Influencer, el fenómeno

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fenomeno influencer

Ahora influencer nos resulta una palabra conocida, incluso de por demás, nos lleva a pensar en gente como Dulceida, Ibai, gente con un alcance sin precedentes en las redes. Pero no hace tanto que le hemos dado un significado.

Fue alrededor de 2010, en el boom de las redes sociales como YouTube, Facebook o Instagram, que se acuñó el término. Las marcas comenzaron a utilizar a personas famosas como «embajadores de marca» anunciando en las redes sus productos. De repente miles de jóvenes pensaron «yo también tengo redes sociales ¿Qué pasa si yo también promociono marcas? o incluso ¿mi propia marca?». Las redes comenzaron a llenarse de personas promocionando su música, sus pinturas o simplemente, su estilo de vida. Y para unos cuantos, funcionó.

Al principio quizá había diferenciaciones de nombre según la red social en la que uno se hacía famoso, Instagramer, Youtuber… Personas como Dulceida (3.3M de seguidores en instagram), Alexandra Pereira (2.3M de seguidores en instagram), El Rubius (17,7M seguidores en instagram) o Vegeta777 (6,4M de seguidores en instagram) son algunos de los más veteranos en esta nueva profesión, que se aglutinó en Influencer.

Esta nueva forma de ganarse la vida, sin embargo, no está muy bien vista por las generaciones más veteranas. Algunos de estos influencer no tienen ningún tipo de formación previa relacionada con el márketing, aunque en el caso de Alexandra Pereira si que hay una formación universitaria, Licenciada en Derecho y Vegeta777 tiene una licenciatura en producción audiovisual. Pero cada vez es menos común que una persona que quiera dedicarse a ser influencer tenga en mente la realización de una carrera. ¿Por qué? Sencillamente, nadie te pide una.

Hasta ahora todos los trabajos «cualificados» exigían una formación universitaria o una experiencia demostrable en el campo, pero los influencer no tienen que entregar el currículum a nadie. Ellos son su propia marca y las compañías contactan con ellos según esa marca funcione o no en las redes.

En pocos años, hemos vivido desde la generación de los «Baby boomer«, en la que una formación universitaria prácticamente aseguraba un trabajo (sólo un 3% contaba con una titulación), a la generación «X» y «Millenial» (cuyos datos de titulados van de entre 19% a 36% de titulados), que no tiene asegurado un trabajo únicamente por haber asistido a la universidad.

Esto nos lleva a la generación «Z», que ha visto como una mayor formación no significa seguridad ni trabajo. Es un buen caldo de cultivo para que la «salida laboral» de lo influencer sea, al menos, apetecible.

¿El problema? Igual que la generación «X» y «Millenial» no «soportaba» la cantidad de titulados, puesto que en nuestra sociedad hay muchos trabajos considerados «no cualificados» en los que no es necesaria una formación universitaria, y por lo tanto llevó a una sobre cualificación de personas que ahora no encontraban trabajo, la sociedad actual se está viendo sobrepasada en cuanto a número de «influencers».

España es ahora mismo el país con más influencers del mundo, según la agencia de marketing digital Kanlli en 2020, el 50% de los jóvenes españoles entre 18 y 24 años estarían dispuestos a dedicarse profesionalmente a ser influencer. Actualmente hay unos 12.000 influencers en España que se ganen la vida con su trabajo en redes, el 64% ganando menos de 5.000€ al año y el 8% ganando más de 100.000€ al año. Menos del 10% se pueden mantener únicamente con su trabajo como influencers.

El problema de esta nueva forma de ganarse la vida no es el influencer en si, si no el poder que se le da y el público objetivo que tiene, niños y jóvenes de entre 13 y 25 años (dependiendo también del tipo de contenido), una edad influenciable y difícil para hacer juicios de valor, especialmente en una época en la que existe una sobrecarga de información y una dificultad cada vez mayor para discernir la que es veraz y la que no.

Hablamos de influencers que han utilizado su alcance para hacer promociones engañosas, llevando a miles de personas a gastar dinero en productos que no eran lo que parecían o ni siquiera existían, como por ejemplo el Fyre Festival, que prometió varios días de fiesta en una isla que había pertenecido a Pablo Escobar mientras estabas rodeado de múltiples personalidades y conciertos a todas horas. Resultó ser un completo desastre y los organizadores se enfrentaron a una demanda de 100 millones de dólares.

Personalidades como Kendall Jenner, Bella Hadid o Emily Ratajkowski promocionaron el evento en sus redes creado por Billy McFarland, que en medio de los asistentes al festival, ya en la isla, canceló el evento y desapareció (y cuando lo encontraron, lo metieron en la cárcel).

Otro caso muy polémico fue el de la influencer Myka Stauffer y su marido James Stauffer quienes recibieron críticas por dar en adopción a su hijo adoptivo después de haberlo promocionado en su canal de YouTube. Si, devolvieron a su hijo adoptado, Huxley. Un niño de dos años (allá por 2017) con autismo. El niño pasó de ser protagonista de los vídeos de la pareja, a desaparecer en 2020. Habían seguido un proceso de «disolución», como se llama en Estados Unidos.

Belle Gibson es otro ejemplo de desinformación. Esta influencer afirmó haber curado su cáncer con una dieta especial y una serie de tratamientos alternativos, pero luego se descubrió que había mentido sobre su diagnóstico. Nunca tuvo cáncer, y por supuesto nunca lo curó con una dieta.

Logan Paul, en enero de 2018, publicó un video en su canal de YouTube en el que mostraba el cuerpo de una persona que se había suicidado en un bosque de Japón. El video recibió críticas generalizadas por ser insensible y explotador, y Paul recibió una gran cantidad de críticas por su comportamiento.

Solo unos pocos casos de como el uso del poder de comunicación que tenían estas personas acabó de la peor forma. La sociedad cambia, la comunicación cambia, en un mundo cada vez más global, cada vez con mayor información y más facilidad para conseguirla, también nos encontramos con la problemática de como distinguir la información real del resto de morralla.  Que sirva este artículo a modo de reflexión acerca de de quién nos fiamos, y a quién le damos el poder de la información.

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Creadora de contenido digital. Experta en diseño gráfico, video y marketing.