La Alberca, un paraíso a los pies de la provincia

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La Alberca - Sierra de Francia

Uno de los pueblos más bellos de la provincia salmantina es sin duda alguna La Alberca. El municipio es un paraíso rural que cada año atrae a miles de turistas que deciden dejarse por la riqueza del paisaje, la arquitectura y el entorno.

Como en cada región, la historia es la principal herramienta para comprender la magia que desprende. La extensa trayectoria histórica de La Alberca es simplemente un aliciente de lo que se puede llegar a respirar en este lugar.

Si realizamos un repaso en orden cronológico, debemos situar los orígenes de La Alberca en la prehistoria. Las pinturas rupestres neolíticas grabadas en los riscos de Lera y Las Batuecas, amarran las raíces de la región rural, haciendo de ella un paraíso prehistórico.

Durante los siglos XI y XII, es decir, en la Edad Media y por orden del rey Alfonso IX, se produjo la repoblación en el municipio. A través de Raimundo de Borgoña, grupos de franceses llegaron a estas tierras, de ahí nacen la numerosa presencia de los topónimos franceses en la Sierra de Francia.

El hallazgo de la Virgen de la Peña de Francia en 1434, supuso un gran hecho para La Alberca, ya que convirtió al posterior Santuario en honor a la misma, en un lugar de peregrinación al que se unen peregrinos del Camino de Santiago por la Calzada de la Plata.

Literatos como Miguel de Cervantes en el siglo XVI cita en El Quijote a la Virgen Negra y la Peña de Francia o Lope de Vega sitúa en Las Batuecas el escenario al que huyen los enamorados. Un paisaje mítico e histórico que en la actualidad en una de las regiones más bellas de nuestro país gracias a sus gentes, paisajes, historia y costumbres.

Tradiciones como la del Marrano de San Antón. El 13 de junio por la fiesta de San Antonio de Padua se suelta por las calles del pueblo un cerdo previamente bendecido y con una campana al cuello. El cerdo permanece suelto por el pueblo hasta el 17 de enero, festividad de San Antón cuando es sorteado.

En el transcurso de esos ocho meses, el cerdo vaga libremente por el pueblo y son los propios vecinos quienes lo alimentan y lo cobijan. Antiguamente el cerdo era cebado y posteriormente dado a la familia más pobre. Actualmente el animal es subastado y la recaudación es donado a ONGs u obras sociales.



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