de ellas (la gran mayoría), se producen casi de manera automática. ¿Qué significa? Porque no vamos a perder tiempo (por ejemplo, invertir un exceso de minutos en ver si nos duchamos antes o después del desayuno) en hacer un análisis de los pros y las contras. O si vamos a tomar un café o un té. El análisis queda para aquellas decisiones que requieran de verdad un componente de racionalidad y lógica, por ejemplo, si vamos a enviar el nuevo listado de precios a los clientes o esperamos a hacerlo con la incorporación del último modelo de electrodoméstico que revolucionará todas las ofertas de nuestra plataforma.

En el momento en que tienes que tomar una decisión importante, ¿te dejas llevar por el instinto visceral o haces una lista detallada de los pros y los contras? No te apresures a responder que puedes equivocarte. Te explico: si nos guiamos por la intuición, puede ser una manera fantástica de sintonizar con lo que de verdad deseamos. A al punto, que incluso cuando tenemos que tomar decisiones que estén basadas en la lógica y el sentido común, más a menudo de lo que te imaginas están guiadas por la emoción. Pero no es una emoción loca y visceral, sino que hay un pensamiento, un razonamiento, pero que no debe ser excluyente de ese conocimiento que tenemos de las circunstancias en las que tomamos la decisión.

Aquí entra la experiencia, o el conocimiento que tengamos de las personas con las que estamos interactuando y tenemos que, a propósito de la conversación que estamos manteniendo, terminar tomando una decisión. O sea, nuestra intuición (una especie de tercer ojo como suele llamársele) nos da buena o mala espina respecto a ese acto en el cual decidimos. Por lo que, puedes ver con claridad, que las emociones forman parte de nuestras decisiones. Nos guste o no admitirlo.

Como todo en la vida, lo importante es buscar una armonía en el funcionamiento de nuestro día a día. Si entendemos el papel que juegan las emociones en nuestro proceso de toma de decisiones aprenderemos a hallar el equilibrio perfecto entre razón e intuición, y de esta manera poder inclinarnos hacia alguna de las opciones que tenemos que más favorezcan el proceso decisorio. Nos ayudará no solo a elegir mejor, sino también (y lo más importante): a vivir mejor.

¿Cómo afectan las emociones a las decisiones que tomamos?

Nuestro ordenador central (el cerebro) tiene capacidad de razonar y por supuesto, capacidad creativa, de innovación, intuitiva. El aspecto crítico de nuestro cerebro (el hemisferio izquierdo) opera simultáneamente a lo que nos dice la parte emocional e intuitiva (el hemisferio derecho). O sea que, las emociones nacen cuando nuestro cerebro interpreta lo que sucede a nuestro alrededor a través de nuestros recuerdos, pensamientos y creencias y, en respuesta a ello, adapta y acomoda mejor nuestra conducta de respuesta con nuestros sentimientos y emociones. Todas nuestras decisiones se ven influidas por este proceso de uno u otro modo.

Cada emoción influye a su modo en las decisiones que tomamos

En esos momentos de tristeza (que todos tenemos no, una sino muchas veces) a lo largo de nuestra vida, estamos mucho más propensos a aceptar cosas que no son las que más nos interesan o las que más nos convienen. Es el caso, cuando a un director de ventas le ofrecen un traslado a otra ciudad, a fin de poner en marcha un nuevo equipo de comercialización para la región de influencia.

Puede considerarse este cambio como un ascenso en su carrera, pero el estado de ánimo parece jugarle en contra. Puede llegar a negarse y quedarse en el puesto que está (si es que se le permite) o incluso, llegar a situaciones como ha sucedido en muchas empresas, que la negativa significa buscar otro trabajo en el mercado. ¿Qué ha sucedido? La tristeza, no le ha permitido (su estado de ánimo) llegar a comprender y valorar en todo su alcance lo que significaba esa promoción.

Los estudios de investigación demuestran que las personas más infelices son más favorables a aumentar las ayudas a los receptores de prestaciones sociales que da el estado, que las personas enfadadas, que carecen de empatía.

Las emociones no solo pueden influir en la naturaleza de la decisión, sino en la celeridad con la que la tomamos

¿Por qué puede darse esto? Porque una persona que está con un gran enojo (aunque sean circunstancias justificadas) respecto a cómo está viendo la situación en el departamento en el que trabaja, es frecuente que, en este tipo de situaciones, el enfado genere impaciencia y se termine tomando una decisión precipitada.

Cuando nos emocionamos, podemos tomar decisiones rápidas sin tener en cuenta todas sus implicaciones. Aunque también podemos acertar, porque tenemos confianza en lo que hacemos, en nuestra experiencia y por nuestro habitual optimismo para enfrentar el cambio y el futuro. Pero no siempre es así. Podemos lisa y llanamente “meter la pata” hasta el fondo, presos de una emoción que no ha dado lugar a nuestro análisis crítico. Todo ello nos revela que el instinto visceral desempeña un papel importante en el proceso de toma de decisiones

En términos generales la intuición que está acompañada por un estado de ánimo no favorable (estamos dudosos respecto a nuestra posición en la empresa o en equipo, o en la relación que estamos manteniendo con nuestro jefe inmediato), puede guiarnos en la dirección equivocada y puede llevarnos a juzgar mal una situación, a que tengamos prejuicios y tópicos (aunque se manifiesten de manera inconsciente, pero están ahí), así como a actuar de manera poco conservadora (más bien imprudente) y asumimos riesgos que con otro estado de ánimo gestionaríamos mejor.

Sin duda, si este ánimo es óptimo, por cómo nos está yendo este año en el desempeño del trabajo, la confianza en nosotros mismos y las que nos tienen el resto del equipo, entonces no está demás prestar buena atención a nuestro instinto, porque estamos tranquilos y equilibrando la parte racional y emocional de nuestro cerebro. En definitiva, lo que la inteligencia emocional nos viene a enseñar, es a buscar esta armonía de nuestro ser, porque somos un todo de sentimientos y raciocinio imposible de separar.

¿No debemos hacer caso nunca de la intuición?

Un claro ejemplo de cómo funciona nuestra intuición, es cuando en la evolución de hombre de la prehistoria, tenía que enfrentarse con animales salvajes, y que la primera reacción ante el peligro (instinto de supervivencia) era salir corriendo y poner distancia. A medida que evolucionaba nuestra especie, dominaba el fuego y las primeras herramientas de piedra, pudo fabricar armas rudimentarias, pero que junto al fuego y enfrentándose en grupo, les permitía rodear al animal salvaje, reducirlo y matarlo. También comerlo.

O sea, la intuición para salir corriendo y el conocimiento y la lógica de actuar unidos, para ganar el hombre sobre la bestia. Si no hubiera habido respuestas viscerales a situaciones de peligro, nuestra especie “homo sapiens” no hubiera sobrevivido. Pero como a diferencia de las otras especies que también convivieron con el “homo sapiens”, la nuestra tenía una inteligencia que le permitía ya por entonces razonar y reaccionar con emociones.

Es por ello, que cuando nos “da mala espina” una determina situación en la que nos encontramos, o, por ejemplo, la interrelación forzosa con un compañero de equipo que nuestra “química” nos está advirtiendo que algo va mal, porque estamos actuando con un equilibrio ente emociones y lógica, entonces hay que prestarle atención a esa luz roja de advertencia. Entre raciocinio y ese “olfato” que nos dice que algo va mal.

Puede ser, que en la situación concreta en la que nos encontramos en el equipo de trabajo, y que hay que resolver determinados problemas que se han presentado y pueden demorar la finalización del proyecto, una reacción emocional podría ser completamente infundada (no hay que excluirla) pero también podría servirnos para prevenirnos de un problema futuro que nos afectará en el trabajo de equipo, pero que además hemos incorporado pensamiento crítico, que automáticamente nuestro cerebro nos ha referenciado de manera clara (recuerdo objetivo) experiencias del pasado que debemos de tener en cuenta.

También, hay que resaltar una cuestión favorable a la intuición en la toma de decisiones: su rapidez.

Mayor compasión y sensibilidad por el otro

Vivimos un día a día de interrelaciones personales (en nuestro trabajo y a nivel personal), así como de las que son más indirectas, las sociales, pero que también son interrelación con otras personas. Las decisiones que adoptamos movidos por las emociones pueden ser más compasivas, sobre todo si afectan a otras personas. Cuánta más sensibilidad tengamos hacia los demás, la compasión, la tolerancia, el compañerismo, etc. serán más naturales y no forzados.

Cuando se trata de otras personas las emociones sí que juegan un rol importante en la configuración de las situaciones en las que nosotros estamos inmersos. Si hay un jefe comprensivo, tolerante, flexible y armonioso en sus relaciones con los demás, que busca el well-being en la organización, sin duda está alimentando la buena predisposición de todos los miembros del departamento y/o equipo a actuar de la misma forma. Las emociones positivas se contagian.

Cuando has ejercitado como líder el “mindfulness” (la atención plena) y estás muy interesado en que te conozcan bien como persona, que se vea que actúas según principios y valores que son los que también se exigen en la organización y de los cuales tú has contribuido a conformar la nueva “cultura corporativa”, estás favoreciendo que los aspectos emocionales intercedan siempre que sean favorables (las emociones y sentimientos positivos que están determinando los estados de ánimo) en las relaciones interpersonales, pero muy especialmente en la operativa diaria, de la cual, habrá una gran cantidad de decisiones que deban ser tomadas, para las cuales al menos, con esta conducta lograda con un liderazgo tan pendiente de la gestión de las emociones, será posible tomarlas con prudencia, cierta velocidad, confianza y expectativas de futuro.

La visión positiva vs. aquella negativa que depende de emociones que nublan nuestra mente, porque están también alimentadas por prejuicios y pensamientos que no ayudan a tener el sosiego necesario para tomar la decisión que se requiere. De ahí que tener equilibrio emocional y conocerse a uno mismo a este nivel profundo conlleva que puedes confiar en tu instinto.

¿Cómo ayuda la inteligencia emocional a tomar mejores decisiones?

La persona emocionalmente inteligente comprende mejor el impacto que las emociones pueden tener en la toma de decisiones, permitiéndole ser objetivo, pero lo más importante es que le evita que actúe de manera precipitada al tomar una decisión. En el 90% de los casos las personas emocionalmente inteligentes demostrarán una compostura tranquila y serán pragmáticas a su manera tanto la respuesta que den a un problema como la acción que emprenden una vez tomada la decisión.

La buena toma de decisiones es vital en el lugar de trabajo

Todos los líderes experimentados saben evaluar con aplomo y en base a datos (cuando cuentan con ellos), para tomar una decisión. Porque saben que la misma tiene un impacto para la empresa y el personal. De ahí, que la efectividad de un líder se basa (entre otras cosas) en saber medir anticipadamente y comprender el impacto que tendrán sus decisiones en el negocio y en otras personas.

Una mayor inteligencia emocional conduce a una mejor toma de decisiones. Esto se manifiesta en cómo el líder aborda la resolución de los problemas, o sea, la capacidad que tiene ​de encontrar soluciones específicas donde las emociones están involucradas y comprender cómo las emociones pueden afectar la toma de decisiones. Para ello es imprescindible mantener una capacidad de permanecer objetivo, comprender cuál es la situación real y tomar una decisión basada en lo que es esa realidad (no la que suponemos debe ser) y reconocer dónde las emociones podrían distorsionar nuestra percepción de la realidad, lo que nos conduciría a una pérdida de objetividad. Simultáneamente tenemos que controlar nuestros impulsos, identificarlos y ser conscientes que una reacción impulsiva anticipada también puede llevarnos a una decisión precipitada y que no se ajuste a la solución del problema al que nos enfrentamos.

La inteligencia emocional nos permite focalizarnos mejor en las soluciones mientras tenemos la capacidad de separar las emociones del problema. O usar las emociones (nuestra capacidad intuitiva) en ayudarnos a decidir, porque este tipo de personalidad emocionalmente inteligente es muy segura de sí misma, tiene una gran autoestima, una fuerte convicción y no se deja influir fácilmente.

Al ser autoconsciente, comprender la situación tal cual es, el líder comprende no solo su propia inteligencia emocional y su capacidad para utilizar todas las herramientas de las llamadas “soft skills” (habilidades blandas) de él, sino de todo su personal. Podrá crear conciencia sobre comportamientos específicos e identificar áreas de desarrollo. Es una herramienta extremadamente poderosa que es altamente efectiva que puede usarse en el lugar de trabajo y ayudará en el desarrollo personal.

Cuando el líder comprende cómo se sienten las personas de su equipo, le está dando facilidades en la dirección de personas porque cada una de ellas podrá administrar mejor las relaciones interpersonales, lo cual les hace más productivos, al mismo tiempo que satisfechos con el ambiente de trabajo.

Aprender a escuchar nuestras emociones

En síntesis, tanto las emociones como el análisis crítico nos ayudan a tomar decisiones positivas. Si comprendemos de dónde parten nuestras emociones y empezamos a ser conscientes de cómo afectan a nuestro pensamiento y comportamiento, nos facilitará cómo reaccionar ante ellas y estar en condiciones de tomar mejores decisiones. Si te esfuerzas a aprender a gestionar mejor tus emociones, en poco tiempo sabrás escuchar tu interior, darle importancia a la intuición en armonía con la lógica. A reaccionar de manera proporciona a la importancia de los hechos, no de manera visceral.

 

 

Autor

Vicepresidente del FORO Ecofin y director de www.ecofin.es , CEO de www.demuestra.com, Presidente del Instituto Ecofin de Liderazgo, coordinador académico de la Red e Latam del grupo Media-TICS. Puedes enviarme comentarios y consultas a jzunni@telefonica.net