ALBA DE TORMES: Basílica de Santa Teresa

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Alba de Tormes - Basílica de Santa Teresa

A finales del siglo XIX resultaba evidente que Alba de Tormes no contaba con un templo amplio en el que acoger un volumen de peregrinos que, deseosos de visitar el lugar donde falleció Santa Teresa, aumentaba año tras año. La Basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes es un templo neogótico inacabado que se encuentra junto la parte trasera del Convento de la Anunciación de Madres Carmelitas, su construcción comenzó en el Siglo XIX. Fue concebida para albergar los restos de la Santa y acoger a los miles de peregrinos que acudían a visitarlos.

El principal impulsor de la construcción de este templo inacabado. el Padre Cámara, colocó la primera piedra el 9 de mayo de 1898, pero tras su muerte el apoyó a la construcción fue decreciendo, las obras continuaron entre 1904 a 1912 pero a un ritmo lento. Durante la I Guerra Mundial las obras se paralizaron. El obispo Francisco Frutos Valiente logró que se construyeran las capillas interiores y el obispo Francisco Barbado y Viejo encargó la finalización del proyecto a los Carmelitas, pero estos no pudieron cumplir con el encargo. En 1982 se reanudan los trabajos de construcción finalizando la segunda fase de las obras.

Del edificio hay que destacar las 8 capillas laterales. Del resto de sus partes tiene terminadas las tres naves, los ábsides poligonales, el presbiterio y ocho capillas laterales. Las nuevas obras están destinadas a terminar el tejado del ábside y la nave central.

El proyecto original era obra del arquitecto Enrique María Repullés y Vargas, pero en la actualidad, se realiza el de Ricardo Pérez Rodriguez-Navas.

Las obras siguieron un ritmo desigual hasta el año 1933 en el que, debido a los avatares de la Segunda República Española, quedaron interrumpidas a la altura del arranque de las bóvedas. La mayor parte de la construcción que hoy podemos ver corresponde a ese primer impulso constructivo.

En realidad se trató de un largo parón que duró hasta que la visita del papa Juan Pablo II en 1982 revitalizó la idea de que Alba de Tormes debía contar con un gran templo para acoger peregrinos. Con este ánimo, a finales del siglo XX y comienzos del XXI volvieron a estudiarse nuevos proyectos. Desde el primer momento se vio que, más de 100 años después del inicio de las obras, era imposible retomar el proyecto original tal cual. Lo que se hiciera debía tener en cuenta las nuevas circunstancias sociales y económicas. Precisamente son éstas las que llevaron a realizar, recientemente, un nuevo esfuerzo económico para acondicionar lo ya realizado, dotando la estructura de
una gran cubierta que hiciera posible, al menos, disponer de parte del espacio construido hasta entonces.

En la actualidad se realiza en su interior la programación de los Veranos Culturales. Las obras todavía no se han terminado, tras el verano se han reiniciado con el objetivo de convertir a Alba De Tormes en Centro Teresiano Mundial.

Sus dimensiones son: 100 metros de largo y 70 de ancho, ocupando una superficie de 3.100 metros cuadrados.

La visita del Papa Juan Pablo II

Pocas cosas hay tan recordadas en la historia reciente de Alba de Tormes como la visita realizada por el Papa Juan Pablo II, el 1 de noviembre de 1982. Juan Pablo II conocía muy bien las figuras de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz gracias tanto a su estrecha relación con la familia carmelitana como el hecho de haber dedicado su tesis doctoral al santo. Algo más circunstancial fue que su elección como Papa tuvo lugar al día siguiente de la fiesta de la Santa. En cualquier caso, es el pontífice que más intervenciones ha tenido sobre Santa Teresa.

Otro hecho circunstancial fue el retraso de su viaje a España como consecuencia del atentado sufrido en la plaza de San Pedro el 3 de junio de 1981. Finalmente, éste tendría lugar al término del IV centenario de la muerte de Santa Teresa, dedicando una jornada completa a la Santa con la visita, el mismo día, de la ciudad de Ávila y Alba de Tormes. Era la primera vez que un Papa gobernante en la Iglesia (Juan XXIII y Benedicto XV lo hicieron cuando todavía no habían asumido la tiara pontificia) visitaba Alba de Tormes con dos momentos solemnes a los que asistieron peregrinos de muchos lugares de España y Portugal.

El primero de los actos discurrió en una explanada junto al convento de San Leonardo. Después se trasladó a la iglesia de la Anunciación, donde visitó las reliquias de la Santa y recorrió las dependencias conventuales. Fue en ese momento cuando se produjo una de las anécdotas más comentadas del viaje: el fugaz extravío del Papa por el recinto conventual, aunque en realidad se tratara de que despistó a sus acompañantes para quedarse solo orando en la celda donde murió la Santa.