Descansando

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juan carlos hernandez cadiz 1

Fue el lunes de la semana pasada la Sansi y parece que hubiera sido el año pasado… ¡Ah! Sí, que hemos pasado de año. Y en buena lógica diría que por fin, que ya se fue, pero como nunca se sabe lo que puede venir, pues que le den al 2022, pero cuidado con como venga este que `hasta el rabo todo es toro«.

Y ahora sí que ya llevo unos días en modo descanso o cuando os vaya contando a continuación no sé si para vosotros ese sería el calificativo pero os aseguro que así me siento, descansando.

Al día siguiente de correr la Sansi nos bajamos para Cádiz y el jueves me había inscrito para la San Silvestre ciudad de Cádiz que, y es una pena, de momento no tiene entidad como para tener nombre propio como sí le ocurre a la nuestra.

Y no lo tiene porque os parecerá mentira pero en una ciudad como Cádiz no se han cubierto las 1500 plazas que sacaron para la carrera y es que el Ayuntamiento no tiene muy buena relación con los dos clubs más importantes de la ciudad a cuenta de problemas internos con la Policía local a la hora de organizar el control de las pruebas. Con uno hay problemas para organizar la San Silvestre gaditana y con el otro, del que formo además parte, los tiene para organizar el triatlón Trihércules.

Conclusión, que no se han organizado ni una ni el otro este año pasado y ha sido el propio ayuntamiento el que ha sacado la San Silvestre ciudad de Cádiz a última hora.

Vamos, un lío y al final los que pagan el pato son los que ponen tiempo y dedicación en organizar las cosas y los deportistas. Así que el control de la San Silvestre corrió a cargo de Protección Civil y por ello el recorrido tuvo que ser más corto de lo normal para que no tuviera que ser la policía local la que lo hiciera.

El caso es que el jueves a las seis de la tarde corrí con mi compañero Wislow y además a buen ritmo. Él se vino arriba al principio y nada, a ese ritmo hasta el final aunque tengo la impresión que llegó pidiendo la hora y menos mal que la carrera fue más corta de lo esperado. A mi sí que se me hizo corta, ya estaba metido en `harina´ y con la velocidad de crucero puesta hubiera aguantado un buen rato más. Conclusión, que ha sido mi carrera más rápida desde antes de la pandemia. Descansando.

El martes por la noche fui a la piscina para coger de nuevo sensaciones en el agua porque tenía algo previsto para el sábado y hacía meses que no nadaba. 45 minutos de nado tranquilo, porque no estaba para otra cosa, y por lo menos, aunque paré un par de veces para recuperar la respiración, probé las gafas y que no se me ha olvidado nadar. Descansando.

Y por supuesto que no me iba a olvidar de la bici. El jueves una rutita de algo más de hora y media con la de carretera para soltar un poco las piernas y no dejar de lado las dos ruedas estos días, aunque si la lluvia me deja esta semana habrá más.

El sábado a las doce y media de la mañana me presenté en el lago de Arcos de la Frontera para participar en la quedada que había organizado el club de triatlón la Molinera de esa localidad. No éramos muchos, pero bien organizado y a nadar un ratito para despedir el año. La distancia `poca´, 500 metros delimitados por un par de boyas en un agua que estaba a unos 15 grados y medio, es decir que más caliente que en Alba en el triatlón de agosto, así que como en casa.

Al agua, unos segundos de aclimatación y a nadar. No había crono, salimos en grupo pero cada uno cuando quería y lo bueno de eso es que te evitabas los guantazos típicos de estas pruebas al llegar a las boyas, aunque a diez metros de acabar la prueba una chica se empeño en que atajaba hasta el pantalán pasándome por encima y así lo hizo, supongo que porque no se dio cuenta de que yo iba por el lado bueno. No pasa nada, me lo tomé muy bien, le hice alguna broma y además así me dio la sensación de estar en el nado de un triatlón. Al acabar nos dieron una medalla conmemorativa, un caldito calentito (para quien quiso había anís) y pudimos pegarnos una ducha calentita, aunque he de decir que solo tuve sensación de frío los 50 primeros metros, después nadé genial. Nos despedimos, les di las gracias por dejarme participar en el evento y seguimos de camino hacia Zahara de la Sierra donde íbamos a pasar unos días. Descansando.

Un par de días en la sierra con la familia de Ana para pasar el fin de año y sin miramientos con la comida (con la bebida sí que tuve cuidado porque ya me conozco y sé lo que me ocurre si me paso, resacón), pero el caso es que el lunes ya me pedía el cuerpo, os puedo asegurar que sí, ponerme las zapatillas y salir a correr.

Sí, otros se llevarán para el fin de año la chaqueta y la corbata o la pajarita tan de moda ahora (va a hacer 49 años que yo hice la comunión con una porque me empeñé y así lo contaba siempre mi madre), pero en mi caso no faltó la equipación para correr.

Así que a las ocho y media, con la `fresca´ y con suerte de que en ese momento no llovía, me metí casi 5 kilómetros para abajo y algo más de 5 cuesta arriba para completar una hora con un muy buen desnivel (cuando miré desde abajo me dio miedo) y con sensaciones que pensaba no iba a tener. Sí va a ser verdad que subo mejor que llaneo o bajo. Descansando.

Autor

Corredor, ciclista y nadador aficionado. Técnico de la Escuela de Atletismo de Alba de Tormes, impulsor del grupo de iniciación a la carrera promovido por el ayuntamiento de Alba de Tormes y monitor de gimnasia para mayores. Entrenador auxiliar de natación, socorrista acuático y monitor de gimnasia en el agua. Formación como monitor de socorros y emergencias por Cruz Roja. Miembro desde sus orígenes del club Alba Running, del Club Ciclista de Alba de Tormes y desde hace un año del Club Deportivo Cádiz Costa de la Luz.

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