Con el alma hecha pedazos,
le susurró un firme adiós al amor.
Un diablo vestido de hombre,
engañó cruel su humilde corazón.
En sus sueños fue princesa,
libre, sin miedo, sin dolor.
Pero al despertar, ese día la vida,
destrozó de nuevo su ilusión.
Su padre la abrazó en silencio,
y en su pecho la acurrucó.
Sobraban todas las palabras,
con su amor… Su herida calmó.
También su fiel alma sangraba
al ver a su pequeña sufrir;
su mirada fue siempre un refugio,
a su hija no quiso mentir.
Protagonista de una obra de teatro,
que jamás ella imaginó.
Dio su alma a quien creyó su niño…
Y él, cruel, la traicionó.
Con el alma hecha pedazos,
sus lágrimas de su rostro secó.
Miró enamorada a la luna,
y su mundo se oscureció.