Sucri, propietaria de El Cuchitril: “El arte no es caro”

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De padre sirio y madre española, nació en Madrid hace 44 años. Cursó sus estudios de primaria en el colegio Iraquí de Madrid y secundaria en el instituto Vega del Jarama. Viviendo entre dos culturas tan diferenciadas y teniendo un padre hostelero,  se trasladaron a Salamanca y montaron el Salam, un restaurante de inspiración árabe que abrió en 2001. Jóvenes y autodidactas, muy implicados en la vida social y cultural de la ciudad, inauguraron El Cuchitril, con el apoyo familiar, el 13 de diciembre de 2019.

¿Cómo surgió la idea de un negocio tan particular como este?

No había una idea preconcebida. Ni un estudio, ni un proyecto…Surgió un poco sobre la marcha. Me ofrecieron el local y se me ocurrió la idea de poner camisetas sobre obras artísticas. La obra vino con las camisetas y ha ido a base de aprender y de interesarme por lo que hacen los artistas e intentar generar un poco de red.

Nos sabemos si durará 21 años también, lo que es seguro, es que es un proyecto arriesgado y motivador. Es fruto de la casualidad, cuando tienes suerte y se van cruzando personas en tu camino que la mejoran y te devuelven ilusión, surgen trabajos empapados de cariño. Esperamos que la gente disfrute de nuestros productos, mimados y escogidos con toda nuestra coherencia; Materias primas sostenibles provenientes de empresas con certificado de trabajo ético.  Los mejores artistas y talleres locales  se han implicado en un espacio que pretendemos que sea algo más que una tienda al uso. Invitamos a la gente a que participe del interés que tenemos en crear un cuchitril de intercambio y muchas risas.

La ubicación es fantástica, estás aquí en la plaza del Corrillo… Creo que hay una historia curiosa detrás de ella, ¿puedes contárnosla?

Yo estaba jugando un campeonato de mus en el Alcaraván y no tenía compañera, no tenía pareja de juego y se ofreció una persona en el grupo de Whatsapp, la conocí, jugamos un par de partidas juntas y una tarde me dijo: se me queda un local libre, ¿no querrás alquilarlo para algo tuyo?… Yo entonces estaba pensando en hostelería, que era lo mío, es mi mundo. La idea era montar un fast food vegetariano. Le pregunté dónde estaba el local, me dijo que era en la plaza del Corrillo: Le dije por supuesto que sí, porque me encanta esta plaza. Estuvimos mirando todo el tema de licencias y el Ayuntamiento nos lo puso todo muy complicado. Entonces el objetivo era quedarnos con el local. ¿Qué hacer con él? No lo teníamos claro, pero era precioso, tenía una luz increíble, el sitio es maravilloso…

Luego atando cabos surgió que esta plaza había sido originalmente el escaparate cultural callejero de Salamanca: Aquí es donde se ponía Adares, era donde estaban los comerciantes vendiendo obritas, joyería… Entonces nos pareció una bonita idea asociarlo al arte. Poner en valor eso y reivindicar el espacio como zona originalmente cultural. Y así fue como surgió lo de las camisetas, lo de las obras…  y aquí está El Cuchitril.

Tú en origen ¿Qué formación tienes?

Ninguna. Me gusta el arte, pero soy una aficionada sin más. Tenía algún contacto con artistas, pero no el de todos. Uno de los que empezó conmigo fue Pablo Herrero, después se sumó David Diez,  y fuimos añadiendo gente a partir de ahí.

¿Cuántos artistas forman el colectivo?

Artistas en El Cuchitril ahora mismo habrá más de 60, pero en el núcleo duro ahora somos veinte, veinticinco.

¿Desde entonces has organizado muchas exposiciones?

Más o menos como una al mes. Eso fue al principio, después ya me fui relajando y empecé a extenderlas como en mes y medio, dos meses.

Imagino que es un trabajo muy gratificante…

Bueno, muy frustrante también…

¿Qué es lo mejor y lo peor de él?

Lo mejor es la satisfacción de la gente y que lo consideren un oasis, y lo peor es la frustración personal de no poder abarcar todo lo que uno quiere, a todo lo que uno aspira, aunque cada vez me fijo metas más cortas, para poder conseguirlas.

¿Qué metas tienes para el futuro?

Igual que empecé, no tengo planes…  sobre la marcha. No me he fijado ninguna meta, ni tengo un plan maestro, para nada…, según lo que vaya surgiendo, nos iremos adaptando a lo que venga. Ahora en verano, al ver que se hacían muchos murales en pueblos, he ofrecido murales de artistas a pueblos que estén interesados en organizar festivales de muralismo y por ahí tenemos alguna cosilla que estamos ofreciendo.

La gente también nos pide murales que es como más típico de estas fechas. Y seguir impulsando a gente, a artistas, a generar grupo, que vayan surgiendo grupos de amistad nuevos y colaboraciones nuevas… Ampliar 21g36h e intentar sacarla de Salamanca. Hay muchos pequeños proyectos, todos con visos de algo. No hay nada cerrado pero, ilusiones muchas.

¿Cómo has pasado la pandemia?

Pues en casa, como todo el mundo… Aprendiendo a manejar redes sociales porque yo soy analógica completamente, y con la ayuda de los artistas empezar a impulsar la página web, a gestionarla… Básicamente me dediqué a redes. Se hizo un bono, estando en pandemia, la gente compró bonos y se hicieron los changes cuando volvimos. La verdad es que cuando abrimos en junio, la acogida fue muy, muy, muy calurosa.

¿Hay más tiendas como ésta en otros lugares?

Fuera de Salamanca sí… en Madrid, en Barcelona… Las he visto en Berlín… Pero yo no me fijé en  esas tiendas como ejemplo. Sé que en Portugal hay una que hace camisetas con obras de artistas y esa me inspiró para lo de las camisetas. Bicheé un poco por ahí y sí que encontré esta tienda y me gustó. Venden arte, pero no así como nosotros, obra original y otra serie de formatos. Pero sí que hay modelos en Europa de este tipo de tienda. En el País Vasco también hay… Aquí tenemos Bellas Artes, lo suyo sería impulsar más este tipo de negocios en  ciudades donde hay también facultad.

¿Qué tendencias artísticas abarcas?

Todas las que me ofrezcan y me parezcan interesantes: pintura, ilustración, collage, grabado, joyería, pendientes artesanos, fotografía…

¿Cuál es la que te da más satisfacciones?

Todas, me gustan todas. Cada una en su estilo, cada uno en su género. Todas son muy satisfactorias y me encanta exponer, que la gente descubra que tenemos artistas tan buenos y tan conocidos, incluso fuera de Salamanca cuando la gente de aquí no los conoce. Eso me da un poco de tristeza.

Dentro el grupo que se ha ido formando, había muchos que se  conocían y unos trajeron a otros, pero tampoco se conocían todos. Esa red se ha generado a partir de El Cuchitril. Ha sido importante ponerles en contacto y que haya un espacio físico, que les reúna. Por ejemplo: están paseando, dan una vuelta por aquí y se van conociendo entre ellos. Y lo divertido de todo esto es cuando ves que la gente se encuentra con el artista y les hace muchísima ilusión. Eso es lo bonito. No es la idea del artista como algo lejano, inaccesible, sino que estás comprando su camiseta,  y de repente aparece por aquí. Y le dices mira esta es la persona que lo ha diseñado. Y esto a la gente le hace mucha ilusión…que les puedan contar directamente de qué va su obra, en qué se inspiran…

¿El concepto tiene que ver con el asociacionismo?

En principio la empresa no es una asociación. Es una empresa familiar. De mi familia y mía, lo que pasa es que yo estoy al frente de ella, pero mi tendencia sí, es la asociación. Primero porque yo necesitaba ayuda porque yo no vengo del mundo del arte, yo soy cocinera. He tenido un restaurante veinte años, y lo sigo teniendo, pero este no era mi mundo, entonces he necesitado mucho, mucho apoyo, y es la manera en la que las cosas van fluyendo. La necesidad que tenemos de unirnos y de ayudarnos entre nosotros, tanto yo como empresaria como ellos como autores; es la mejor manera y la más útil y más gratificante. Todos trabajamos, muchas veces sin esperar nada a cambio,  por generar ese feedback entre los propios autores y el comercio.

Como colectivo, ¿tenéis alguna filosofía?

No, porque la idea de colectivo se ha generado hace muy poquito, como tal. Nosotros no funcionamos como colectivo. A nivel personal, sí somos un colectivo, pero no de forma oficial. Lo fundamental para nosotros es ser honestos con la gente, estar a pie de calle, reivindicar que el arte no es caro, que el arte no es sólo para gente de dinero, que no es elitista, que hay muchas maneras de adquirir arte y que no es necesario comprar una lámina de IKEA, que por el mismo precio puedes tener obra original de artista local de muchísima calidad, que no se valora,  y obras artesanas, obras hechas a mano.

Se trata sobre todo de acercar el arte a la gente y decirles que el arte no es caro, que sólo hay que darle su valor. Hay que otorgarle su valor y darle al artista el valor que tiene,  pero no tiene que ser caro. Los artistas no dejan de ser trabajadores,  son curritos, pero de otra manera. No se les va a poner ni por encima, ni por debajo de cualquier otro trabajador.

¿La diversión es algo importante en tu planteamiento del negocio?

Sin diversión esto no valdría la pena, como en casi todo en la vida. Ese es mi lema, yo he venido aquí a pasármelo bien…

¿Crees que la pandemia y la situación que estamos viviendo cambiará la visión de la gente?

No, yo me he desencantado en ese sentido. No creo que las cosas vayan a cambiar así de golpe. Esa es una labor del día a día… de explicarle a la gente cómo funcionan las cosas, de lo bonito que es el grupo, de lo emocionante, lo ilusionante, pero ninguna pandemia va a cambiar así drásticamente a la gente. Las cosas se hacen poco a poco, enseñando, educando, haciéndoles perder el miedo a adquirir y a consumir arte.

Un sueño…

Vivir tranquila, que el negocio sea económicamente viable,  y volver a ganar tiempo para mí. Tener la tranquilidad de no andar agobiada y asfixiada  a final de mes… pero no tengo grandes  sueños. Vivir de mi trabajo honradamente, sin grandes pretensiones.

Nuestra idea no es: Hoy vamos a llegar al Reina Sofía; Es más gratificante para mí que alguien cuelgue en su salón una obrita de alguien de aquí, que llegar a exponer en sitios grandes.

Muchas gracias por esta invitación a entrar en El Cuchitril. Te deseamos toda la suerte del mundo. Nos veremos en las exposiciones.

Autor

Virginia Seguín
Periodista licenciada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Máster en Comunicación en entornos digitales por la Universidad Camilo José Cela.

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