Tampoco se crean que es fácil esto de escribir periódicamente. A veces la prudencia te invita a espera, otras no te salen las ideas, en ocasiones te tienes que morder la lengua al estar en una esfera pública y, a menudo, te da la impresión de estar escribiendo algo que, o ya lo ha escrito alguien también, o tú mismo te estás repitiendo.
Lo de la doble cara del Salamanca UDS, su cara b, su bipolaridad, es algo que me suena, pero, como comprenderán, ponerme ahora a revisar me llevaría más tiempo del que tengo y, además, entiendo que procede hablar de ello, sobre todo tras pasar del ‘ridículo’ ante el Bergantiños, al buen partido ante el líder, Numancia del pasado domingo.
Tengo pendiente hablar del encuentro ante el Bergantiños, pero como ven con las comillas, la cosa se va suavizando. Y es que el fútbol, como decimos siempre, son eso, resultados, son exámenes cada siete días y, si los vas aprobando, nadie te va a reprochar nada. Es más, tendrás el premio final. Es como los hijos. Nos hemos acostumbrado a decirles que ellos lo que tienen que hacer es estudiar, que nos hemos olvidado de formarles en otras cosas de la vida, por lo que ellos cumplen y se hacen los dueños del resto de su vida sin dejar intervenir ni siquiera a sus progenitores (al menos, esa es la experiencia propia y corresponde a la mayoría de los casos que conozco).
Pues el Salamanca UDS es eso. Puede tener ‘ceros’ en numerosas asignaturas, que si, de repente saca un notable, pues ya se olvidan de los primeros y caen en la autocomplacencia. El más claro ejemplo lo tuvimos el año pasado donde el equipo pasó de una nefasta primera vuelta a una más que aceptable segunda vuelta en la que, además, los resultados acompañaron, y a un ‘play-off’ en el que lograron el objetivo. Fiesta y felicidad para todos. Sin embargo, si analizamos en profundidad, la segunda vuelta siendo buena, no fue brillante y la fase de ascenso no fue tan contundente. Es más, el ascenso estuvo en un gol quiero recordar y quiero recordar también que el equipo charro si fue superior a sus rivales, sólo lo fue en fases pero… ¿se acuerda alguien de todo este rollo que yo también trato de recordar a vuelapluma? Pues no. La gente se acuerda del ascenso y el resultado, cuando es a final de una temporada, siempre es merecido, así que pensemos en el presente y esperemos que ese partido ante el Bergantiños pueda ser un punto de inflexión cara al futuro.
De la plantilla yo se lo he dicho mil veces, creo que hay jugadores de sobra para la categoría. ¿Qué habría que apuntalarla? Pues también, pero ni los jugadores eran tan malos como el día del Bergantiños ni ahora son las ‘perlas de la Masía’. Son jugadores, la mayoría, con trayectoria contrastada, que saben dónde están y que unas veces lo harán mejor y otras peor, pero que no se les olvida jugar de un día para otro. Y si cometen errores, tampoco hay que achacarles a ellos toda la responsabilidad.
Lo que sí quiero destacar después de este pequeño análisis, es lo de la afición. Será la enésima vez que lo hagamos, pero la respuesta que da es tremenda. Yo pensaba que la asistencia al campo el domingo iba a bajar respecto a partidos anteriores, pero el aspecto que presentó el Helmántico (aunque no haya cifra oficial de asistencia, que parece que hay gente que no duerme pensando en ella) fue excepcional. En el tema numérico basta con hacer un repaso visual de la grada para hacerse una idea del apoyo y de la fidelidad de la sufridora afición que, además, apenas hizo el más mínimo reproche ni a los jugadores, ni a los técnicos, ni al palco. Esos si que son campeones de Liga en lo suyo. Ahora hace falta que les acompañen.