Incertidumbre

- en Firmas
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Lourdes Francés

El ser humano apenas tiene capacidad para ser el actor principal de su propia vida; de hecho en muchas ocasiones se tiene que conformar con ser un mero comparsa dentro del gran teatro del mundo.

Aunque con frecuencia lo intente, el común de los mortales no puede manipular la realidad a su antojo tanto como quisiera; ni tiene en su mano conseguir que cuantos le van acompañando a lo largo de su existencia actúen como títeres obedientes a sus órdenes para satisfacer su capricho; ni tan siquiera puede dominar su propia fisiología para que sirva a sus fines e intereses de forma indefinida, sino que con pertinaz insistencia tanto las leyes de la genética como el propio medio ambiente donde se desenvuelve y en definitiva lo que denominamos “vida” se confabulan para ir en su contra, permitiendo que los lentos e inexorables procesos involutivos que acontecen en el devenir de la existencia se adueñen de ese cuerpo que antes lucía joven y lozano y después degradado y caduco, por mucho que cada uno haya intentado frenar como buenamente ha podido el avance del deterioro psico-físico que va implícito con la vejez.

Vivir supone para toda la especie humana tener que sortear peligros innumerables que nos acechan y nos bombardean a cada inspiración. Salimos indemnes habitualmente porque tomamos pocos riesgos y porque tenemos la suerte de nuestro lado, pero es evidente que hasta las personas que más se cuidan desde la infancia sufren los embates de la degradación física y mental que nos llevará en algún momento y sin remisión a la enfermedad y a la muerte.

Creo firmemente que conseguimos levantarnos cada día y afrontar nuestras obligaciones cotidianas porque no cuestionamos a cada instante nuestra finitud. Respiramos, nos alimentamos, nos desplazamos, trabajamos, nos divertimos, amamos, sentimos, sufrimos, luchamos, nos esforzamos, descansamos, dormimos… porque se nos olvida que la muerte puede estar esperándonos tras una esquina.

Pero hemos de ser plenamente conscientes de que nuestra voluntad, por muy poderosa que sea, no puede frenar ni prevenir los desórdenes que en tantos casos vienen determinados por la genética individual y que por desgracia nos alcanzarán por mucho que pretendamos rehuirlos a pesar de llevar una vida razonablemente sana.

La incertidumbre que cada uno experimentamos ante el devenir de nuestra propia existencia mortal produce miedo y no existe nada que paralice más cualquier mecanismo defensivo que tener miedo.

Vivir nuestra vida con valentía, con arrojo, dándolo todo con la firme voluntad de ser mejores supone un esfuerzo diario que debemos ser capaces de pagar si queremos ser útiles a los demás en el puesto que cada uno ocupamos en los distintos círculos en los que nos movemos y relacionamos.

Entonces es posible que vivir en plenitud se reduzca a pensar menos, desterrando de paso los temores inconsistentes que nos cercan y disfrutar más del regalo que supone la propia existencia, poniendo en marcha para lograrlo todo el potencial que cada uno tiene y que con frecuencia ignoramos poseer.

Autor

Lourdes Francés
Cirujana Ortopédica y traumatóloga. Runner popular.

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