“Subidón”, “ya era hora” o “por fin” eran las exclamaciones que más se escuchaban el pasado domingo en el Helmántico al término del encuentro del Salamanca UDS ante el Langreo tras la victoria blanquinegra por 1-0. Después de la friolera de seis partidos sin ganar, de haber marcado sólo tres tantos en doce partidos y de empezar a coquetear con el descenso, el Salamanca UDS se reencontraba con la victoria. Lo hacía en el mejor escenario, el Helmántico, aunque lo hacía ante una afición disminuida. No se recuerda una entrada peor ni siquiera en Regional y eso que hace apenas tres semanas el club regalaba un carnet a cada abonado. Sin embargo, los 1.250 espectadores (cifra facilitada por el club) parece, incluso, una cifra demasiado alta para el aspecto que presentaba la grada. Eso sí, unos cuantos ‘locos’ del Fondo Sur volvieron a las andadas y, por primera vez en toda la temporada, se dejaron oír durante los noventa minutos. No eran muchos, pero en esta ocasión si se hicieron notar en medio del gélido ambiente que no invitaba a muchas alegrías.
Tras el triunfo, las redes sociales, ese termómetro de la realidad, empezaban a concentrar las opiniones de los aficionados más activos. Algunos de ellos ya empezaban a hacer el cuento de la lechera. De aquí a fin de año dos victorias fuera, luego viene el Pontevedra y si se le gana o empata nos metemos arriba de nuevo.
Y es que el fútbol, por mucho que diga la gente, tiene ese componente competitivo que es inherente a la misma práctica. Nadie juega para perder y, por mucho que haya gente que trate de auto convencerse, si tu equipo te da un disgusto, lo más probable es que la cena te sepa a ‘trapo’ o, incluso, alguno, ni siquiera cene. Es cierto que siempre hay alguna excepción, pero son las menos. Cuando tu equipo se instala en la derrota, la frustración, la desesperación y la desolación se convierten en una desidia que te acaba separando del equipo. Sigues amando a tu escudo, sigues soñando en grande, pero hay veces que las ganas de ir al estadio, con apenas uno o dos grados, un domingo, después de comer con la familia y tal, se marchan y pensando que el disgusto te lo vas a llevar igual prefieres llevártelo a través de Be Soccer o de Futbolme. Al menos esas dos horas te evitas el sufrimiento y la angustia.
Pero esto es fútbol y siempre hay una reválida cada siete días. Ningún equipo pierde eternamente y ningún equipo va a ganar todos los partidos. Lo importante, al final, es ir sumando y mantener una continuidad. Para ello hay que ser muy fuerte tanto física como, sobre todo, mentalmente. Saber dónde estás y lo que tienes y dar el máximo. No ganarás siempre, pero al final, un día u otro, los resultados positivos aflorarán, o se irá la mala suerte. El Salamanca UDS llevaba varios partidos mereciendo más, pero por ‘h’ o por ‘b’ (llámenlo falta de eficacia, errores defensivos, arbitrajes erróneos,) todo se le volvía en contra.
Hasta que llegó este domingo y Carrasco desataba el delirio en la poco poblada grada charra. Sin embargo, si ustedes se fijan, desde ese tanto cesó la lluvia o, como se suele decir… “ya llueve menos”. A pesar del ‘+3’, el equipo sigue en la misma posición de la jornada anterior, en puesto de ‘play-out’. La diferencia es que la confianza, la motivación, las ilusiones, las caras, son otras. Y eso es el fútbol en realidad.
El Antonio Calderón del “Calderón te quiero” y el del “Calderón vete ya” son exactamente la misma persona. La misma. Ni sabía menos haces tres semanas ni sabía más hoy. Ni tenía manía a Manín ni a ningún otro futbolista. Estoy seguro que ha puesto en cada partido a aquellos once que consideraba iban a dar un mejor rendimiento para el camino y que iban a hacer más corto el camino hacia la victoria. Y tengo la seguridad que cuando saca a un futbolista o saca a otro tendrá sus motivos y, aunque no siempre se puedan hacer públicos, serán de peso. Ya sea porque el futbolista haya estado mejor o peor durante la semana, porque el rival tenga unas u otras cualidades, por no dar pistas al contrincante, etc… Luego ya está que esa decisión sea acertada o errónea, pero si uno se deja guiar por la opinión de la gente, es difícil que todo el mundo coincida. Habría que sacar tantos onces titulares como aficionados hay. A unos les gustará Carmona, a otros no, unos preferirán a Manín antes que, a Jairo Morillas, uno entenderá que debe jugar uno de media punta o en punta. Miles y miles de opciones. De hecho, les confieso que el domingo, justo antes del golazo de Carrasco, yo comentaba con mi compañero de grada lo despacio que subía al ataque y, en cambio, ‘zasca’ para un servidor.
Lo único cierto es que todos defienden la misma camiseta y el mismo escudo y que esa camiseta y ese escudo son el de esa afición y que esa afición debe estar hasta el final. Con todo. Sin ambages. Y disfrutar la victoria y estar fastidiado con la derrota. Pero olvidarse ya de si yo soy más del equipo porque voy o porque viajo o todas estas afirmaciones que lo que hacen es dividir. Cada uno vive su equipo como quiere o como puede y los carnets de equipo los dan los responsables administrativos en la tienda o en la oficina.
Baste un ejemplo. El Pontevedra, por jugadores, será probablemente la mejor plantilla del grupo. Lleva seis victorias en ocho partidos y, a pesar de ello, sigue a cinco puntos del liderato. Y es que estas categorías son de largo recorrido. Nadie asciendo ni desciende en noviembre. Lo que ahora es blanco, dentro de tres partidos puede ser negro. Como me decía el otro día Don Vicente del Bosque, “ni ser exagerado en la victoria, ni tener mucho dramatismo en la derrota”. Ese debería ser el camino a seguir.
Pero es de entender que las aficiones vivan en una constante montaña rusa en la que una victoria te lleve a la gloria emocional y una derrota te acerque a la depresión. Por eso hay que saber apartarse de ambos extremos. Saber que siempre que llueve escampa y que el domingo que viene hay otro examen y la única forma de aprobar es prepararlo bien, de la mejor manera posible. Disfruten de la victoria y sueñen grande, pero no pierdan nunca la perspectiva. Y en los peores momentos piensen también que todos, todos los días sale el sol.