Casi sin bajarnos del autobús liguero, como quien dice, nos subimos al avión de la Copa del Rey. Cierto que son las primeras rondas, cierto que el rival tampoco es el Barça ni el Real Madrid, pero el ‘torneo del KO’ siempre tiene algo especial y el Alcorcón no deja de tener cierto ‘pedigree’, especialmente en esta competición, donde el equipo se hizo un hueco en el panorama del fútbol nacional tras eliminar al Real Madrid goleándolo. El equipo, un clásico del fútbol madrileño, que esa temporada llegó a octavos de final y que ha llegado a estar en la Segunda División del fútbol español (ahora está en Primera RFEF).
No va a despertar en la afición la ilusión de un Primera, pero a buen seguro que, quien más, quien menos, tiene algo ahí que le hace estar expectante ante el partido del miércoles. Además, el hecho de jugarse en el Helmántico, pues te da como un plus y aunque no es que el rendimiento del conjunto blanquinegro en su feudo sea algo para tirar cohetes, es cierto que el último 5-1 ha dejado un buen sabor de boca, independientemente de si se jugó mejor o peor. En ese sentido, yo siempre les he dicho que ni los jugadores son tan malos en algunos partidos ni son tan buenos en otros, que hay un grupo de jugadores sobrados para la categoría, pero que necesitan un poco de cemento que agarre. Vamos, que es una buena plantilla, pero algo corta y con alguna ‘fisurilla’. De si trabajan más o menos, o si deben hacerlo, de si son mejor o peor tácticamente, de si están más o menos trabajados, pues la verdad es que no tengo elementos de juicio suficientes, así que el que sepa, que juzgue.
Pero ‘al turrón’. Después de lo del Bergantiños que fue como el ‘desastre de la armada blanquinegra’ que no era invencible, pero que nunca había caído tan bajo como en ese partido (quería haber escrito sobre él, a ver si el tiempo me lo permite), parece que el equipo se va rehaciendo. No es para volverse loco, pero, al fin, ha vuelto a la senda de la victoria, camina cómodamente en la tabla y no está tan lejos del objetivo marcado por sus directivos, es decir, cerca del ‘play-off’ y creo que se mide en la próxima jornada al colista. En ese sentido, la Copa llega en un buen momento, al menos en un momento ‘trampolín’. Es decir, cada partido puede ser un punto de inflexión, para lo bueno y para lo malo y si hace unos días todo el mundo era pesimista (hoy sigue habiendo muchos), al menos la mayoría de la gente se ha tranquilizado. Es cierto que esta afición tampoco necesita mucho. Siente los colores como nadie y les basta cualquier chispa para preparar un incendio de apoyo al equipo. Que hay muchos seguidores autocomplacientes es verdad, que hay otros temerosos por la posición de los propietarios, también, pero la mayoría son unos auténticos incondicionales que, aunque se tengan que morder el labio, no sueltan la bandera con el escudo de su equipo ‘así los maten’.
Así que, esperemos que el tiempo sea benigno y que el equipo haga lo que debe y, ¿por qué no?, que sus aficionados sueñen. No es ninguna utopía que eliminen a los madrileños y luego que venga quien quiera. Sería bueno para la afición, para los jugadores y para toda la ciudad. Siempre he pensado que la llegada a la ciudad de equipos importantes es algo bueno. Principalmente en lo económico, aunque en este momento no creo que todavía llegaran ‘hordas’ de aficionados de ningún equipo, pero sí es algo muy positivo en cuanto a mentalidad e imagen. Además, puede ser un buen acicate para este Salamanca UDS donde la entrada de nuevas personas a ayudar en la gestión llegó como en Regalo de Reyes, pero últimamente el efecto se ha ido diluyendo como un azucarillo en el café.
Ahora, aquí les dejo. El miércoles es noche de Copa. Que ustedes la disfruten.