Historias de amor, tesoros y muerte: leyendas que alberga la ciudad salmantina

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Una leyenda es una narración popular que cuenta un hecho real o fabuloso, adornada con elementos fantásticos del folclore y que se transmite de forma oral. Salamanca es una ciudad dotada de mucha historia, y desde su nacimiento, sus habitantes han alimentado a las generaciones consiguientes de fábulas y mitos. En este artículo os traemos tres de las leyendas más misteriosas que esconde la ciudad.

La Casa de las Conchas es una de las construcciones más emblemáticas de la localidad salmantina. Fue levantada a finales del siglo XV y principios del XVI por orden de Rodrigo Maldonado de Talavera y a día de hoy es una biblioteca pública. Su característica fachada compuesta por más de trescientas conchas siempre ha llamado la atención de los viandantes y les ha instigado a crear teorías para dar respuesta al por qué de esa forma. Aquellos que se guían por la lógica y reniegan de hipótesis más fantásticas o inverosímiles defienden que el uso de este tipo de molusco tiene como objetivo hacer hincapié en la pertenencia de Rodrigo Maldonado a la orden de Santiago.

Otras teorías hablan de que fue un galardón del mismo noble hacia su esposa Juana Pimentel, ya que el símbolo nobiliario de su familia era la concha.

Pero sin duda, la leyenda popular favorita es la que cuenta que la familia propietaria depositó su fortuna bajo una de las conchas. Otra teoría defiende que una de ellas esconde una onza de oro, lo cual no parece tan inverosímil teniendo en cuenta que en épocas atrás, era tradición depositar una moneda bajo los cimientos de la construcción porque esta atraería prosperidad.

Una de las leyendas más aterradoras de la ciudad tiene como punto clave la Cueva de Salamanca. Este lugar fue una cripta que pertenecía a la antigua iglesia de San Ciprián, un templo románico que se construyó en el siglo XII y desapareció en el XVI. La historia cuenta que en dicha caverna impartía clases el mismísimo diablo, llamado Asmodeo, en forma de sacristán, a siete alumnos y durante siete años. A cambio, uno de ellos debería entregarle su alma para siempre. La mala suerte la tuvo Enrique de Aragón, Marqués de Villena, uno de sus pupilos. Al no aceptar su destino, le hizo frente a Satanás, pero este se apropió de su sombra. A día de hoy, se dice que todavía se puede ver a una figura humana paseando por las calles de la ciudad sin sombra. Este lugar ha sido foco de historias para muchos famosos escritores como Miguel de Cervantes, Francisco Rojas Zorrilla, Juan Ruiz de Alarcón o el autor inglés Walter Scott.

Siguiendo la línea de las leyendas aterradoras cabe mencionar el caso de la Casa de las Muertes, en el número 6 de la calle Bordadores, levantada en el siglo XV por orden del arzobispo de Fonseca.

Cuenta la historia que, en el año 1467, una joven llamada Elvira Manzano habitaba en la casa. El noble Don Diego Monroy, se enamoró perdidamente de la fémina, pero su amor era imposible dado que por entonces, en Salamanca había una guerra entre las dos familias más poderosas de la ciudad: los Manzano, a la que pertencía ella, y los Monroy, a la que pertenecía él. Don Diego decidió elaborar un plan para secuestrar durante la noche a su amada, junto con la ayuda de sus dos amigos, Tello e Íñigo, y la del sirviente de los Manzano, Altamirano. La noche en cuestión, el criado, dominado por la culpabilidad, advirtió a la joven, y Elvira optó por simular su muerte. Mientras Don Diego temblaba de dolor al contemplar la imagen de su amada, que yacía en el suelo de aquel salón, Tello e Íñigo encontraron un desván. Cuando llegaron abajo, estaba la madre de Elvira, Doña Mencía de Asuero, junto a los dos cadáveres de sus hijos, que fueron decapitados por María la Brava. La puerta se cerró y Tello e Íñigo no volvieron a salir jamás. Años más tarde, se encontraron cuatro cadáveres en los bajos del edificio, noticia que aterrorizó a la población salmantina, y que llevó a bautizar la vivienda como la Casa de las Muertes.

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