Matilla de los Caños (1936): Franco fue nombrado Generalísimo

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aeródromo de San FernandoEl aeródromo de San Fernando

Si hay un punto de partida de lo que sería la dictadura personalista que duraría hasta cuarenta años después, puede fijarse el 21 de septiembre de 1936 en Matilla de los Caños. En esta pequeña localidad salmantina de poco más de seiscientos habitantes, localizada en el Campo Charro, se produjo la reunión definitiva de los generales y coroneles golpistas, que con el fin de unificar el mando en busca de una mayor eficiencia en la guerra, en que eligieron a Franco como jefe supremo.

El nombramiento se llevó a cabo en un barracón perfectamente camuflado en medio de un campo de encinas que la aviación alemana, enviada por Hitler, en apoyo a los golpistas, había convertido en pista de despegue, conocido como el aeródromo de San Fernando. Un lugar completamente desconocido e ignorado hoy, casi 87 años después de ese momento crucial para el trágico pasado de la Historia de España.

En una falsa caseta simulada años después, para la celebración de los 20 años de Franco como jefe del  Estado,  y que hoy se encuentra en el Museo del Aire en Madrid, figura la inscripción:  “Aquí fue designado Generalísimo de los ejércitos y jefe del  Estado el Excelentísimo Señor Don Francisco Franco Bahamonde”.

Salamanca tiene por tanto un lugar relevante en la trágica Guerra Civil española. De todos es sabido, que la ciudad fue cuartel general de los golpistas. El entonces obispo Plá y Deniel cedió el palacio episcopal, situado casi en frente de la catedral, a Franco para que fuera su sede durante la Guerra  Civil.

El decreto 138 de la Junta de Defensa Nacional firmado el 29 de septiembre de 1936 y publicado el 1 de octubre en la zona dominada por los militares sublevados, nombraba a Francisco Franco jefe del Gobierno del Estado Español. En la práctica suponía la extinción del órgano que lo emitía y la aparición de un único nombre omnipotente, al frente de ese nuevo país.

Franco a partir de este momento lo era todo, jefe del Gobierno, del Estado, cabeza del ejército de tierra, mar y aire y como tal, mando supremo de las operaciones militares contra el Gobierno Legítimo que acabó derrocando por la fuerza.

Hasta 1946 en que la Diputación de Salamanca decidía erigir un monolito y una capilla en homenaje a Franco, no volverían a recordarse los hechos; Se encarga la capilla al arquitecto Eduardo Lozano Lardet con importantes  obras en Madrid y Valladolid, incluso en la propia Salamanca donde trabajó en la construcción del Hospital de la  Santísima Trinidad y como urbanista en el diseño del ensanche.

La capilla estaba terminada en 1949, pero no fue inaugurada hasta siete años después, cuando en septiembre de 1956 el propio Franco regresó al antiguo aeródromo de San Fernando para conmemorar sus dos décadas como jefe del Estado.

Pero para entonces, el barracón donde había sido nombrado había desaparecido ya. Así que, decidieron recrear una caseta para la visita de Franco ante las cámaras del No-Do, con un nuevo falso histórico, a los que tan aficionado era el régimen.

Aunque la presencia de esa caseta en el museo del Aire, es en sí misma cuestionable al tratarse como demuestran las investigaciones de una recreación falsa, dado que está acompañada de la inscripción conmemorativa, parece que el “monumento” pudiera estar afectado por la Ley de Memoria Histórica de 2007, que establece la retirada “de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”.

Sin embargo, el valor testimonial, tanto de los hechos ocurridos en Salamanca, como de la manipulación propagandística del régimen, indican lo apropiado de su conservación, siempre que se contextualice de manera adecuada, como por ejemplo en el Centro Documental de la Memoria, que se convertirá en el gran espacio de estudio sobre todo lo sucedido durante la Guerra Civil y la Dictadura.

Hasta ahora, el Ministerio no se ha planteado realizar el traslado de regreso del barracón para su conservación en el Centro de la Memoria, eso a pesar de que, en definitiva, se trata de la propia historia de Salamanca.

Autor

Virginia Seguín
Periodista licenciada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Máster en Comunicación en entornos digitales por la Universidad Camilo José Cela.

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